Lo que me arrebató Fidel Castro en Cuba
"Se acabarán las injusticias. Esta revolución es por los cubanos, para los cubanos, por una "Cuba Libre", se acabaron las injusticias pronunciaba un encendido Fidel Castro ese 2 de venero de 1959, luego de doblegar a las fuerzas oficialistas, tanto militar como moralmente". Los cubanos iban a ser todos iguales, se acabarían las desigualdades que amparó el gobierno de Batista.
Treinta y tres años después de ese episodio que rescato de la literatura, en el verano del 2002 me encuentro en La Habana. En esa oportunidad conocí a Maite, una morena de piernas fuertes, cabello azabache y unos labios que eran una bendición. De veras me hechizó. Yo estaba en La Habana, mezclando el trabajo con algo de vacaciones, dos meses en total. Maite era bellísima, pero esa es otra historia. Ella era una de las pocas ciudadanas cubanas que tenía el privilegio para acceder a los exclusivos barrios en los cuales se levantan lujosos hoteles y resorts para turistas extranjeros. Allí no falta nada. Uno podía conectarse sin drama a Internet si así lo requería. Es otra Cuba. Durante las tardes eran imperdibles mis largas caminatas que iban hacia la Habana Vieja, la de verdad, aquella donde vive el pueblo. En La Habana Vieja, la zona más antigua de la ciudad, las calles son estrechas y no del todo rectas. Es por esos alrededores donde comienzan a aparecer atemorizadores garfitis.
"Cubano, la revolución aún no termina, Fidel te defiende". Veo por ahí unos jóvenes cubanos que van apurando sus pasos hacia la otra esquina.
"El enemigo está al frente, no temas Fidel te defiende.
A modo de experimento, me acerco a una carrito que está abarrotando de gente, deseando comprar unas extrañas hierbas que no alcanzó a distinguir. En voz un poco alta digo"Fidel miente". Fue como si les hubiera disparado una flecha caliente. Después Maite me contaría la lógica de esa reacción. Con lo que me cuenta concluyo que Fidel, con el control total que ejerce sobre los medios de comunicación, ha instalado en el inconsciente colectivo que sólo él y nadie más que él puede defenderlos del enemigo, nadie más.Aunque el enemigo no exista o ande metido en otras latitudes. Esta versión caribeña del Gran Hermano orweliano, tiene mucho sentido. Una vez un cubano me confesó que ellos encuentran que el gobierno es malo, pero lo peor es que no esté Fidel, porque de lo contrario nadie podrá defenderlos.
Ya casi nadie se acuerda de las promesas de igualdad, eso de que los cubanos iban a ser todos iguales.
"Antes que seamos iguales debemos estar vivos, eso es lo primero", me decían.
La explicación es simple :dado que hay un enemigo hay que tener un ejército. Y los mandamases tienen acceso a privilegios impensados para el resto de la ciudadanía.
Fidel Castro se preocupó de la educación y pude constatar que es bastante mejor a la chilena. También la medicina es de buen nivel, pero todo esto no tiene sentido, si es que no va acompañada de una dosis de libertad. Por ejemplo tuve la oportunidad de conocer a Rosario, una excelente diseñadora gráfica que por esos tiempos habría hecho furor en Chile por su habilidad y destreza. Pero no puede buscar horizontes más allá de Cuba. Ese privilegio sólo está reservado a las elites políticos, para aquellos que están avanzando en la revolución, para que algún día sean todos iguales.
Esa estructura del miedo y del manejo del poder total es el que le está pasando la cuenta a Fidel Castro. Como suele ocurrir a todos los dictadores del mundo, Pinochet incluído, la esencia misma de su estructura, les impide contar con sucesores. Cuba es una dictadura, para algunos Fidel Castro puede ser lo mejor que le pudo haber pasado a ese bello país caribeño, posición que naturalmente no comparto. Sí creo que una mínima dosis de coherencia debiera apuntar a aceptar o rechazar todo tipo de dictaduras.
Un colega chilena, Marta Rojas,que regresó hace poco de la Habana y que conoció de cerca el drama del periodista Fariña, que estaba en huelga de hambre, pidiéndole a Fidel Castro que permitiera que los cubanos tuvieran libre acceso a Internet, uno de los Leit Motiv de esta tribuna, me pronostica que de morir Fidel Castro, se va a desatar una intensa y sangrienta lucha por acceder al poder.
Las mafias que han proliferado alrededor del lucrativo negocio de la prostitución van a ir por lo suyo. Van a prevalecer los más fuertes, aquellos que tienen lso mejores links con el ejército. Mientras tanto el pueblo seguirá esperando a que algún día van a ser todos iguales. Parodiando a Orwell en su bella epifanía de "La Granja de los Animales", los animales son todos iguales, sólo que hay algunos más iguales que otros".
Esa lánguida tarde de febrero del 2002, me despedí de Maite. Después de barajar todas las instancias para sacarla de Cuba y que se viniera conmigo a construir una nueva vida, nada podía hacer. Estaba en juego la seguridad de su familia. Mascando rabia e impotencia, salí de Cuba, desde el tórrido aeropuerto José Martí. Tal como había llegado. Desde ese instante tuve la certeza que jamás volvería a saber de ella.
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