

(Aunque difiero con el atinador Mauricio Monsalve en algunos puntos, su atinada valoración de la "motivación" en el proceso de aprender, trajo a mi memoria algunos episodios de mi largo ejercicio profesional, entre otros, mi primer gran error profesional,
"Mi primera clase".
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En los primeros días de Abril del año 1966, un importante número de maestros se incorporó a la educación para realizar la política educacional de Frei Montalva, que ampliaba enormemente la cobertura educacional y extendía su obligatoriedad hasta el octavo año. Y Valentina Banfi era una de ellos. Desde luego, carecíamos completamente de implementación, sólo contábamos con nuestro entusiasmo....
El Centro Educacional de Viña funcionó en salas prestadas por cinco establecimientos:
Padres Franceses de Viña del Mar, Liceo de Niñas, una Escuela Vocacional que quedaba en
Los Castaños y las Escuelas de Hombres y Mujeres del Cerro de Santa Inés. Mi colega y amiga Gladys (...¿qué será de ella?) se quedaba varias noches sin dormir confeccionando ese rompecabezas horario en que debía conciliar las exigencias de los profesores, sus horarios y los tiempos de desplazamiento entre uno y otro local.
Yo esperaba con ansiedad el día de mi primera clase. Emocionada elegí el tema (tenía que ser algo muy significativo, de acuerdo a la solemnidad de la ocasión). Sí. Tenía que ser la
???Oración de la Maestra??? de Gabriela Mistral, que entregaría copiada a máquina a cada uno de mis alumnos y, como motivación, les haría contemplar una reproducción del Cristo de Velásquez a la que alude en su parte final el texto, como asimismo, les contaría la historia de Longino.
Me costó mucho ???además de un ojo de la cara- encontrar la reproducción de Velásquez. Por fin encontré una adecuada en un libro sobre el Barroco español, en una pequeña librería cerca de la Plaza Victoria. Y cuando el día por fin llegó me sentía completamente preparada.
En la reunión anterior había sido informada que el primer día debía concurrir a la Escuela de Hombres de Santa Inés (No recuerdo el número). Cuál no sería mi sorpresa al constatar que me habían designado como sala un ala del gimnasio que debía compartir con Laura,
la profesora de inglés que imperturbable hizo corear los pronombres personales a todo su curso.
No recuerdo bien cuál fue mi reacción. Seguramente, o conté chistes o las hice adherirse al coro del curso vecino...
Pronto comprendí que la motivación de los alumnos no debía obedecer mayoritariamente a los intereses del profesor (aunque no lo descarté nunca totalmente, pues, en lo que a controles de lectura concernía, me ayudaba mucho el hacer leer libros que a mí me habían gustado: parece que trasmitía mi entusiasmo). Pero obviamente, recurrí a muchos otros recursos, como por ejemplo el juego, las competencias, etc. ¡Cuántas veces tuve que comprar dulces para premios de competencias... ¿Cómo creen Uds . que mis alumnos aprendían sintaxis... ? Las competencias eran por columnas...
Pero, sin duda, la motivación más fuerte y duradera es aquélla que es intrínseca al alumno.Por eso soy ferviente partidaria del currículo flexible, es decir, que el alumno pueda elegir aquellas materias que realmente lo motivan, lo desafían.... y por qué no, también que el alumno pueda realizar dentro de la JEC actividades que realmente lo motiven ???como programar juegos- y obtener a través de ellos la evaluación exigida.
Todo lo que aprendí durante mi desempeño como profesora, no lo hice a través de cursos de capacitación... lo logré porque aprendí aprender ... porque los profesores somos los primeros que tenemos que superar este desafío.
Bonita y buenas experiencias