Desesperación, esperanza, fe, angustia, muchos practicantes de terapias alternativas se aprovechan de estas y otras emociones para prometer curas milagrosas para las cuales no poseen evidencia alguna y cobrarnos por ellas. Muchos se toman esto a la ligera, considerándolo una cuestión de fe o de elección, de hecho este ha sido uno de los errores más grandes de la comunidad científicamente educada: creer que las terapias alternativas son tonteritas inocuas. Yo creo que es una cuestión de información, de acceso al conocimiento (y esto no es exclusivo de las terapias alternativas, pasa en todo nivel de cosas) y que debería tomarse muy en serio.
Tomemos por ejemplo, el caso de la homeopatía. ¿Cuánta gente sabe de qué se trata exactamente?, ¿Cuántos han comprado remedios homeopáticos en alguna farmacia KNOP sin tener la más mínima idea de cómo se supone que funcionan? Muy pocos saben que la mayoría de los remedios homeopáticos están tan diluidos que son indistinguibles químicamente del agua o el alcohol puros. Aún menos saben que el concepto de la “memoria del agua” en el que los homeópatas basan sus argumentos fue refutado espectacularmente en los años 90´ en la revista científica Nature, y ha sido refutado varias veces desde entonces en distintas investigaciones. Además los remedios homeopáticos han sido probados incontables veces en estudios científicos y la evidencia es que no funcionan mejor que un placebo: la homeopatía es charlatanería, o en el mejor de los casos terapia de placebo, sin embargo es un negocio que mueve miles de millones de dólares al año en el mundo. Aunque se debe reconocer la homeopatía es más bien inocua pues la mayoría de los homeópatas son suficientemente cautos y responsables como para no tratar de curar enfermedades graves con homeopatía, este hecho no hace menos evidente la verdad del negocio homeopático: vender agua, alcohol y azúcar a precio de oro.
Aún así, hay gente que continúa depositando su fe en la homeopatía (y un montón de otras terapias) porque a ellos les funciona. Las razones de porqué las terapias alternativas son percibidas como que funcionan en muchas ocasiones son variadas, pueden ver un buen resumen en este artículo que publiqué hace poco. Una de las más interesantes es el sesgo de confirmación, que nos lleva a recordar aquellas oportunidades en que la terapia funcionó y olvidar aquellas en que no funcionó, esto se aplica tanto a pacientes como terapeutas y es la razón por la cual muchos terapeutas reportan efectos “maravillosos” y eficacias del 99%, simplemente porque ignoran todas las veces que han fallado, es como los que dicen que “siempre ganan” en las máquinas tragamonedas. Otras efectos sobre los que pueden leer en el artículo que cito incluyen el efecto placebo, la relación positiva con el terapeuta, la remisión temporal de enfermedades y la falacia post hoc. Esta última también es muy común y se refiere a que si algo sucede después de hacer algo, no significa que lo segundo fue consecuencia de lo primero: en otras palabras que el resfrío desapareció después de tomarse los globulitos de KNOP no significa que los globulitos fueron la causa de la desaparición de los síntomas.
Es cierto que hay un elemento en particular que es muy positivo en las terapias alternativas, que es la profundidad y cercanía de la relación terapeuta-paciente, algo de lo que podría aprender mucho la medicina alópata. Pero la medicina alópata no receta remedios que según la evidencia disponible no funcionan, y se si equivoca está abierta al escrutinio de la sociedad en general y de comunidad científica en particular. Además la ciencia médica se actualiza y progresa todo el tiempo buscando nuevas drogas y tratamientos que funcionen mejor y desechando aquellos que tienen poca efectividad o demasiados efectos secundarios.
Personalmente creo que una de las causas más profundas de la credulidad de la gente es el analfabetismo científico: la falta de conocimientos mínimos sobre ciencias básicas, a esto se suma la actitud defensiva hacia el mundo de la ciencia que muchas veces llega a ser odiosa. Voy a tomar como ejemplo el Biomagnetismo Médico, pues es una de las terapias que he estudiado más de cerca:
Hace un tiempo en Atina Chile publiqué un artículo refutando (a través de la presentación de evidencia detallada y debidamente referenciada) una serie de afirmaciones pseudocientíficas que los biomagnetistas hacen frecuentemente. Muchos lectores reaccionaron indignados a mi falta de tacto, en mi blog me llamaron desequilibrado físico y mental, y me recomendaron “informarme mejor”. Pocos se indignaron frente a la increíble cantidad de mentiras en que se basa el biomagnetismo. Creo que la razón es justamente la falta de educación básica en ciencias y en cómo pensar críticamente, muy pocos por ejemplo no entienden realmente qué es el pH y su relación con los microorganismos, menos aún saben cómo buscar información y cómo distinguir ciencia de pseudociencia, por lo tanto es muy fácil para un biomagnetista convencer a alguien de que cambiando el pH con unos imanes va a “eliminar virus, hongos, bacterias y parásitos”, aunque creo que la gran mayoría de los biomagnetistas tiene buenas intenciones y son víctimas de su propia ignorancia y/o delirio.
