
Tras 4 días exactos de camino, desamarro su mochila del animal y se permitió un larga y calma aspiración de oxigeno envasado. La montaña se abrió majestuosa a su vista y su silencio tan sentido era solo roto por los aviones de turismo.
Reflexión sobre subir los interminables escalones a pie o hacerlo cómodamente en el teleférico de vidrio.
Pero no, ya lo habían reconocido y venían en su busca.
Observo que la comitiva vestía de colores y modas actuales, pocas túnicas en general. Se dejo llevar y su arribo fue anunciado por medio de un celular. Allegar recibió las instrucciones pertinentes a su futuro comportamiento y se sorprendió ante –los ahora- tan simples procedimientos protocolares.
Se reconocieron en el acto y la bienvenida fue divertida. El con una venia eterna que solo se desvaneció ante el abrazo de su anfitrión.
Su casa era la misma, solo pequeños objetos la diferenciaban. Al fondo podía observarse un computador, un revistero con revista extranjeras, y una foto familiar (supongo) en que compartían y cantaban alrededor de una mesa servida.
También se observaban los diferentes premios y artículos que recordaban su marcha por el mundo encima de su escritorio de magnificencia europea.
Breve charla nostálgica interrumpida solo por la visita de su sobrino – a quien conocí de niño una vez- ahora convertido en un largo, alegre y melenudo joven casado con una elegante y hermosa muchacha noruega que quería ver si aun lo recordaba.
Durante la cena y después de repasar anécdotas miles, me confidencio que a pesar que el atuendo era el mismo con que yo lo recordaba de antaño, eso solo se debía a la visita que esperaba de los vecinos gobernantes opositores que venían a negociar. Que en la actualidad tenia innumerables vestimentas que usaba de acuerdo a su voluntad y gusto. Indagué por el contrasentido ante tan radiante alegría por tan nefasta visita.
“Solo con ellos –dijo- valorizo y tomo conciencia de mi real sentir, de mis antiguas costumbres y sabidurías. A pesar de nuestras diferencias, su cultura, rasgos y respeto ancestrales son más comunes a mí, que todo lo que pueda unirme a mis nuevos amigos que con tanto esfuerzo y sacrificio me han liberado del yugo opresor enseñándonos el bienestar de sus libertades, derechos y respetos”
Cuando finalmente sus obligaciones lo llamaron, nuestra despedida fue ingrata. Ambos leíamos nuestro desencanto y tristeza en los ojos del otro.
Saludos y suerte
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