

Leyendo, como muchos, en los diarios, en los blogs, viendo en la TV, las noticias políticas nacionales, estatales y locales. Veo que el tema predominante son las continuas discordias y desacuerdos, los dime y diretes, estos temas se inflan sobre sobre todas las cosas buenas que puedan estar ocurriendo. Bueno, uno se va formando sus impresiones, sobre todo que al parecer, ya inician intensas actividades aquellos que ambicionan ser candidatos presidenciales, lo declaren o no lo declaren, no todos nos enteramos de muchos pormenores, zancadillas, golpes bajos, denuncias, reclamos y acusaciones. Parece que cada vez hay que afinar más el ojo. Lo claro esta en que nos vamos conformando una imagen de los políticos què, la verdad a medio mundo debe darnos miedo si efectivamente esa imagen, concuerda con la realidad.
Unos y otros denuncian el lado malo del otro, directamente o sutilmente. Existe la creencia generalizada que el mundo se divide en dos tipos de personas: los buenos y los malos. La lucha eterna del bien y del mal; ¿Dónde están los buenos? ¿Quiénes son? .....
Debiera pensar que los políticos son los buenos. Claro que sí, pensarlo, porque entre las distintas profesiones y actividades laborales, son los que muestran una vocación de servicio al prójimo; los que están dispuestos a sacrificarse, a perder parte de su vida privada, a dedicarle más tiempo a otros que su propia familia. Y no, resulta que de pronto, cuando se lucha por el poder, aparecen signos y evidencias de que los políticos también son malos; que hacen trampas, que son traidores, que lo único que les importa es lograr su propósito: adquirir, conservar, acrecentar y ejercer el poder político.
Así, cuando leo esas informaciones, me acuerdo del principio maquiavélico: no importa el medio con tal de lograr el propósito.
¿Quiénes son, entonces, los buenos? La respuesta valida sería: los que ejercen ya, a plenitud, el poder porque tienen capacidad de ofrecer respuestas a los problemas de la sociedad, esto debiera ser así al menos.
La historia de la humanidad gira en torno a un propósito: encontrar la mejor forma de gobernarse. Y los pensadores políticos han dado múltiples consejos y recomendaciones; desde Platón, sobre el gobierno de los ???virtuosos??? hasta Maquiavelo de los ???pragmáticos???, no importa el medio y si el objetivo. Inmerso todo entre el bien y el mal, en el entendido que los políticos ofrecen hacer el bien y la historia muestra que, para cumplir ese ofrecimiento, es pertinente que tenga el poder en sus manos.
Lo triste del asunto, esta en el detalle, que para obtener el poder no se vacila, precisamente en ser malos. No pareciera ser comprensible en nuestro tiempo inocencia e ingenuidad en los políticos, si maldad, perversidad, colmillos atentos.
Es por lo cual me hace gran sentido un articulo que estuve leyendo, el cual los invito a conocer, es en referencia a la importancia de la existencia de los partidos políticos, un buen análisis al respecto lo plantea a
Patricio Navia, en su articulo ??? PARTIDOS POLÍTICOS COMO ANTÍDOTO CONTRA EL POPULISMO EN AM??RICA LATINA??? (de la REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA / VOLUMEN XXIII / Nº 1 / 2003 , un artículo que se inscribe en el Proyecto Fondecyt 1020684 (???Ser competente en política???).19-30. Les inserto un extracto , el
completo en http://www.scielo.cl/pdf/revcipol/v23n1/art02.pdf
???POPULISMO Y PARTIDOS POLÍTICOS
Desde esa perspectiva, que entiende al populismo como algo pernicioso porque debilita las instituciones democráticas, ofrezco (dice Patricio Navia) un marco metodológico que permite abordar el estudio del populismo en la región.
Los populistas buscan debilitar las instituciones al privilegiar la relación directa con la gente, sin recurrir a canales institucionales. Una vez en el gobierno, los populistas buscan generar relaciones de dependencia y lealtad más hacia la persona que hacia las instituciones.
Los opulistas prefieren el respeto y la admiración por el líder más que por la posición que el líder ocupa. No es la presidencia la que genera el respeto y la lealtad, sino la persona del presidente. Así, si el presidente dejara la presidencia, la lealtad seguiría más con la persona que con la institución de la presidencia.
Como candidatos, los populistas también buscan privilegiar la relación directa con las personas.
En vez de potenciar las plataformas, los programas de campaña o los anuncios de políticas a implementar, los populistas buscan construir campañas basadas en la confianza personal. De acuerdo, este fenómeno también existe en sociedades industrializadas y nadie habla de populismo.
Basta ver por ejemplo la cantidad de atribuciones positivas que se asocian con el voto personal en Estados Unidos (Cain, Ferejohn y Fiorina 1987) para concluir que la búsqueda de una relación directa, sin mediación y no institucionalizada, no es exclusiva de los populistas. Pero hay algo propio del populismo que, además de buscar estas relaciones directas, termina por debilitar las instituciones y los procesos institucionales que existen en sus respectivos países.
