Un comercial de Mercedes Benz aparecido este fin de semana en la prensa volvió a recordarme el insensible y castrante concepto de CLASE SOCIAL en el que todavía nos movemos en Chile. La idea de la publicidad es simple: Si eres del montón, cómprate otro. El "montón" al que se refieren los amigos de la Mercedes (ojo, esta publicidad de mal gusto es de la empresa chilena responsable de la comercialización, no una campaña internacional) es todo aquel que no tiene como pagar los casi 20 millones de pesos que vale este auto y particularmente aquellos que, teniendo dichas sumas, optan por otro auto. La finura y la elegancia es un don, pero el ostentar aires de superioridad, poniendo al resto de la gente en una categoría residual es sólo una manifestación adicional de algo que huele a siglo XIX. Si queremos avanzar como nación, debemos pensarnos a nosotros mismos como pares, no como si fuésemos parte de un sistema de castas.
La persistencia de este clasismo en nuestra sociedad es una barrera para que las personas talentosas puedan surgir. Las naciones donde, por el contrario, el clasismo sólo queda relegado a grupos de las altas esferas del poder, permiten en la práctica una adecuada movilidad social, donde el emprendimiento y la innovación florecen.EEUU es el ejemplo más potente de una sociedad basada en el mérito, donde si bien existen familias "aristocráticas" y grupos de elite, la capacidad para surgir y re-inventarse (literalmente re-inventarse, por ejemplo cambiando de nombre, de oficio y de estado) ha permitido a esa nación levantarse como el mayor catalizador de los emprendedores que mueven la economía mundial.
En Chile, nos cuesta dejar de lado las patéticas preguntas de rigor: ¿Y tu que eres? (en que profesión te graduaste y de que universidad), o donde pasas tus vacaciones, que iglesias frecuentas, o donde estudiaste la educación básica y secundaria (algo que agobiaba a mi esposa la que al tratar de postular a trabajos on-line descubría, con terror, que su educación en una de las mejores universidades del continente no encajaba dentro de los parámetros de búsqueda). ¿Muy provincianos para el mundo global? Definitivamente: Perdemos competitividad al "filtrar" a los chilenos que podrían ocupar su talento pero que quedan relegados a segundas o terceras clases, por el sólo hecho de no haber nacido en el lugar correcto. Obviamente, además de ser económicamente absurdo, el mantener estas anclas del pasado, es socialmente retrogrado y moralmente reprochable.
Y ¿se puede vivir sin un concepto de clases? Al parecer si, y de hecho, no se acaba el mundo ni se destruye el orden natural. De hecho, hace algunos años descubrí que la idea de que las personas pueden clasificarse de manera monolítica en clases altas, medias o bajas, podría comenzar por acabarse en la medida en que el concepto de clases en si mismo se extermina del vocabulario. Por ejemplo, me impactó mucho conocer de primera mano las explicaciones de finlandeses e islandeses dando cuenta de la INEXISTENCIA de estos conceptos no sólo en sus sociedades sino que en su lenguaje. Como ya sebemos, al igual que toda forma de discriminación, el lenguaje puede crear o destruir los mitos que producen la exclusión (ver por ejemplo lo que tiene que decir al respecto el post-estructuralismo o la "queer theory"). Esas naciones no entendían que su propia gente era clasificable en ordenamientos jerárquicos predeterminados desde el nacimiento. Obviamente existen diferencias entre las personas, pero éstas no presuponen una jerarquización donde hay una suerte de condena de origen que se mantiene desde la cuna a la tumba. Las sociedades más igualitarias (como las mencionadas) son las más avanzadas del planeta en términos de desarrollo humano (expectativa de vida, igualdad de género, mortalidad infantil, ingreso, protección social, etc.), entre otras razones porque ellas le dan cabida a todos sus hijas e hijos.
Que el clasismo en Chile ya no es como antes? Quizás un poco menos, pero todavía esta notoriamente presente. Hay buenos augurios? Potencialmente. Es un hecho que la modernidad y el avance económico del país funcionan como un nivelador. Dicho avance se transforma en la páractica en una forma de demostrar que, permitiendo actuar a la famosa "igualdad de oportunidades", muchos han podido remontar y también, re-inventar sus vidas. Sin embargo, incluso en el medio de la creciente digitalización de nuestra vida cotidiana (en teoría el mejor de los niveladores sociales), la persistencia del clasismo chilensis es indiscutible y por tanto, deprimente. Tomen por ejemplo el reciente informe del PNUD sobre Desarrollo Humano, el que nos demostró como, frente a un ejercicio hipotético de escribirle correos electrónicos a los parlamentarios (los representantes del pueblo) éstos distinguían sus respuestas a dos supuestos ciudadanos cuyos apellidos recuerdan por un lado, el ciudadano común y corriente (González) y por otro, un ciudadano de la llamada "clase alta" (Errázuriz). Este último "no sólo se obtuvo un número mayor de respuestas, sino que el contenido de éstas fue más completo y personal que las entregadas a González; incluso algunos parlamentarios enviaron a nuestro ciudadano Errázuriz su número de teléfono celular personal y lo invitaron a tomar un café".(Informe PNUD, 2006, p.20)
¿Y por cuanto tiempo seguiremos atados a este atavismo, a esta forma castrante de dejar a la gran mayoría de la población postrada en una categoría inferior?
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Luis,
discriminación