Todo esto es parte de un problema mucho más profundo: los medios, la literatura popular y el cine nos bombardean constantemente con información falsa o incompleta (lo que no es necesariamente malo si la gente estuviera mejor educada para distinguir entre fantasía y realidad). Esa información se enraíza fácilmente en nuestras mentes desde pequeños y ayuda grandemente a alimentar errores y leyendas urbanas. Quién no ha creído alguna vez que el agua del baño gira para el otro lado en el hemisferio norte cuando en realidad el efecto de Coriolis no funciona a ese nivel. Sin embargo ahí tenemos un episodio de los Simpsons perpetuando el mito. Ejemplos hay cientos: la cara de Marte no es una estructura alienígena es una montaña; el fantasma de la película 3 Niños y un Bebé es un mono de cartón; la muralla China no es visible desde la Luna; el lado oscuro de la Luna no está en oscuridad perpetua, solamente no es visible desde la Tierra; no existen partes específicas donde se detecten los sabores en la lengua; no usamos sólo un 10% de nuestro cerebro, lo usamos completo; las uñas y el pelo no siguen creciendo después de que una persona muere; tocar a una rana no causa verrugas; los Lemmings no se suicidan en masa; No descendemos de los monos (compartimos un ancestro común con ellos). La lista es larga, pregúntese lectores míos, cuántos de nosotros hemos alguna vez tomado esas leyendas como hechos probados.
De la misma manera la (in)cultura popular nos ha llevado a creer que la telepatía es fisiológicamente posible, que se puede adivinar el futuro, que los sahumerios curan enfermedades, que Uri Geller dobla cucharas con la mente, que el monstruo del lago Ness, el Yeti y Pie grande son reales, que los OVNIS no son Objetos Voladores no Identificados sino naves espaciales de seres que, ¡Oh coincidencia!, son igualitos a los descritos por HG Wells en el siglo XIX, que nos pueden hacer daño con el “mal de ojo”, que leer el horóscopo nos ayudará a tomar decisiones, que tomar 2 litros de agua al día es beneficioso (independiente de cuanto sudemos), que uno se puede “sanar a sí mismo” con sólo pensarlo, que el qi (chi) existe, que la homeopatía funciona, que el biomagnetismo es ciencia, que las serpientes hablan, que los muertos resucitan, que las pirámides fueron construidas por extraterrestres, etc.
Hay una tremenda lista de mitos sin fundamento que se han tomado como ciertos a lo largo de la historia, y todos nosotros creemos o hemos creído alguna vez en por lo menos unos cuantos, si no todos. El mundo de los terapeutas alternativos está plagado de estos mitos, la gran mayoría derivados de la Nueva Era (Oscura): ellos leen a Deepak Chopra y Brian Weiss, ven películas como What the bleep do we know? y The Secret, “toman mucha agua”, dicen ver auras a través de la fotografía Kirlian, culpan a los enfermos por su enfermedad basados en las enseñanzas del paranoico antisemita alemán Ryke Geerd Hamer, tienen de ídolo a Maharishi Maharesh, creen que los pensamientos afectan la estructura de los cristales de agua de acuerdo a las enseñanzas del charlatán japonés Masaru Emoto, etc. Es una larga sub-lista de mitos “místicos”, “esotéricos” u “holísticos” que usan para vender sus servicios.
Pero no sería nada que se remitieran a predicar sobre materias filosóficas y místicas, sobre las cuales no hay manera de estar seguro y después de todo corresponde a cada uno decidir si creer o no, autores como Deepak Chopra y películas cómo What the bleep do we know? han hecho pretensiosas y falsas conexiones entre la mecánica quántica desarrollando el concepto de que “creamos nuestra propia realidad” (misticismo quántico). No, no que percibimos la realidad de manera distinta y subjetiva, pero que literalmente creamos nuestra propia realidad, o sea si tenemos un tumor en el cerebro, por ejemplo, y pensamos con suficiente intensidad y fe que va a desaparecer, este desaparecería. Muy similar a la peligrosa filosofía del Dr Hamer, pero con un retoque quántico. De la misma manera los síquicos hablan de “energías” que nadie puede detectar y los biomagnetistas hablan de cambiar el pH y destruir micoorganismos con imanes, hecho que ningún científico ha comprobado. Es ahí donde el misticismo se transforma en pseudociencia, en engaño, en estafa. Porque las sanaciones de chakras, las lecturas de aura, el cupping, la acupuntura y las sesiones de biomagnetismo no son gratis, el mercado de las terapias alternativas mueve miles de millones de dólares al año en el mundo.
