
La rabia urbana como un mal contagioso es tema recurrente en los mass media, por su manifestación tan extendida en la vida diaria. El punto en común es, como una patología individual se vuelve colectiva, al trasmitirse por los roces sociales, más bien, contactos forzados. Si fuera por explicarla desde la física de partículas que chocan, esta parecería describir que la ira colectiva, se desata, no como expresión de un malestar urbano, sino por el fluir de un extraño virus social. Como lo tenemos incubado, explota, cuando menos lo esperamos. Y al ser una plaga difusa, inunda solapadamente las atmósferas citadinas, sin que nada nos ponga a salvo. Hasta ahí la metáfora. Conclusión: Nadie sabe donde comienza la ira colectiva, pues subyace dentro de uno.
El escritor Chuck Palahniouk que se destacó con la novela “El Club de
“No tenemos que pedirle permiso a nadie” señala un dirigente juvenil para justificar los días de furia que se desatan en las calles o “Todo es un juego”, minimizando las humillaciones violentas a los mechones penquistas, increpa otro. Curioso es que estos actos bárbaros, copiones del modelo violentista del año anterior, ahora son magnificados. La cosa es expresar la ira, sacar la rabia para afuera.
Por cierto, esta ciudad rabiosa, si se puede llamar así, a este rasgo compulsivo tan generalizado, es solo parte del fenómeno urbano, que contiene en todas sus bajas pasiones, una porción de este virus. Que tomen por asalto una plaza o una calle se vuelva campo de batalla, por hordas convertidas en masas vociferantes, ya no asusta tanto, porque lo vemos como parte de una ritualidad social aceptada, aunque sea de mala gana. La cosa es no ser alcanzado, por esta ira desatada.
Historicamente, Concepción podría catalogarse como ciudad radical, considerando su vocación contestataria y revolucionaria, con masas en las calles, tomándose sus espacios. Pareciendo marcarla como entidad social, el espíritu de choque y presión de fuerzas percibida en tanta manifestación, ha sido casi su karma, trasmitido por generaciones. Recordemos que aquí nació el MIR y sus derivados.
No deja dudas que estamos ante un territorio duro, de conflictos permanentes, que no se dan tregua. Sin embargo, una reacción emocional, no es un rasgo de carácter, menos si es pasajero. Pero, si es un cuadro crónico, lo encasillaremos como tal. Una ciudad, con un pulso colectivo de malestar urbano generalizado y persistente, puede presagiar rabia desbocada, aunque la exprese el 1% de su población. Vale decirlo, la rabia retumba, es explosiva. Estalla como una bomba.
Este sentido radical, pareciera arrastrar un modo de vida marcado por la dureza de su imagen ciudad. Sin duda, que la rabia contenida, que acumula sinsabores, impide verla como un lugar para paladear la vida, y encontrar lo dionisíaco, el brillo y el goce del encuentro acogedor. Más bien, censura la alegría, veta la belleza. Lo importante es evitar contagiarse.
Gino Schiappacasse







... pero a mi este tipo de post me dan rabia.
Y el MIR que tiene que ver?, además de agradecerles.
Por cierto, esta ciudad rabiosa, si se puede llamar así, a este rasgo compulsivo tan generalizado, es solo parte del fenómeno urbano, que contiene en todas sus bajas pasiones, una porción de este virus
Historicamente, Concepción podría catalogarse como ciudad radical, considerando su vocación contestataria y revolucionaria, con masas en las calles, tomándose sus espacios.
Muchas gracias gino........
en mis próximas vacaciones tendré sumo cuidado si tengo que pasar cerca de esa ciudad....
o tendré que tener el mismo cuidado con toda la región???
por si acaso me saltaré..... esa región rabiosa........
no tenía conocimiento de tanta rabia acumulada por esas tierras.....................................................................
si tienen rabia y muerden -- antídoto 21 jeringazos mejor paso.....