Y me largué a llorar. Simplemente me largué a llorar, allí, contra el cajón que hacía de modelo para nuestra clase de dibujo. Con los ojos cerrados, a penas después de que él me preguntó
-“qué te pasa?”
- Nada. Tengo fatiga, no he podido comer durante más de un día y me deprimo durante el invierno.
- Por qué no he podido comer o porque me deprimo en invierno?
Sonrío con sus dientes blancos de niño bien y dijo:
- Ambas.
- Tengo amigdalitis y me duele de tragar agua.
- Y?
- Y no lo sé. Me siento mal.
- Tienes que pensar positivo.
Si no me hubiera sentido tan mal quizá le habría gritado, pero tirada en el piso y con frío le respondí:
- Gracias. Siento haberme largado a llorar aquí... Sólo estoy cansada.
Por alguna razón él se quedó esperando. Con su viva imagen de auto último modelo y niño mimado en la frente.
Se quedó allí… como si yo no hubiera respondido a nada.
Yo miré sus zapatos prada o como sea la marca.
- Tu dominas tu mente. Sufres por tonteras. Te das vuelta de un lado para otro sin sentarte a dibujar. DEBES pensar positivo.
Por alguna razón no me pude contener… quizá intuía que él era especial. Quizá porque no me queda más espacio adentro, así que agregué:
- No soy una de esas pendejas a las que le das consejos. De veras gracias, pero estoy harta de que la gente meta su cuchara como si se tratara de una pendeja adolescente con pose depresiva porque su noviecito le dio filo. Estoy harta de que me digan que piense positivo. No tienes idea de mi vida y no tienes porque tenerla. Así que discúlpame si soy agresiva, pero no me interesa la cuchara de nadie en mi vida. Gracias.
En eso acabó el recreo y mis compañeros entraron a la sala tomaron posición en sus atriles, mientras yo intentaba concentrarme frente a mi maldita hoja. Intentaba no llorar, pero era como que alguien hubiese abierto una llave y yo no pudiera cerrarla.
Él me mira duramente desde el otro lado de la sala. Sigo “dibujando”.
Cruza la sala y me dice:
- Vamos a tomar un té?
- No. Gracias.
Ha de haber sido el gracias más frío que existe, porque por primera vez lo vi contrariado.
Al rato después me acerqué y le dije:
- OK. Yo no puedo tragar nada, pero te acompaño.
Y así fue como seguí hablando. Sin querer. Sin filtro. Y así él siguió hablándome fuerte. De repente dejó su taza de manzanilla y con su chapado a la antigua me dice:
- Siento si he sido rudo
Y me contó de su vida. De los países en los que había vivido, buscndo algo que no encontraba. Me contó de su no padre y su no madre. De la frialdad de ella. Me dijo que ayer había estado de cumpleaños, que no le había dicho a nadie. Me dijo que que había vivido en muchos países buscando algo que no hallaba. Que había vivido dos años encerrado en un monasterio en India. Que había consumido coca en Londres hasta llegar a la desnutrición. Y me dijo a modo de consejo lo que le decía su maestro de yoga: Sólo hazlo. Vive al aquí y el ahora.
Y le conté de muchas cosas.
Me dijo que sufría si no se tenía zapatos caros. Que le encantaba comprar y que creía que las mujeres éramos más tontas que los hombres, que no le gustaba la gente pobre. Y que sabía que eso estaba mal, pero simplemente le pasaba. Dijo que el mundo era un lugar hostil y que uno debía ser frívolo para subsistir. Que él era diferente y quería que el mundo lo respetara. “Ser diferente es ser indispensable” o algo así. También me dijo que el creía tener un don de Dios. Que él veia más allá que el resto.
Le respondí que no podía comprender el consumismo, que vivía al lado de una población, que no me consideraba más tonta que los hombre y que era muy triste pensar en el mundo únicamente como él lo hacía.
Le dije que escuchaba rock chileno, música celta, bosanova, bandas de películas, ska y un cuanto hay. Me respondió que el sólo escuchaba música clásica, pero que era muy feliz cuando lo hacía.
Me preguntó que edad tenía y yo le dije que acababa de cumplir los veinte. Él me dijo que el acababa de cumplir los veintiocho.
Le pregunte que hora era y dijo que casi las doce y media.
- Dios! Tendría que estar en clases!
- Jajaja (algo le pareció sumamente gracioso). Llévate el brownie que pedí.
Le recordé que no podía tragar. Me respondió:
Ya se te pasará.
Y sé que no hablaba sólo de mis amígdalas.





















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Y estaba rico el brownie?
Sorry, no se me ocurre que más decir..quedé..pa dentro.
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.:.La vida es una enfermedad de transmisión sexual.:.