Por Basthián C.
Somos un pueblo histórico y nos gusta. Cierto es que novelamos menos mal de lo que se dice en los círculos de la crítica hermética, y no va siendo menos verdad que jugamos con las palabras con cierta gracia natural. Esta característica asoma cuando ganamos en el fútbol o se aproxima un día de celebración, conmemoración o recuerdo. Elija el término apropiado según su empatía, no hay acuerdo posible entre nosotros.
Otra manera de ser chileno es vibrar y temblar cuando de emociones se trata. Entonces decimos lo que sentimos en un español rimbombante y facundo. Un fetichismo retórico recorre nuestra sangre y nos azotan vientos expresionistas, arquitecturas espontáneas del decir y en alas de una vocación poética delirante nos convertimos en hijos de Góngora, hablando del lenguaje en una burla incomprensible. No tengo explicación de por qué nos ocurre tal entusiasmo enajenado, pero no decimos las cosas por su nombre y muchos creen alhajar la lengua utilizando las palabras más feas que ofrece el español.
Keyserling se fue de Chile diciendo que amábamos lo feo. Cuando leo palabras como "nosocomio", términos tales como "flujo vehicular" y otros primores periodísticos, pienso que el conde tenía algo de razón. Ayer no más un carabinero explicó por televisión que "el accidente ocurrió cuando el occiso se puso de pie junto a la quebrada y cayó".
Se veía contento. Le corría el sudor por el rostro, se le notaba el esfuerzo al amigo en mi camino. Entenderle, bueno, no exageremos, pero comprendí que no quería decir lo que había dicho porque de haberse puesto de pie el muerto, hablaríamos de resurrección. Decía lo contrario y todos entendimos. Es hábito chileno del Manual de Carreño arreglar en la cabeza los dichos del prójimo.
Por ello creo que el estrés de la población no sólo es culpa de la movilización colectiva, la hepatitis, los asaltos, el precio de la bencina y otros inconvenientes. Mucho se debe a la traducción sistemática a que nos obliga nuestra habla imperfecta. El chileno engulle términos que luego lanza muy suelto de cuerpo. Esto, por cierto, proviene de la no lectura y de una sorprendente capacidad de choro y para repetir sin comprender lo que le suena bien.
Además de poseer una memoria extraordinaria, el chileno adivina el lenguaje. La arma a su manera. Multitudes "dentran", encienden la "chimenea", "embriagan" con el embrague, que con el vino no me meto, se ponen "la chaleca", "destornudan" y una mujer casi me mata al contarme que en su población todos andaban mal por el asunto del suicidio, "todos andan detrás del suicidio para conseguir la casa propia", me explicó. Una niñita, en el hospital, al ver a la enfermera jeringa en mano: "¿Me van a hacer un examen de harina?"
Así las cosas, leo a José Joaquín Vallejo y casi lo escucho como si estuviera a mi lado. "Es cierto que
En 1850, un 21 de abril, le escribe a Manuel Antonio Tocornal:
"Querido amigo: Al fin el diablo cargó conmigo. Jotabeche se casa con su sobrina Zoila, si el obispo de
Pasaré con mi mujer en Santiago todo el período legislativo con menos frío que el invierno anterior".
Y se despide "Tu Vallejo".
Esta liviandad de escritura, el aire provinciano e irónico, el ingenio al servicio de una comunicación verdadera y llana es lo que salva a José Joaquín Vallejo de la necedad y la cursilería.
Pero abramos el hoyo de ozono un poco más. Este país nada de tonto de pronto se nos está llenando de una lengua de utilería, de un cursilismo a toda prueba, de una terrible falta de imaginación.
Sospecho que haberle cargado tanto la mano en la divulgación de noticias a los políticos y las estrellas, no precisamente del cielo, es la causa de este torbellino caótico. Los políticos actuales, con prudentes excepciones, hablan mal. Las estrellitas no hablan, aunque, como dice la juventud "se la creen". El país observa en estado aburrido edematoso la carga de tonterías que le infligen los "medios de comunicación" y los adolescentes se preparan para dar una prueba que no saben en qué consiste sobre sus conocimientos quiméricos.
¿Y qué fue? Así nos veo. ¿Cachai?







Saludos, mientras leia su post recordé una canción echa para ud., los prisioneros decian: " porqué no te vas...", creo que esto queda muy bién, al igual que su Keyserling, simplemente emigre a un lugar donde ud. considere que respetan su idioma.