Aquí es donde los apologistas de la charlatanería salen con que la medicina basada en la evidencia (o alopática) hace lo mismo. Lucra con las emociones de la misma manera que las terapias alternativas, lo que por supuesto no es cierto, porque un médico decente no ofrece falsas esperanzas, no promete curas milagrosas y no le echa la culpa al pacinte por la enfermedad. Además, si un doctor hace mal una cirugía por ejemplo, y deja una tijera metida dentro de un paciente, se le puede denunciar legalmente por negligencia médica y en sistemas más justos y democráticos que el chileno sacarle millones de dólares por su error. ¿Pero qué pasa con los familiares de las personas quemadas vivas en un sahumerio que supuestamente curaría la diabetes? ¿O con el enfermo de cáncer que muere debido a que su terapeuta le recomendó dejar la quimioterapia? ¿O a la persona que se intoxicó con los residuos químicos en la preparación chanta de cartílago de tiburón?
Por su puesto, quedan indefensos, pero esto de a poco va cambiando, En Inglaterra, la semana pasada se anunció que se discutirá en el parlamento Inglés una ley (originada de una directiva de la Unión Europea) que permitirá exigir a síquicos, astrólogos y místicos de todo tipo que muestren pruebas de que sus servicios funcionan, como cualquier otro servicio comercial. Si la ley se aprueba marcará el comienzo del fin de la Nueva Era Oscura en Inglaterra y eventualmente en toda Europa. Al menos no podrán hacer afirmaciones de efectividad del x% o de estar “aprobados científicamente”. Tendrán que mostrarse como las religiones postmodernas que son para sobrevivir, por lo que no podrán cobrar por sus servicios si estos no funcionan (a no ser por supuesto que sigan el camino negro de la Cientología).
Pero en Chile estamos a años luz de tal desarrollo; capaz que hasta suframos una invasión de brujos europeos, buscando un país donde se trata a los brujos con mano de guagua. La televisión matinal está plagada de brujos, astrólogos y curanderos de todo tipo; reiki, acupuntura, biomagnetismo sintergética y otras pomadas se ofrecen en algunos hospitales públicos y son incluso practicadas por médicos, hasta los supuestos programas culturales como Enlaces le dan tribuna a las pomadas curalotodo. Y los aprovechadores de siempre creen que es bueno. Lo celebran y se llenan los bolsillos con la bonanza mística, lucrando con las emociones del ciudadano común.
Por lo menos hay unos pocos que pensamos distinto y aunque nos tachen de “cerrados de mente” no babeamos estúpidamente frente a los trucos de magia de los nuevos charlatanes.
"Quien no razona, es un fanático; quien no puede, es un tonto; quien no se atreve, es un esclavo."
- William Drummond



















¿en qué crees?
Vaya compendio de adjetivos que listas, y todos con documentación! Simplemente notable.
Más allá de decir que te faltaron las Flores de Bach, me pregunto: ¿en qué crees?
Las tradiciones
El ser humano es un con historia.
Dicha historia debe tener un inicio, razón por la cuál aparecen las religiones y otras charlatanerías como tu las llamas, pero lo cierto es que sin esas estupidas charlatanerías, no seríamos lo que somos: una sociedad.
Cada sociedad tiene su visión y forma de interpretar el mundo y los fenómenos que nos rodean.
En la antigüedad era todo atribuido a los dioses, atribuciones que cambiaron al surgir el método científico, ciertos descubirmientos y avances tecnológicos.
Sin embargo, y muy a pesar de algunos, la Ciencia no es capaz de explicar todo. Y esa brecha que existe entre lo religioso y lo científico es un vacío que cada cual interpreta a su gusto. (¿son opuestos acaso?)
Para algunos es la intervención divina, para otros los imánes que te pones en el cuerpo, el té de hierbas que te tomas o la charlatanería que quieras poner.
La medicina
Pero ojo!
La medicina tradicional occidental, es empírica. No entrega soluciones a los problemas, simplemente ataca los efectos basado en un conjunto de parámetros presentes (síntomas) y apoyado por un historial estadístico.
La medicina alternativa busca atacar la raíz de los problemas, no los efectos. Estos efectos son evidentemente erradicados una vez que el problema es solucionado con el objetivo de que no se presente otra vez.
