La Comunicación como puente entre Adultos y Adolescentes
En muchos textos, ya sea en revistas, artículos de periódicos, se plantea que la adolescencia es un período de la vida muy complicado, complicado para padres y para los mismos adolescentes, y que la comunicación entre ambos también lo es.
Quisiera comenzar este artículo remitiéndome al período en que el o la futuro(a) adolescente era niño(a).
La gran mayoría de los que son padres (me incluyo) piensan que en la niñez, entiéndase por esta período de la vida anterior a la pubertad, el niño debe ser formado, debe hacer lo que yo le digo por el solo hecho de que yo lo dije y además porque yo estimo que es lo mejor para él, y que muchos argumentos que avalen mi instrucción no son necesarios.
En este mismo período sucede que el niño debe y tiene que acompañar a sus padres a todos los lugares, sin más derecho a cuestionar tal situación.
Por otro lado, pasa también que los padres de este niño son la primera fuente de validación y aprobación para el desarrollo y fortalecimiento de su yo interno.
Pero en el sentido inverso, es decir, mirando a los padres en la dirección de sus hijos, sucede que los niños también (idealmente) son la máxima expresión de amor hacia los padres, pues entregan un amor incondicional sin pedir nada a cambio, son capaces de entregar mucho a cambio de gestos muy pequeños. Con esto quiero decir que los niños ocupan un espacio importante de la atención amorosa de sus padres.
La vida de los padres gira en torno a los hijos, sobre todo a esta edad.
Pero ocurre que las hormonas han comenzado a hacer su trabajo, ha comenzado la pubertad y ha llegado la adolescencia.
Esto implica que:
“ha llegado el período difícil”
“me tengo que poner firme con él/ella para que no se me desvande”
“tengo que empezar a cuidar sus amigos”
“me da miedo que empiece a pololear, porque puede sufrir”
“le tengo que empezar a hablar de sexo, que terrible”
“quiero saber todo lo que haga, para que no cometa errores”
TRATEMOS DE CONOCER NUESTRAS ESPALDAS
, SEAMOS VALIENTES
De nuestra experiencia como hijos hemos guardado imágenes íconos, tenemos recuerdos alegres y otros no tanto, rescatamos cosas positivas de nuestra crianza y otras no tanto.
En fin, nos presentamos ante la vida con un background que inevitablemente afectará nuestro “hacer” con nuestro hijo adolescente.
Me parece importante que cada padre o cuidador haga una pequeña reflexión de lo que trae en sus espaldas de adolescente, con el objetivo de:
- Identificar aquellas situaciones pasadas que le causan mucho dolor, de tal forma de ponerles un nombre, identificar la emoción que les provoca esta situación de su vida, para finalmente proyectar esta situación en su “actuar HOY” de manera tal de hacer consciente emociones difusas que generar ansiedad en su contacto con el adolescente.
- Identificar aquellos miedos que aparecen cuando se dan cuenta que su hijo va transformándose en un hombre o en una mujer, en términos de que necesariamente en algún minuto el adolescente va a sentir la necesidad de explorar otros dominios de realidad (los amigos, algún club deportivo fuera del colegio, etc.), haciendo el mismo ejercicio que en el punto anterior.
- Comprender que uno (papá o mamá) también fue adolescente, y rescatar que cada realidad es muy respetable en su contexto, pero que también es necesario respetar los argumentos, las emociones, los sentimientos, los intereses, de los adolescentes como futuros seres autónomos.
COMUNICACIÓN ENTRE ADULTOS Y ADOLESCENTES
Durante la niñez, el discurso padre e hijo, tenía relación con:
-
Las fascinaciones que no otorga la naturaleza;
- La organización de los hábitos domésticos (tv, comida, baño, juegos electrónicos)
Con la llegada de la pubertad, los ámbitos discursivos para el niño se amplían, digo que para el niño porque esta ampliación muchas veces no ocurre para los padres.
Como punto inicial para comunicarse con su hijo debe comprender y aceptar que está creciendo, está en desarrollo, que biológica y sicológicamente se está transformando en un hombre o en una mujer.
Al aceptar esto, vamos poco a poco validando su mundo interno, que por lo demás va en aumento creciente.
Si volvemos al inicio de este artículo, podemos comparar:
- Que el adolescente ya no se conforma con una instrucción, sino que ahora quiere argumentos, y no solo quiere argumentos sino que exige que estos sean bien elaborados.
