El docente universitario, los continuos cambios y nuevos desafíos
“Otrora el factor determinante de la producción era la tierra, más tarde fue el capital, en la actualidad el factor indiscutible resulta ser el hombre, expresado en su conocimiento”.
El mundo actual, saturado de cambios e incertidumbres, generado por la globalización, el efecto instantáneo de las comunicaciones y las crecientes innovaciones tecnológicas, nos “exige” a ser personas competitivas desde el punto de vista personal y profesional, si se quiere tener éxito en el desempeño laboral, familiar y social. Estos acontecimientos hacen más conscientes a las personas acerca de los patrones de vida, las inducen a adquirir nuevas perspectivas sobre sus ventajas o desventajas comparativas y a fortalecer las demandas por una mejor calidad de vida. En este escenario, los estudiantes acuden a la Universidad en busca de una formación idónea que los capacite para alcanzar estos objetivos.
¿Que encuentran los estudiantes en la Universidad? Los diferentes Centros de Educación Superior, ofrecen a los estudiantes un número considerable de opciones de donde él puede escoger aquella que le guste y/o que se acomode a sus posibilidades económicas, sociales, regionales y laborales. La calidad de la educación que ofrecen estas instituciones varía de una a otra, según su infraestructura tecnológica, currículos, los aspectos pedagógicos y metodológicos y el nivel de investigación que le aplique a sus procesos, pero, tienen un factor común que es la pertinencia en la formación que brindan a sus futuros egresados.
Sin embargo, en la mayoría de los casos es una formación descontextualizada con el medio en el que el nuevo profesional se desempeñará, lo que en muchos procesos influye negativamente en sus posibilidades de inserción laboral. Los factores que conllevan a este tipo de formación son de diversa índole, pero en este artículo quiero ponderar especialmente en: el desempeño del Docente Universitario, por ser éste el agente encargado por la institución para orientar procesos de enseñanza- aprendizaje.
En el ejercicio de la docencia incursionan personas de todas las profesiones, unos por vocación, otros por mejorar sus ingresos y otros por que no encontraron otro trabajo. Todos con la noble misión de formar, entre otros, a los futuros dirigentes de nuestro país. ¿Cómo lo están haciendo? Cada quien debe hacerse una autoevaluación y proceder a fortalecer o replantear sus debilidades y fortalezas.
Lo que las estadísticas muestran es que un buen número de ellos están impartiendo formación tradicional, la misma con la que fueron formados y, en muchos casos, se enorgullecen afirmando que son los mejores por que tienen 20 o más años de experiencia (y algunas veces son 20 o más años repitiendo los mismos conceptos desgastados o revaluados y desactualizdos). Este docente se considera el centro del proceso, dueño absoluto de la verdad, encargado de “llenar las mentes vacías de los alumnos (persona sin luz, sin conocimiento)”, mediante la transmisión de conocimientos teóricos, carentes de sentido práctico.
Con ese método, los estudiantes cumplen un papel pasivo en este proceso tan importante para su proyecto de vida, no desarrollan la creatividad, el espíritu investigativo, el análisis crítico, el trabajo en equipo, en fin, terminan siendo profesionales que no tienen mucho que aportar a la sociedad ni a las empresas que los contratan.
Los profesionales del futuro, que hoy son estudiantes, esperan del docente universitario una formación diferente, valiosa; que verdaderamente los prepare para poder competir no sólo en Chile, si no, en cualquier parte del mundo donde puedan ser contratados en cumplimiento de los procesos de integración regional generados por la globalización. Para ello, el docente debe reflexionar sobre su quehacer pedagógico y metodológico, sobre la pertinencia y aplicabilidad de lo que está enseñando y llegará, en consecuencia, a la conclusión que debe desaprender y aprender nuevas técnicas y ampliar las fronteras de sus habilidades que le permitan brindar a sus estudiantes la formación que ellos necesitan.
Las Universidades que ya se han dado cuenta de este problema están invirtiendo en la capacitación de su personal administrativo y docente, para que se apropien de nuevas metodologías, con el objetivo de reorientar el proceso enseñanza – aprendizaje.
