Los "viejos intelectuales" y el pecado original de Internet y la globalización

Jean François Fogel explica en su post La larga cola por que Carlos Monsiváis se equivoca totalmente cuando teoriza sobre los efectos de la globalización e Internet sobre la lectura. Según Monsiváis la globalización e Internet, no podía ser de otro modo, degradan la lectura al fomentar el imperialismo cultural norteamericano representado por el fenómeno de los best-sellers y otras formas de ???literatura ínfima??? (autoayuda y similares).
La Revista de Libros del diario El Mercurio de Santiago de Chile publica las notas de una conferencia de Carlos Monsiváis sobre "La vida del libro en México". El autor mexicano hablaba en la Universidad de Brown (ubicada en el estado de Rhode Island). ??? Hay algo que me provoca en lo que dijo Monsiváis al responder a una auto-pregunta: ¿Cómo afecta la globalización a los procesos de lectura?
Su repuesta, según El Mercurio, incluyó lo siguiente: «Se perfeccionan, o si se quiere se vuelven casi inapelables, procesos que ya se advertían desde hace décadas. El primero: el avasallamiento de las industrias culturales de Norteamérica, que en materia de lectura imponen -proponer sería un verbo de enorme modestia- dos grandes zonas del consumo: los best sellers (a tal punto identificados con los viajes, que si uno está en su casa, de cualquier modo se abrocha el cinturón de seguridad) y la literatura de autoayuda o de expresión personal».
Fogel proporciona una explicación implacable e impecable basada en la teoría de la larga cola y una larga serie de datos estadísticos empíricos. Sus argumentos empiezan así:
Con todo respeto para el (merecido) premio Juan Rulfo 2006, Monsiváis se equivoca. La globalización y su herramienta electrónica, Internet, provoca todo lo contrario al auge de los best sellers en la maquinaria literaria de EE. UU. Detrás de la venta de unos libros de tremendo éxito, que tapan el paisaje literario, se produce una fragmentación amplia del consumo cultural. Globalización quiere decir: ahora, cada uno lo hace a su gusto.
Pero Fogel entra sólo de soslayo en otro nivel explicativo: Monsiváis se equivoca sobre todo por que al parecer, y en función de sus propias palabras, habla de Internet sin conocerlo realmente y habla de la globalización (que debe entender como sinónimo de capitalismo y cultura comercial norteamericana, por supuesto) desde una postura ideológica contraria que, parece, le impide un análisis mínimamente objetivo. Esta postura moral (religiosa?) es tan fuerte que, por supuesto, no es necesario acudir a la información que además puede cometer el desagradable error (pecado?) de contradecir una postura moral de orden muy superior:
Monsiváis, supongo, no lee libros de economía, cosa que hago a veces, como lo demuestra The Long tail (La cola larga) de Chris Anderson, que está en mi mesa. Anderson es el editor en jefe de la revista Wired y aquella cola larga es un libro dedicado a «la nueva economía de la cultura y del comercio». ¿Qué dice Anderson? Que la venta en línea permite salir de la doble tiranía del lugar donde está el consumidor y de la fama de los libros más vendidos. Una gran parte del negocio de Amazon (cinco mil millones de dólares por año) viene de muy pequeñas casas editoriales que nadie conoce. «No hay que despreciar la potencia de un millón de aficionados que tienen la llave para entrar en la fábrica» escribe Anderson.
Y Fogel sigue su post proporcionando datos concretos ??? (lástima que casi seguro que Monsiváis no lee blogs; las lecturas del futuro que difícilmente se convertirán en best sellers, entre otras razones por que no se venden).






