La poesía nos llamó desde el campo...
Desde diversos puntos cardinales nos apuramos para llegar hasta la micro que salía a las 6 de la tarde. El universo se confabuló una vez más. Tal vez la ley de la atracción que está tomando forma, permitió que el tiempo fuera holgado en ese instante necesario, para poder estar todos a tiempo para el viaje.
En la micro rural, llena de escolares que a esa hora regresaban de clases a sus hogares, fue complicado llegar hasta el último asiento en el que nos esperaban otros miembros del “Pablo”, con guitarra incluida y folletos de poesía preparados como cada año, para entregar a quienes asistieran al Recital de Poesía y Música.
Esta vez nuestra cita era en pleno campo colchaguino: la Escuela “Ana María de Rivadeneira” de la localidad de Talcarehue, ubicada a unos 15 minutos de San Fernando hacia la cordillera. De esas escuelas antiguas, ésta data desde hace unos 100 años. Talcarehue es uno de los sectores en los que vivía hace muchísimos años la tribu de los chiquillanes, y la información documental que existe, se refiere a “indios que viven en la cordillera, de raíces y de caza”.
Cuando llegamos, la escuela parecía desierta. Con cara de interrogación comenzamos a abrir cada puerta. En una sala varios niños se vestían de ángeles. No entendíamos nada. En otra, las mesas puestas en U, con mamás y sus hijos, alumnos de la Escuela, tomando tecito y comiendo un trozo de queque por acá, unas sopaipillas secas o pasadas por allá, galletas, papas fritas, bebidas, y esparcido en el aire, el aroma delicioso a vino navegado, calentito, especial para la tarde fría que enfrentábamos.
Entre las profesoras de la Escuela de Talcarehue, se encontraba Paulina Cuevas Astorga, también miembro del “Pablo”, acompañadas de 3 carabineros del sector, que habían ido a entregar una charla acerca de diversos tipos de Prevención, ella nos presentó al grupo asistente.
Celebraban el día de la Madre, en una tarde tranquila. Un grupo de pequeños entregó una pequeña obra de teatro. Ellos eran los ángeles que debían ir a la tierra a encontrarse con alguien muy especial. Ese ser especial podría tener cualquier nombre, pero ellos le llamarían “Mamá”.
Nuestras presentaciones generalmente son con adultos, esta vez los niños eran un gran número. Por lo tanto, había que partir con algo entretenido como: “Estaba la rana sentada cantando debajo del agua… cuando la rana se puso a cantar, vino la mosca y la hizo callar…”, seguida por la lectura de poemas del poemario 2008, que en esta oportunidad recuerda a Violeta Parra, su creación literaria, y también a los Poetas del Mundo, con quienes trabajaremos un proyecto en conjunto que estamos preparando para fin de año.
Luego, el poema musicalizado de Pablo Neruda “Maestranza de Noche”, interpretado por nuestro presidente, nos sumergió en una noche de locomotoras y metales:
por cada poro un grito de desconsolación.
Las cenizas ardidas sobre la tierra triste,
los caldos en que el bronce derritió su dolor.
Aves de qué lejano país desventurado
graznaron en la noche dolorosa y sin fin?
Y el grito se me crispa como un nervio enroscado
o como la cuerda rota de un violín.
Cada máquina tiene una pupila abierta
para mirarme a mí.
En las paredes cuelgan las interrogaciones,
florece en las bigornias el alma de los bronces
y hay un temblor de pasos en los cuartos desiertos.
Y entre la noche negra -desesperadas- corren
y sollozan las almas de los obreros muertos.
En el intermedio, invitamos a participar a las madres y profesoras que se encontraban en la sala, y fue increíble la cantidad de personas que salieron al frente a leer algún poema elegido del poemario.
A veces podemos pensar que en los sitios un poco alejados de la ciudad, en los sectores rurales, la vida es monótona, sin embargo la escuela siempre es el centro de reuniones de la comunidad.
Ahí se celebran fechas especiales, los niños que viven más alejados y que no tienen amigos cerca de sus casas, tiene la oportunidad de sociabilizar con sus pares en un lugar protegido, y en el que día a día pueden recibir el cariño y la enseñanza de sus profesores, de las materias principales que los prepararán adecuadamente para el futuro.
No podía estar ausente entre la lectura de una y otra poesía, la musicalización de “La Pajita” uno de los poemas preferidos de Gabriela Mistral:
Ésta que era una niña de cera;
pero no era una niña de cera,
era una gavilla parada en la era.
Pero no era una gavilla
sino la flor tiesa de la maravilla.
Tampoco era la flor sino que era
un rayito de sol pegado a la vidriera.
No era un rayito de sol siquiera:
una pajita dentro de mis ojitos era.
¡Alléguense a mirar cómo he perdido entera,
en este lagrimón, mi fiesta verdadera!
Siempre en los recitales presentados en las escuelas, los niños se lucen leyendo los poemas, en esta ocasión, el alumno de 5º año Básico Bryan Catalán, que vive en Bajo Bravo, un lugar aledaño, nos entregó con una lectura perfecta, dos poemas que fue un placer para todos oír.
El silencio del campo y la noche fría, nos esperaban afuera al término de esta reunión, en la que el Centro de Extensión Cultural Pablo Neruda de San Fernando llevó la poesía y la música a la celebración del día de las madres en la Escuela de Talcarehue.
Mientras esperábamos en el camino la micro en que regresaríamos hasta San Fernando, el frío no nos importaba, estábamos sonriendo y recordando los momentos alegres y entretenidos recién vividos, en una tarde en que los niños, nos habían llenado el alma de un calor que nunca acabaría.
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Jeniffer Argomedo Hodgkinson
Centro de Extensión Cultural Pablo Neruda San Fernando
"Los grandes cambios empiezan desde las pequeñas cosas"