El enfoque que se le está dando a este proceso en la nueva concepción de educación superior, está orientado a la “formación basada en competencias”. Esta según Tobón se define asi:
“La formación basada en competencias constituye una propuesta que parte del aprendizaje significativo y se orienta a la formación humana integral como condición esencial de todo proyecto pedagógico; integra la teoría con la práctica en las diversas actividades; promueve la continuidad entre todos los niveles educativos y entre estos y los procesos laborales y de convivencia; fomenta la construcción del aprendizaje autónomo, orienta la formación y el afianzamiento del proyecto ético de vida; busca el desarrollo del espíritu emprendedor como base del crecimiento personal y del desarrollo socio económico y fundamenta la organización curricular con base en proyectos y problemas, trascendiendo de esta manera el currículo basado en asignaturas compartimentadas”[i].
Una formación de este tipo demanda del docente un rol diferente al tradicional. Aquí el centro del proceso es el estudiante, el docente cumple la función de coordinador, de acompañante, de guía, de asesor, de orientador del proceso. El verdadero protagonista es el estudiante, quien debe ser artífice de su aprendizaje. Para muchos docentes esto implica un cambio radical en su quehacer pedagógico, en su mentalidad, en el sistema de evaluación, en el enfoque que se le da a las asignaturas; no puede seguir usando la clase tradicional como única herramienta pedagógica, es menester cambiar a una nueva pedagogía, la “Docencia Estratégica” que R. QUESADA define en los siguientes términos: “La docencia estratégica busca el aprendizaje significativo de contenidos y el desarrollo de habilidades de pensamiento con el fin de que los estudiantes se conviertan en aprendices autosuficientes. En esta perspectiva, entonces, el énfasis está en los estudiantes, buscando que estos aprendan estrategias que les permitan autorregular su aprendizaje”[ii].
Para conseguir esta formación el docente debe generar espacios en sus clases que propicien la reflexión, la crítica, el trabajo en equipos y la autoformación. No puede seguir usando la clase magistral como única herramienta de su trabajo. Una buena estrategia para apoyar y facilitar la autoformación de los estudiantes es el trabajo independiente que fue establecido en los diseños curriculares con créditos académicos, pero, para que éste produzca los resultados deseados, debe ser planeado y estructurado a través de guías de trabajo independiente, en donde se explique claramente el objetivo del trabajo, las fuentes a consultar, las aplicaciones del tema y el tiempo a emplear en dicho trabajo.
De cara a todas estas exigencias del rol del maestro, se hace imperativo reflexionar que no se puede dar de lo que no se tiene. Es por eso que, para entrar en esta onda de la formación por competencias, debemos prepararnos en este aspecto, aprovechando los espacios de capacitación que nos brinda la institución en la que nos desempeñamos como docentes.
Para orientar el trabajo pedagógico propiciando la formación de competencias en los estudiantes, debemos desarrollar las siguientes competencias:
▪ Centrar el aprendizaje en los estudiantes y no en la enseñanza ni en el profesor.
▪ Establecer las estrategias pedagógicas con la participación de los mismos estudiantes.
▪ Orientar a los estudiantes para que se auto motiven y tomen conciencia de su plan de vida y autorrealización.
▪ Asignar actividades con sentido para los estudiantes; guiarlos en la consecución de recursos para realizar las actividades sugeridas.
▪ Orientar a los estudiantes para que construyan las estrategias de cada uno de los saberes de las competencias.
▪ Acordar con los estudiantes las competencias a desarrollar teniendo en cuenta las expectativas y requerimientos socioambeintales y laborales.
En conclusión, para asumir un apropiado papel como docente, acorde con las metodologías y habilidades de nuestro tiempo, debemos hacernos un examen autocrítico para saber cómo estamos frente a las exigencias del medio en que nos desempeñamos y tomar la firme decisión de capacitarnos, aprovechando al máximo estos espacios de reflexión que la institución nos está ofreciendo. Cambiar no es fácil, implica sacrificios, dedicación, tiempo, trabajo y en algunos casos inversión; pero no podemos seguir repitiendo los mismos errores de toda la vida. Nuestros estudiantes confían en nosotros y no podemos defraudarlos.






