Carlos Carvajal

Desde mi balcón (Refritos)

Las noches de Santiago tienen el embrujo de las luces titilantes a la distancia, como un desierto invadido de luciérnagas murmurando el lento paso de las horas y la inminente caída de la soledad sobre las almas perdidas. Santiago se reinventa cada noche como la belleza de una mujer, que es siempre más cautivadora dependiendo del ojo con que se mire. Se duerme con la sutileza de la desnudez que rebota como un claro de luna entre lo tormentoso de la oscuridad y deja siluetas al paso de los besos y el silencio. De noche es una ciudad atrapada dentro de otra ciudad que no detectamos al paso y la vorágine de los días. Sólo el ruido metálico de las voces nocturnas a la distancia se adivina entre los silencios con que envejece la madrugada y nos deja la memoria en aquella eterna vacilación de que ya hemos olvidado probablemente que nada nos cuesta más que vivir con nosotros mismos.

Mi vida es el embarazo eterno de las ilusiones frustradas y la insuficiente capacidad de evacuar el dolor y desalojar la angustia. Soy el consciente infinito de la muerte en vida, y me siento a su vez con más vida que todos los muertos sepultados en mi memoria. En el cementerio de mis recuerdos he cavado la tumba del corazón turbulento y su innata capacidad de amar. Tengo nombre y apellido con fonética disimulada, y sólo me llaman con la voz pálida con que me bautizaron los atardeceres de su ausente voz. Nada me queda tras nada haber tenido, sólo estos dedos enriquecidos con la arquitectura ajena y esta boca soberbia que se niega y se revela a no desatar el dolor.

Pero el amor tal vez entre toda esta coherencia disipada por la locura sutil y desmedida a veces, haya cuajado como una helada sobre los restos de un castigado y deshecho corazón…

¿Será que el tener todo lo que no quiero es la sentencia proporcional por no haber tenido lo único que en verdad he amado y que a estas alturas ya he perdido?

La cobardía nos cuesta lo que la mentira no alcanza a castigar... Por eso más me cuesta amarte y no tenerte que el que me ames y no debas.
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Pilar
dijo : .. y,  a veces, ni siquiera somos capaces de tenernos, de sabernos, de sentirnos.

Somos, tantas veces,  inconformistas, estúpidos inadaptados y no mediamos el valor de nada en esa loca ambición de quererlo todo.

Qué es el todo?

 

Un abrazo, Carlos Bender

 

Pilar

31/03/2008 a las 23:30
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