
Esta interesante reflexión ha publicado la destacada académica de la Universidad de Bristol, Angela McFarlane, quien asegura que los videojuegos tienen un potencial pedagógica que no ha sido detectado por los profesores.
En efecto, esta destacada investigadora del uso pedagógico de las tecnologías, opina que “jugar bien los videojuegos en línea es realmente difícil, pero como los adultos no los juegan, no se dan cuenta”.
Como ejemplo de ello señala que en un juego on line llamado The Sims se requiere resolver problemas, trabajar colaborativamente y diseñar estrategias; todas ellas constituyen habilidades muy necesarias para desenvolverse en el siglo XXI.
McFarlane es enfática en señalar que las tecnologías están siendo sub utilizadas en las escuelas y cree que el problema radica en que no se sabe cómo usarlas. Asegura que la escuela debe ponerse a tono con los estudiantes del siglo XXI “haciendo suyo el entorno juvenil, tomando en serio el impacto de las tecnologías, asegurando así el logro de aprendizajes de calidad.”
No se queda solo en esta recomendación general, sino que en un área mucho más específica recomienda a los docentes “echar un vistazo a los juegos en línea y ver las habilidades que nuestros alumnos requieren en ellos, así como en el chat y con sus mp4″. Cree que solo de esa forma, apropiándonos de las habilidades de estos programas y vislumbrando su utilidad en el siglo XXI, se podrá ver a las tecnologías como aliadas en la enseñanza, lo que permitirá buscar, jerarquizar y contextualizar la información de las competencias claves para la época actual y cómo ellas se manifiestan en los juegos.
En efecto, muchas veces en nuestro sitio hemos dicho que requerimos con urgencia metodologías modernas, innovadoras y tecnológicas que permitan a nuestros estudiantes generar pensamiento propio, apropiarse del conocimiento, modificarlo desde una perspectiva personal y colaborativa, para convertirlo en un producto comunicable y compartible para la comunidad. McFarlane nos aporta ideas y estrategias concretas que debemos atrevernos a usar.
Entiendo que su apuesta apunta a un modelo pedagógico fuertemente basado en la producción de conocimiento por parte de los propios estudiantes, en ambiente altamente tecnologizados, participando en redes virtuales y con un sentido crítico y colaborativo que potencie la conversión de la información en conocimiento personal y éste, en información globalizada.
Por cierto que desde estas páginas estamos plenamente de acuerdo con la propuesta que, no obstante, consideramos muy difícil de implementar, por la enorme cantidad de paradigmas que hay que botar para hacerlo.
Finalmente, encontré en el excelente sitio web de la Organización de los Estados Iberoamericanos una interesante entrevista titulada “El Conocimiento escolar está cada día más irreal” donde insiste en la necesidad de cambiar los paradigmas pedagógicos.
Sencillamente imperdible.
prof. Benedicto González Vargas
Educación y Pedablogía para el siglo XXI
Otros artículos de Educación y Nuevas Tecnologías:
¿Durmiendo con el power point?
País Digital y Universidad de La Frontera entregan informe sobre tics
Escuelas virtuales ganan terreno en Estados Unidos
Estudiantes chilenos hacen trampas en exámenes con sus móviles, mp3 y mp4
Textos de estudio digitales: Corea del Sur toma la delantera
Aula del futuro, profesor del pasado.
Aula del futuro, profesor del pasado…Latinoamérica en la Prehistoria
Vandalismo y exhibicionismo tecnológico: un espejo de lo que no queremos ver.
Tiene derecho a guardar silencio o todo lo que suba a internet podrá ser usado en su contra
Ministra de Educación establece las bases de la “Escuela del Bicentenario”
Nuestro Wiki Diccionario de Literatura chilena
El Lenguaje chat: dejando de lado lo negativo
Superando la brecha digital en Educación: La experiencia chilena
Organización de los recursos educativos en la web 2.0
Nuevos Blogs de alumnos en el Colegio Alexander Fleming
Edublogs: un medio muy apropiado (en defensa de la Pedablogía)
Preguntas importantes sobre Educación y Tecnología
Alejandro Valero y hotpotatoes
Abusos tecnológicos en la escuela: el caso italiano
Nuevas Tecnologías en Educación
Uso de la Tecnología en ambientes escolares
Estándares de formación básica en Tecnología para los estudiantes
Indicadores de desempeño para alumnos secundarios
Indicadores de desempeño para cursos de 3o a 5o Básico
Indicadores de desempeño para cursos de 6o a 8o Básico
Indicadores de Desempeño en NTICS para preescolares y primer ciclo básico
Habilidades necesarias para la educación moderna con NTICS en el aula.
¿Y cuál es la labor de los profesores al trabajar con nuevas tecnologías en el aula?
Indicadores de Desempeño para docentes en las Nuevas Tecnologías aplicadas al aula
¿Y qué deben hacer los directivos de las ecuelas respecto de la Tecnología?
¿Y qué más deben hacer los directivos escolares en relación con el uso de la Tecnología?
Nuevos estándares ISTE para el uso de Tecnología con estudiantes
Un interesante artículo de Manuel Área
Niños y computadores en la adquisición de la lectoescritura
















Te pasaste Benedicto
Superinteresante el comentario y la hemorragia de información sobre temas de la educación. Espero tener tiempo para leer todo y ojalá los ágiles del MINEDUC hagan lo mismo y se pongan a la altura, investigando y aplicando los conocimientos para aprovechar la jornada escolar extendida, que hasta ahora me parece puro cuento, pues por los ruidos que escucho , provenientes de un colegio cerca de mi casa, los alumnos sólo están matando el tiempo, sin un mayor provecho.
Muchas gracias!
Atentamente
Juan Valenzuela
Estimado Juan
Agradezco tus amables palabras, aunque este caso me limité a mediatizar, desde mi perspectiva, información tomada de la red.
En cuanto a tu comentario, tienes razón, es efectivo que la Jornada Escolar Completa (JEC) no ha servido para los propósitos que se creó y, si revisamos bien lo que se dijo en su época, ello ha sido totalmente olvidado, por no decir traicionado.
Es parte de la larga de lista de actos fallidos de nuestro MINEDUC, que no consigue ponerse al día con el siglo XXI.
Gracias por tu comentario,
prof. Benedicto González Vargas