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La infame discriminación en contra de 2 millones de chilenos convivientes

En nuestra sociedad, en la que está prohibido el matrimonio civil entre homosexuales, en la que miles y miles de parejas heterosexuales se divorcian cada mes, en que más de 70 mil personas deciden empezar a convivir cada año y con dos millones de chilenos ya conviviendo , resulta impresentable que aún no tengamos en Chile una ley que regule las uniones de hecho, un modelo de vida de pareja que en la actualidad eligen 6 de cada 10 personas que deciden emparejarse cada año. En este sentido, la desidia demostrada por años por parte de nuestras autoridades y la histórica discriminación para-con los convivientes de parte de un sector minoritario pero poderoso de la población, es simplemente vergonzosa, impresentable e inexcusable.
 
A los chilenos nos gusta compartir la vida con una pareja, pero nunca hemos demostrado tanto interés en el matrimonio y quienes sí se casan, son cada vez más los que duran menos de 5 años casados : entre el 2005 y el 2009 ese segmento de separados aumentó en un 1.080 por ciento. 
 
En la actualidad, de cada 10 chilenos que deciden vivir en pareja, sólo cuatro se casan y en cambio seis eligen convivir. A su vez, nueve de cada 10 divorciados no se han vuelto a casar y siguen conviviendo con su actual pareja.
 
Estudios históricos sobre la familia y los mismos censos, como el de 1907, dan cuenta que Chile ha sido desde siempre "refractario"(sic) -o reacio- al matrimonio.
Es una verdad histórica e indesmentible, le guste o no a los representantes de la Iglesia Católica y a sus fieles más conservadores. Las convivencias, barraganías, mancebías , amancebamientos , concubinatos o como quiera usted llamar a la unión de hecho, han sido en nuestro país y desde mucho antes de la Independencia, tan comunes como las familias matrimoniales. Los antiguos empadronamientos de la población realizados entre 1813 y 1952, no contabilizaban separadamente a los casados de quienes formaban parte de una "unión ilegítima" (sic) o "convivencia". Claramente no se requiere ser genio para entender que se pretendía exhibir y aparentar ser un país devoto y fiel a las creencias católicas.
 
Y afirmo lo anterior, porque no encontré en ningun texto razón válida que explique tal decisión censal, aunque sí sabemos que en aquella época la convivencia con una mujer virgen o de vida recatada se consideraba socialmente como matrimonio. Por tanto unos y otros eran censados como "casados", así las autoridades instruyeron a los encuestadores que lo hicieran, lo que conlleva a que las cifras de casados aparecieran, durante más de un siglo y medio de nuestra historia, tremendamente abultadas y el matrimonio, como una institución muy sólida y fuerte. Una falsedad increíble.
 
Pero entre 1952 a 1990, el gradual fortalecimiento de las uniones de hecho se hizo demasiado notoria y evidente como para seguir ignorándola y camuflándola. Es más, desde 1990 en adelante, el incremento fue sencillamente explosivo, mientras que la población de casados, disminuyó en más de 80 mil entre el 2000 y 2009. 
En 1990, nuestra tasa de nupcialidad era de 8 puntos y las bodas sumaban más de 104 mil y desde entonces la tasa bajó a 4,4 el 2000 y para el 2004, se celebraban apenas 54 mil matrimonios anuales. Es decir, Chile retrocedía 50 años en la cantidad de enlaces nupciales celebrados cada año, pese a que la población había aumentado en más de 9 millones y medio de chilenos.
 
Para dejar más claro la falta de interés que se observa en los chilenos por el matrimonio, es preciso señalar que si Chile hubiese mantenido entre los censos de 1992 y 2002 el mismo porcentaje de incremento en los matrimonios que aquel registrado en el decenio anterior, el censo de 2002 hubiese arrojado un total de casi 6 millones 200 mil chilenos casados y no los 5.181.855 que efectivamente registró. La baja representó alrededor de un millón de casados menos ! 
 
Sólo a partir del 2004, con la legalización del divorcio y los divorciados vueltos a casar, se logra frenar la profunda crisis de los matrimonios. Pero los convivientes se multiplican por doquier. Entre 1960 y 2010, la cifra de convivientes subió de 148 mil a 2 millones ! ¿ Cuantos convivientes más hacen falta para que reaccionen las autoridades y de una vez por todas cumplan con sus promesas electorales ?
 
Ricardo Viteri Prado
Consultor en Turismo
 
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