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Cada día se torna mas evidente la convicción de que entre los bolivianos se ha exacerbado el racismo a niveles peligrosos en el último tiempo. Con la insistente ???cantinela??? oficial, que ya hasta huele mal, se continua mirando el pasado ya extinto, al reclamar la deuda de 512 años de sometimiento de los pueblos originarios, o sea durante la Colonia y en el período republicano.
Aunque, si bien es cierto, se puede reconocer que con estas especulaciones populistas el presidente Evo Morales ha logrado una sensación de inclusión y de identificación de una parte del país que ha estado tradicionalmente marginada ???es decir al mundo indígena- mucho mas cierto es que Morales tiene que entender que el proceso de modernidad de Bolivia, y modernidad no en un sentido neoliberal, como su fundamentalismo lo entiende, sino modernidad en un sentido de transformación, y que necesariamente pasa por la descentralización y las autonomías.
En caso contrario, bajo cualquier ángulo que uno se sitúe para considerar esta cuestión, se llega al mismo resultado repudiable: el gobierno de la mayoría de las masas populares es implementado por una minoría privilegiada.
Esta minoría, creen los fundamentalistas de izquierda, se compondrá de indígenas, los más representativos. Si, con seguridad, de conocidos indigenistas, pero que, tan pronto se tornan gobernantes o representantes del pueblo, dejan de ser indígenas y se ponen a observar el mundo indígena, proletario desde arriba del Estado; no representan mas al pueblo, apenas a si mismos y sus pretensiones de gobernarlo.
Quien dude de esto no conoce la naturaleza humana.
K\'aras! ¡t\'aras!, !camba!, ¡colla!, ???somos mestizos??? o ???ellos son blancoides???, ???nosotros somos los originarios??? ???los de la media luna???. Dichas palabras o frases se escuchan con más frecuencia desde los micrófonos del poder o en las calles.
Son cada vez más los que advierten que esta situación podría derivar en una guerra civil o étnica. El ministro Patzi admite que hay una pelea de dos visiones para Bolivia, Es decir, ???la visión del mundo que es indígena y diversa y la visión de los herederos de los españoles???.
Analistas le piden al Ejecutivo que cambie su discurso por el de la paz.
Existe cada vez mas la convicción que las manifestaciones racistas son mucho más evidentes con el actual gobierno, un racismo radical, debido a su discurso marcado de revanchismo y celebraciones llenas de rebuscados simbolismos, que sumado a la gran ignorancia existente respecto a la riqueza a la diversidad cultural y de identidades que existe en el país, esta situación, si no es reconsiderada urgentemente, podrá llevar a complejos escenarios de enfrentamiento incluso étnico. Lo que está claro es que Evo Morales odia al blanco.
Ahora lo que se quiere es imponer la supremacía del indigenismo sobre los k\'aras, o sea sobre las poblaciones urbanas, a las que se las identifica como de blancos y blancoides, cuando, en realidad, en su gran mayoría, son mestizos, como producto de la mezcla de razas.
El actual alcalde de Potosí, René Joaquina, dijo que el odio genera odio y discriminación, añadiendo que ???ese racismo que se nota en los niveles de decisión política es peligroso, porque puede llevar a un enfrentamiento???.
Se está utilizando una consigna racista para intimidar y someter a la oposición con discursos que esperemos no conviertan la violencia verbal en física.
En el mundo, el racismo es visto como una afrenta a la dignidad humana básica y una violación de los derechos humanos. Según las Naciones Unidas ???que en 1963 aprobó una Declaración sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial???, ???toda doctrina de diferenciación o superioridad racial es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta. Añade que si las políticas gubernamentales están ???basadas en la superioridad o el odio racial, violan los derechos fundamentales???. Deja claro que ???la discriminación racial daña no sólo a quienes son objeto de ella, sino también a quienes la practican???.
El gobierno de Morales, sobre bases etnocentristas, centralistas y hegemónicas, proclaman que el sol o Dios Inti iluminará con luces de prosperidad a todos, pero particularmente a los aymaras, quechuas y cocaleros del subtrópico cochabambino que honran a esa divinidad y a su consorte: la Pachamama.
Lo grave es que esto sucede justo en una coyuntura de mercado internacional extraordinariamente favorable para las exportaciones bolivianas. Cuando Evo juraba su alto cargo ante los dioses andinos, en Tiwanaku, los precios del gas y demás hidrocarburos trepaban a cifras récord en el mundo. También aumentaba el valor de los minerales de exportación bolivianos y se mantenía la demanda externa de productos agropecuarios, textiles, artesanía y otros artículos cuya comercialización allende de las fronteras, constituye la clave de estabilidad laboral para cientos de miles de bolivianos.
En vez de aprovechar esta excepcional coyuntura actuando correspondientemente, el Gobierno, atrincherado mentalmente como estaba en los tiempos del Collasuyo, vertiente final de ese etnocentrismo con el cual aprieta el paso hacia la hegemonía política que anhela, dedicó todo su tiempo a la Asamblea Constituyente, en cuya estructuración cometió errores e infracciones equivalentes a la activación de una poderosa bomba de tiempo que fatalmente conduciría a una grave explosión social y política en el país.
La política ya desde hace mucho, no se puede fundamentar mas en doctrinas ni bases ideológicas del pasado, tampoco es magia ni mucho menos milagro de Dioses. La política es, simple y básicamente, economía, real y objetiva, muy por sobre los conceptos obsoletos de izquierda y derecha; algo que el Gobierno de Evo Morales, así como otros gobiernos populistas de la región, deben entender de una vez por todas.
Mi blog:
Pensando W.W.
Interesante tu análisis de la situación....