Por Basthián C. ¿Qué diferencia a un traidor de un converso? fácil, el primero es uno de los nuestros que se pasa al otro bando, mientras que el segundo es uno de ellos que se viene con nosotros. El traidor nos deja botados, mientras que el otro se convierte a la fe verdadera. ¿Y en qué se diferencia un parlamentario independiente de uno tránsfuga? El primero llega a su cargo elegido como tal, mientras que el segundo es elegido representando a unos y luego se pasa al bando de los otros, generalmente por ambición, aunque no exclusivamente. Aquí opera la misma lógica, si es de nuestro lado y nos abandona, es un mísero traidor, mientras que si es de ellos y se vuelve de los nuestros, se trata de un iluminado que se ha convertido a la fe verdadera. Como todos los ritos, la liturgia del cambio de bando tiene un complejo ceremonial, cuyo objetivo es convencer a los testigos de que la vuelta de chaqueta es una conversión y no una traición. Por alguna inexplicable razón, la traición es mal vista, mientras que la conversión es al menos merecedora de respeto. Esta discriminación es claramente injusta, tomando en cuenta que la traición es un recurso tan antiguo como el ser humano y ahí están Judas, Bruto y varios honorables para recordárnoslo. Es importante notar que un traidor puede pasar a ser considerado un converso cumpliendo un solo requisito: ganar. Inevitablemente, el que se cambia al bando de los perdedores es un traidor, mientras que el que abraza la causa de los vencedores se libra de ese incómodo adjetivo y pasa a ser un importante aliado. Una vez aclarados estos sencillos principios, todo el quilombo que se armó en el honorable Congreso Nacional para acusar constitucionalmente a la ex ministra de Educación, resulta más fácil de entender. Básicamente como siempre en política se trata de un conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. O un manejo de los intereses públicos en provecho privado. En honor a la verdad, esa genial definición no es mía, sino de un tal Ambrose Bierce (quiero dejarlo en claro, no sea que después me confundan con un senador que copia y pega sin citar las fuentes). Para mayor abundamiento hay que recordar que todo esto está protagonizado por políticos. Del mismo escritor: “Político: anguila en el barro primigenio sobre el que se establece la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio”. En la base de este patético episodio no hay que buscar los fundamentos jurídicos que justifiquen o no la acusación constitucional. De hecho a nadie parece importarle que la plata no fuera robada. Después de todo, es difícil robarse 262 mil millones de pesos. Tampoco es relevante que Hasta ahí todo bien y salvo por las altas investiduras involucradas, en este escándalo casi no tiene diferencias con una disputa siciliana, de jardín infantil o de dos vecinas copuchentas que se pelean por un perro. Lo que cambia el escenario es el poder y la capacidad de negociación y chantaje. Es por eso que los independientes-tránsfugas-conversos-traidores (elija usted el que más le guste) votaron en bloque en contra de la ex ministra y aliados con sus ex enemigos, dejando botados a sus ex amiguis. Y es por eso que En el fondo de la cuestión lo que hay es la posibilidad de ganar poder y la capacidad de un pequeño grupo de convertirse en imprescindible para que un bando gane, lo que a su vez aumenta el poder de esa minoría. Una vez más, no se trata de satanizar a nadie. Convengamos en que cualquier integrante de una junta de vecinos estaría dispuesto a hacer lo mismo, aunque después lo tilden de bastardo. Lo realmente entretenido es la serie de maniobras que se vieron hasta que el honorable Senado dio su decisión. Porque, en rigor, en el Senado hay sólo un independiente. Uno que fue elegido en la región más austral de este país, la más lejana y por tanto, la más olvidada por el bolsillo del Estado. Los otros que no pertenecen a las dos grandes coaliciones son tránsfugas-conversos-traidores (de nuevo, elija usted) y su decisión estará motivada por la ventaja que puedan obtener. Y como en la clase dirigente de este país la austeridad es una norma, no es raro que muchos honorables usen chaquetas reversibles. http://www.fotolog.com/basthian_temuco







Bastián:
Es importante notar que un traidor puede pasar a ser considerado un converso cumpliendo un solo requisito: ganar. Inevitablemente, el que se cambia al bando de los perdedores es un traidor, mientras que el que abraza la causa de los vencedores se libra de ese incómodo adjetivo y pasa a ser un importante aliado.
Jorge Soria, nuestro cuarentenario alcalde titular, se fue por la libre como candidato a Senador, y perdió, transformándose, automáticamente en un traidor c... de su m...
Postuló a Alcalde, ganó, y pasó a ser un líder natural incomprendido por las cúpulas santiaguinas...