
Leo un viejo artículo de Enrique Dans que parafraseo sin pudor, aunque voy agregando experiencias y reflexiones propias que, en mi opinión, constituyen un texto nuevo. Aunque no quiero esconder que lo que motivó este artículo está ya publicado desde 2005:
La cada vez más difícil relación entre los colegios, los niños e internet.
En efecto, el cálculo respecto del fenómeno de la difusión de los blogs entre niños en edad escolar entre 12 y 17 años, en los Estados Unidos, presenta algunas estadísticas sorprendentes: el 88.3% de ellos tienen acceso a Internet y, de ellos, el 19% mantienen un blog y el 38% los leen habitualmente. El porcentaje es significativamente más elevado que el de adultos que mantienen un blog, que ronda el 7%, y viene a representar un total de cuatro millones de estudiantes con blog en los Estados Unidos.
Lamentablemente no hay cifras en Chile para poder contrastarlas, pero esta tendencia va en aumento en determinados aspectos de la vida escolar. ¿Qué ocurre, por ejemplo, cuando las dinámicas típicas de una clase (el popular, el impopular, el torpe, el guapo/a, el feo/a, etc.) se trasladan al mundo online? ¿Qué problemas nos han surgido ya cuando un alumno critica a su colegio o a un profesor, pero en lugar de hacerlo comentándoselo a sus amigos, lo hace en un blog que pueden potencialmente leer miles de personas? ¿O si publica material que podría considerarse poco adecuado? ¿Y si incita a la rebeldía ante actividades escolares, como ya ocurrió por cierto en la Revolución Pingüina de 2006? ¿o fomenta la violencia escolar y exhibicionismo tecnológico?
Evidentemente, todo esas cosas nos están ocurriendo ya, pero no porque la red, internet, la telaraña, la blogósfera o como queramos llamarle hayan traido esto como una plaga mosaica, sino porque estas actitudes representan, con pasmosa fidelidad, el traslado de actitudes que siempre han estado presentes en la vida cotidiana de nuestros niños y jóvenes, a un ámbito como la vida digital. Y, ciertamente, ni los colegios ni los docentes estábamos preparados.
Sin embargo, los posibles efectos e incidencias derivadas de esto son potencialmente muy peligrosas, porque en la mayoría de los casos, los niños llevan a cabo este tipo de actividades sin supervisión de ninún tipo y sin una idea clara de lo que están haciendo. Porque no han comprendido aún la diferencia entre los ámbitos público y privado y tampoco manejan las herramientas digitales más allá del mero uso práctico, ni siquiera sospechan los usos ético y crítico, tan necesarios de que ellos los comprendan.
En otras palabras, mientras su vida normal está sujeta, aunque sea a regañadientes, a unos principios básicos de educación impartidos por padres y profesores, en la vida digital (¿la second life?) estos principios habitualmente se inhiben por ignorancia o falta de relaciones contextuales, y es el propio niño el que debiera autorregularse (pero, ¿cómo hacerlo desde la oinconsciencia del fenómeno?).
Sobre estos usos indeseados, en Estados Unidos, por ejemplo, hubo un el estudiante de catorce años que fue expulsado por publicar una entrada en la que la cara de su profesora hacía un morphing con la de Adolf Hitler, mientras en otra foto aparecía con la cabeza decapitada y goteando sangre en la mano, en el texto que acompañaba las imágenes se invitaba a los lectores a contribuir con donaciones de $20 para contratar a un matón para asesinarla.
bastante conocido es el caso de la estudiante chilena, también de 14 años, que permitió que la grabaran con un teléfono practicándole sexo oral a un amigo para luego subir el video a youtube.
Este tipo de actitudes que, aunque parezcan bárbaras, pueden perfectamente ocurrir en el contexto de las vidas escolares de nuestros estudiantes, tal vez no en la escuela, que a veces es una suerte de burbuja de la realidad, pero sí en los lugares donde viven, pues las historias tortuosas son más comunes de lo que queremos enterarnos. Creo que este tipo de problemas, lejos de disminuir, van a aumentar, especialmente porque estamos haciendo para abordar el problema. No obstante, pese a ello, prefiero que mi hija de diez años vaya desarrollando el sentido de lo que es bueno o malo hacer en una página en Internet, a través de la exploración y publicación de cosas con sus intereses, porque incluso en mi caso, que soy un profesor de Lenguaje y Comunicación que hace hincapié precisamente en estos temas, y me encuentro -por ahora- en un terreno más o menos seguro, sé bien que ella deberá enfrentar problemas en su aproximación a la tecnología.
En el fondo, hablamos de una vida cotidiana regulada con más o menos éxito por padres y profesores, frente a una vida online que, por el momento, se regula sola, ante la dejación de responsabilidades de muchos padres y colegios.
La alternativa podría ser restringir (de hecho conozco no pocos colegas que les gustaría prohibirlo todo), pero desde mi punto de vista, nunca. Pero educar sí, hablar claramente de valores, de uso ético y crítico, de responsabilidad y hacerse cargo, de la diferencia entre lo público y lo privado y creo que si hacemos esto en forma coordinada, coherente y persistente, podremos ser optimistas respecto a desarrollar habilidades significativas para el siglo XXI en nuestros niños y jóvenes.
prof. Benedicto González Vargas
Educación y Pedablogía para el Siglo XXI



















Que buen post
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trabajador social
Estoy de acuerdo con lo que mencionas, acerca de en lavida online se reproducen muchas de las conductas en la vida offline. Luego, la manera en que se utiliza la Internet en educacion ,tiene mucho de los mismos tradicionales metodos de ensenanza aprendizaje,con sus virtudes y limitaciones. Me parece que es necesario educarnos para educar en la vida online, esto requiere explorar nuevos paradigmas y estrategias en la practica educativa, doble desafio,pues esto es para estudiantes y profesores. Me alegro encontrar tu post.
Te invito a que le desuna mirada a mi blog en Ingles, algo de estos desafios podras encontrar.
Luis
http://socialworkineducation.wordpress.com/
Estimado Luis
Agradezco tus amables palabras y, por cierto, visitaré tu página web prontamente. Me alegro que concidamos en esta mirada porque es necesaria hacer masa crítica sobre este tema.
Saludos
prof. Benedicto González Vargas