En ambos casos hay personas que interpretan. Unos los efectos, otros la causa. Unos se apoyan en historiales estadísticos y otros en un historial "emocional".
En su esencia, ambos intentan hacer un bien, aunque es evidente que en ambas tendencias hay personas que solo están por el lucro.
Mientras uno está regulado, el otro no. Razón por la cuál es más fácil encontrar charlatanes en uno que en otro lado.
Mi aporte
No tengo religión, y tengo los estudios en ciencia que mencionas, pero eso no me da el derecho a atacar las creencias de los demás.
En mi opinión, cada cual es libre de hacer y creer en lo que le parezca conveniente. El único requisito es no dañar la integridad de los demás.
y repito la pregunta: ¿en qué crees?
Ignacio
Hola Ignacio,
En respuesta a tu pregunta, yo creo en la moral natural del ser humano, en el amor, en los amigos, en la capacidad de la mente humana y en muchas otras cosas, cosas que me han mostrado con evidencia que funcionan o que pueden funcionar. Creo en todo aquello que no necesita fe, aunque tengo mis dudas, las que no corresponde discutir en este tema.
El no criticar las creencias de los demás es lo que provoca situaciones como la de la Iglesia Católica dictando que tienen que hacer las mujeres con su sexualidad en Chile y los musulmanes decretando fatwas en contra de todo aquel que no piense como ellos. Cada uno tiene por supuesto derecho a creer en lo que quiera, pero no por eso esas creencias deben ser respetadas, mi respeto es a las personas, no a las ideas. No encuentro respetable creer en serpientes que hablan, en la memoria del agua, en el misticismo quántico o en el qi, lo encuentro infantil, peligroso y triste y estoy en mi derecho de decirlo.
¿Podrías darme ejemplos específicos de cómo las terapias alternativas atacan la causa de las enfermedades?, porque ese es otro mito urbano según lo que yo sé. Muchas de las terapias alternativas tienen su origen en prácticas milenarias que no fueron capaces de mantener la buena salud de nuestros antepasados, es cosa de revisar como ha aumentado la expectativa de vida a medida que ha avanzado la medicina moderna basada en la evidencia.
Y claro, dices que el único requisito no es dañar la integridad de los demás. ¿No es acaso dañar la integridad de los demás cuando se recomienda dejar tratamientos convencionales como la quimioterapia por tratamientos alternativos? ¿O cuando se difunden mitos urbanos?, ¿Quién regula eso?
Creo que otros requisitos debieran incluir que no usen terminología científica para referirse a sus terapias, pues estas no están aprobadas por la comunidad científica. ¿No me vas a decir por ejemplo que tú con tu supuesto conocimiento científico crees en la validez científica de la memoria homeopática del agua o en los mitos del biomagnetismo?
Que las terapias alternativas funcionan desde un punto de vista emocional y sicosomático, relajando al paciente, haciéndolo menos sensible al dolor y más optimista no lo discuto. Lo que me molesta es que los terapeutas y la mayoría de la gente creen que estas terapias funcionan más allá de estos efectos. Lo que no es cierto.
Saludos
seudo-ciencias y terapias
si quieres que te rebata con lo de la homeopatia y el biomagnetismo, lo siento, son una burrada (termino de atinadores aparentemente...) y estas en lo cierto cuando dices que son falsos.
el problema, más que las seudo-ciencias es la falta de escrupulos de aquellos que por tener un par de libros dicen ser profesionales de la ciencia X o Y. El problema es falta de regulación e inocencia de las personas.
Pero también es cierto que hay profesionales "calificados" que distan mucho de ser los profesionales que dicen ser.
En mi trabajo me encuentro con muchos "expertos", cuya unica experiencia es el libro que leyeron la semana pasada...
Creo que el tema da para mucho y no está dentro de los alcances de este sitio el poder cambiarlo.
Solo te pido que no mezclemos terapias alternativas, con seudo-ciencias o filosofias. Es comparar peras con motocicletas.
Saludos!
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De acuerdo, pero
Creo que las terapias alternativas tienen mucho que ver con la pseudociencia, pues varias de ellas se venden como ciencia, cuando son religión o filosofía, pero no ciencia. No veo la mezcla inadecuada que citas.
Y claro que está lleno de "expertos" chantas. Es cosa que nos acordemos del célebre arturito, o de los cientos de médicos negligentes, pero al menos frente a esos fraudes hay protección. Lo que no pasa con los fraudes alternativos. O crees que el Sernac se va a querellar contra la Knop si un medicamenteo homeopático no funciona?
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Muchos Saludos
Cristian