- A la fuente de validación y aprobación inicial le debemos agregar la de sus pares, que muchas son tanto a más poderosas que la de sus padres.
- El adolescente va formando su espacio, su espacio de intimidad, va haciendo distinciones profundas de las cosas que quiere, es decir, ya no es el niño que va con sus padres a todas partes.
Dicho esto, y habiendo aceptado que el niño ya no es tan niño, sino que una persona en un proceso de transformación muy potente, es necesario comprender también que va a necesitar “su espacio”
El tema de cuánto espacio debe ser algo progresivo, pero debemos comprender que el niño quiera estar más tiempo solo en su pieza, se demore más tiempo del habitual en el baño, desee conversar con sus amigos a solas, es algo normal.
En este espacio debemos entregar reglas claras, razonables y restrictivas, de modo que el adolescente comprende cuál es su área de acción.
Ya emprendidos en este camino, los cuidadores o padres somos útiles acompañando al niño en su crecimiento, y acompañar significa:
a) Escuchar respecto de las experiencias que el adolescente quiera compartir pero no desde la lógica del juicio, sino desde la lógica del escuchar con la boca cerrada y validar su experiencia.
b) Comprender que el adolescente está en un proceso de aprendizaje en el que necesariamente se va a equivocar, y que cuando esto ocurra vamos a estar para acompañarlo. Y por cierto hacerle ver las consecuencias de sus actos, pero desde la lógica del aprender.
c) Comprender que el adolescente necesariamente va a tener experiencias de las cuales poco y nada los padres van a poder hacer. (evitar el sufrimiento de su primera ruptura amorosa, p.e.)
d) Comprender que para el adolescente se incorporan otras fuentes de valía personal, tales como sus pares.
En nuestra cultura actual, en nuestro actual andar por la vida, acelerado, presionado, exitista, desechable, en un mundo que exige respuestas para ayer, en un mundo que hoy nos entrega mensajes en donde el dolor y el sufrimiento no tienen espacio.
Este andar por la vida que nos exige que estemos “siempre conectados con la red (celular, notebook, ect)” pero desconectados con el ser humano que tenemos al frente, que muchas veces puede ser nuestro hijo.
Si a esto agregamos la forma de comunicarnos que estamos teniendo, estamos privilegiando mucho los códigos digitales, por sobre los códigos afectivos propios del contacto personal en la realidad.
La comunicación con Adolescentes nos exige estar atentos a escuchar cuándo ELLOS quieran comunicar, estar atentos a darles el espacio que ELLOS buscan. Me explico, un padre puede traer desde su background una forma de comunicarse que le ha funcionado toda la vida, y esta forma es la que él quiere aplicar con su hijo.
Mi invitación es a leer cuándo es mejor para el niño, a darse el tiempo de detenerse y observar cómo puede llegar a su hijo.
Finalmente quisiera decir que HOY la comunicación con nuestros adolescentes nos exige:
a) hacer una revisión de qué traemos en nuestras mochilas que nos puede servir de apoyo para HOY.
b) Comprender que el adolescente está cambiando y que muchas veces estos cambios van a generarle mucha angustia.
c) Aprender que las formulas aplicadas durante la niñez para comunicarse con él ya no sirven, sino que debemos diseñar estrategias nuevas incorporando al adolescente en su diseño.
d) Estar conectados HOY en tiempo presencial, no solo a través de medios electrónicos.
e) Acompañar, más que poner en evidencia los errores que puedan cometer los jóvenes.







que con el paso del tiempo los padres tienden a olvidar o desatender pues creen que ya el pre-adolecente no los necesita o por que se ha creado una brecha entre ellos, que sin buscar culpables una vez creada es muy dificil de reparar.
Se trata del contacto fisico, de la caricia diaria, del afecto demostrado en el acercamiento, el abrazo.
Como padres quizas podamos estar enfrascados en un mundo que nos presiona y obliga, pero, podemos tener un minuto al dia para ver la T.V al lado de nuestros hijos, abrazados a ellos, entrelazadas las manos, manteniendo el contacto fisico. Conozco el tema y lo practico a diario con mi hijo y les aseguro que da muy buenos resultados ya que lo que los niños buscan en sus pares es la confirmacion de ser apreciados y queridos por el grupo, cosa que habitualmente piensan que sus padres ya no hacen justamente porque se rompio esta estrecha relacion que llevaron por 10 o 12 años.