MARCELA SALDAÑO (Santiago, 1981): Poeta que ha desarrollado su trabajo en distintos talleres literarios como los de Lila Calderón, Gonzalo Millán, Paz Molina, Carmen Berenguer y Alejandra Basualto. Ha publicado “2001 poesía en el espacio” e “Inclinación entre el deseo y el caos” 2001. Sus trabajos también han aparecido en las antologías “Caleidoscopio”, del taller Alejandra Basualto y “Temporadas” del Centro Balmaceda 1215. Actualmente participa en la revista “Estrago”.
Flor de locura
Cuéntame de las heridas en mis piernas
dime de los surcos en la cara
de los hijos en medio de la sangre
habla del llanto junto a
tus trajes tus conversaciones
junto al principio de todo príncipe
habla de mí en tus noches de furia
abre tu boca sintiendo este sexo maldito
pídeme la flor de la locura
enterrada en las raíces más húmedas que el día
quémate de memoria
extermina el olvido cerca del árbol que descansa para la noche.
Sucesión de padre
Fuiste el objeto de mis noches secretas
el instrumento castrante
que intervenía mi cuerpo
cruzaba la sintaxis
de mis piernas abiertas en el autobús
me pedía todo y bebía de mí
yo tragaba silencio
leche y sangre corazón abierto en la era del catastro
luchaba con mi boca abierta
con mi lengua laxa
tu porcelánica tristeza
ese duelo eterno que se me hizo urgente
el duelo que descansa en mi árbol esperando la temporada de flores secas.
Sin
Cuando me entierro una tijera en mi cabello
y cae al piso seco
existe dignidad
sientes que todo es azul una vez más
las flores son nacaradas
los pezones arden en la ausencia
todo desaparece a las doce del día
te levantas desnudo
liviano de amor
liviano desde el momento en que hubo exterminio
cuando esta boca volvió a ser no boca
volvió a recorrer el mundo
así todo desaparece
y las jaulas se contraponen en los sueños repletos de víboras y ratas
donde la boca se pega a los gatos
emplea marionetas en la locura
la espera líquida absorbe tentativa
no existe flor que renazca
no existe insecto apropiado para devorar el día.
Cuatro meses cuatro días empiezo en once
Una cometa encerrada en los valles del hastío
tapa el sol y recurrimos a los árboles que filtran luz
volvemos al momento cómplice en que nos movíamos para bailar
buscando roce
como se ama lo prohibido un viernes santo
el mejor sexo para las cometas y los árboles en otoño
julio finaliza en el día más cruel
en este año el día de la promesa inconclusa
mi furia secreta mi furia en medio del recuerdo de ese desconocido
que habla en las noches menos esta
las luces encienden el horario
te veo aún comentando con el aire
tu uso en las noches sacras
no debo comentarlo pero las cometas y los árboles
parten el ídolo de los nueve agujeros
corro a bailar en el lugar menos recorrido
conservo los vestidos ajados por culpa de las estaciones
susurro al árbol
a este sol mudo
residencia tardía que absorbe los relojes
atrae el sonido ciego el recuerdo de niña
se mantiene en el mismo lugar de siempre
gritando como nunca
al sonido negro de las bestias que comen de mí
cada vez que la memoria insiste en molestarme.
Combinaciones del hastío
Que los girasoles maten al insecto prendido de mis ídolos
mi hermosa venganza es la eternidad el dolor sin herida
el llanto sin llanto
este canto joven y hermoso
grito las bellas voces
mi cabello cortado
enterrado por tijeras
prendidas de mi corazón
debo partir al lado de las relaciones rasas
soy la hija sin retorno
el complejo inexorable
los ojos ardientes del viajero que nada en un horizonte interminable
la jaula que produjo la muerte a un anciano
y la libertad del objeto con alas
como un ángel que adornaba el cetro
mi sangre mezclada con el asesino
mi noche con el demonio
esta castidad sonriente en mi ojo
en el surco maldito de mis facciones
mi noche con el diablo
su noche única
ese árbol en medio de mis piernas
presente aunque los girasoles se cansen de matar
aunque mis piernas
le sonrían a la prosperidad
al objeto del deseo que es una cartografía pendiente
un dolor parecido a una noche de cabellos extendidos en la vertiente
extraña
en el artificio de los órganos heridos
de esta garganta
grito entre ortigas
mi noche con el tercero
con un once que me enseñó a juntar las manos
y contar los días de los meses.
Girasoles que matan insectos
Mis coronas se encienden en el horario objetado
este dolor fluye del sexo a mis muñecas
las mismas que se extendían
una vez solas al extremo de la noche
las mismas que articulaban los trabajos de la muerte
pequeñas luces en las jaulas del acuario
insignificantes presagios escudo de los televisores
las vitrinas
brotan en mi escenario
caen del abismo
serpientes alrededor de la fuga
las uñas
constelación en el fruto secreto de las cuatro de la tarde
perversa visión de límites
en las escrituras contemporáneas
la dicha de los muertos a cualquier hora
el corazón que rodea las espadas de dulzura
este ardor como bello hastío
ídolo azotado en la pared
prometo beber tu sangre al caer el día.





















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