
Recuerdo esa noche de agosto cuando supe la noticia. Hacía frío, pero nunca pensé que mi cuerpo fuera a congelarse al enterarme que mi padre había sido tomado por la policía.
Mi madre estaba en el piso, llorando, últimamente era su deporte favorito y el mío a cuestas era cuidar a mis hermanos.
Al decirle a mi hermano, pensé que podría sentirme más aliviada, pero no pasó y él desató su ira contra mí. Su mano derecha apretó sus dedos y se deslizó sobre mi ojo sin razón aparente.
Fui la que le contó lo sucedido pero no la culpable.
Mi hermana menor quedó inmóvil, inverosímil, sin poder decir palabra. La abracé fuertemente, luego de gritarle con furia a mi hermano.
Era verdad, mi padre había sido tomado preso. Estaba reflexionando, tratando de pensar el porqué y qué pasaría, cuando sonó el teléfono.
- Buenas noches, le habla Ramón Pueyrredón, Jefe de Policía de Montevideo.
¿Con quién hablo?.- preguntó.
- Ud. habla con Victoria Lissidini.
Mi primera lágrima cayó, como si la realidad se hubiera caído sobre mí.
- ¿Su padre es Victor Lissidini?
- Soy su hija mayor.- le contesté con la voz quebrada.
- Le informo Señorita, que su padre está detenido en la Comisaría Nro. 48 y en este momento se puede comunicar con su familia.
No fui capaz de seguir hablando, llamé a mi madre y le pasé el teléfono.
- Es papá.- apenas pude decirlo.
Mi madre tomó el teléfono y su sangre se enfrió, volvió a ser esa mujer fuerte y compuesta.
Corrí a ver a mis hermanos, les conté que papá estaba al teléfono y que quería hablar con nosotros.- supuse que era lo indicado para decir.
Mi madre me dijo que papá quería hablar conmigo. Me dio el teléfono y se inundió la pieza de lágrimas. No quiso llorar mientras que hablaba con él.
- Hola Papi
- Hola mi amor. Perdoname, yo nunca quise lastimarlos. Traté de hacer las cosas bien. Por favor perdoname, no quiero que pasen por esto.- Fue la primera vez en diecisiete años que escuché su llanto.
- Estoy orgullosa de vos papá.- Le dije, tratando de ocultar mi pena.
- Todo va a salir bien, sabemos que siempre hiciste lo correcto.- Sólo eso me limité a decir antes de estallar en lágrimas.
- Te quiero mucho, mucho hija.
- Yo también papi.
Le dí el teléfono a Nacho, mi hermano, que estaba desesperado por hablar con quién era su heroe. Creo que a los 14 años todavía vemos a nuestros padres así.
Nunca pensó en nuestra familia; luchó por acabar con la corrupción del país, como un cualquier Don Quijote, luchando contra molinos de viento que nunca podría destruir.
Me sentía orgullosa de mi padre pero dolida, muy dolida. La vida muchas veces es injusta. Pero... ¿tanto?
Bienvenida Vicky Colorina, a ATINA CHILE.
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