Históricamente, los vehículos de representación popular y de mediación entre los gobiernos y la gente han sido los partidos políticos. Son ellos los que sirven de filtro entre la sociedad y los
gobiernos. Además, los partidos representan los intereses de sectores de la sociedad. Aun los partidos catch-all buscan representar los intereses de la gran mayoría. En resumen, los partidos son entendidos como centrales y claves para el buen funcionamiento de la democracia (Lipset 2000, Aldrich 1995).
Pero así como es difícil definir el término ???populismo???, también resulta sumamente complejo definir lo que es un partido político. Mientras las definiciones tradicionales subrayan la unidad de visiones de mundo de los militantes, lo cierto es que existe una amplia diversidad de posiciones ideológicas entre sus miembros, las que además van cambiando con el transcurso del tiempo.
Nadie dudaría, por ejemplo, en definir al Partido Justicialista argentino como un partido político.
Pero nadie pretendería asegurar que existe similitud ideológica entre todos sus miembros. Lo mismo podría decirse del PRI en México, el Partido Liberal en Colombia o incluso de la Democracia Cristiana en Chile.
Por otro lado, la similitud ideológica no es suficiente para lograr que las personas sean parte del mismo partido. Mucha gente que comparte una misma ideología pertenece a partidos políticos diferentes. Para no ir más lejos, la derecha francesa ha estado históricamente dividida en diferentes partidos. Y en las recientes elecciones presidenciales, las divisiones al interior de la izquierda
probaron ser sumamente costosas para ese sector. Más allá de sus diferencias, los candidatos presidenciales izquierdistas franceses podrían haber compartido militancia en un mismo partido y alguno de ellos habría logrado disputar la presidencia en segunda vuelta. En América Latina, las diferencias ideológicas entre los militantes de los diferentes partidos que conforman la Concertación en Chile son en general tenues. Es más, hay muchos casos de mayor similitud ideológica entre ciertos militantes DC y PPD que al interior de ambos partidos. En Argentina, aunque existen muchos electores que regularmente votan por los candidatos de izquierda, no ha podido surgir un partido fuerte que logre cautivar el interés de un electorado de esa tendencia, que claramente existe. El compartir una ideología no conlleva, necesariamente, militar en el mismo partido.
Así, una definición adecuada de lo que es un partido político no puede incluir la ???ideología??? como condición necesaria o suficiente. No basta con que exista una afinidad ideológica para que se produzca la formación de un partido político; ni tampoco la ausencia de afinidad ideológica es suficiente para predecir que no se formará un partido político. Siguiendo la definición de Adam Przeworski de la democracia (???las democracias son sistemas donde los partidos pierden elecciones??? 1991: 10), sugiero que entendamos los partidos políticos como grupos de políticos que buscan el poder y siguen juntos aun después de perder elecciones.
Esta definición me permite prescindir de la ideología como el elemento aglutinador de la militancia.
Pero además me permite diferenciar los partidos políticos de las alianzas electorales que se forman como partidos con el único fin de enfrentar una elección y que no siguen existiendo en caso de fracaso. Es más, aun en caso de que sean exitosas, estas alianzas electorales a menudo desaparecen después de la elección. Los casos de Cambio 90 o Perú Posible en el Perú, o el Movimiento V República en Venezuela son excelentes ejemplos, pero ciertamente no son únicos.
Así, son partidos políticos solo aquellos grupos que habiendo sido derrotados en elecciones, continúan unidos. El PJ en Argentina, el APRA en Perú, la UDI en Chile, el Frente Amplio-Encuentro Progresista en Uruguay, por mencionar algunos, son claros ejemplos de partidos políticos de verdad. La Alianza en Argentina o la coalición UNO en Nicaragua, en cambio, no constituyen partidos políticos, pues se disolvieron cuando fueron derrotados, o incluso antes.
El líder populista desconfía de los partidos políticos existentes y prefiere la relación directa con el electorado sin que medien los partidos políticos. Cuando opta por institucionalizar su relación directa con la gente en un partido político, el líder populista tiende a desconfiar de los partidos existentes y favorece la formación de una nueva estructura partidaria. Por lo general, esos partidos tienden a desaparecer cuando desaparece el líder que los formó. Los casos de Cambio 90 en el Perú (creado por Alberto Fujimori) o la Unión de Centro-Centro en Chile (creada por Francisco Javier Errázuriz después de su frustrada campaña presidencial populista en 1989) son
emblemáticos, pero no son los únicos.
De ahí que ciertos líderes que ocasionalmente son tildados de populistas por la estrategia electoral que utilizan o por su discurso político histórico no quepan dentro de la caracterización de populismo que aquí realizo. Líderes como Joaquín Lavín, cuya campaña presidencial en 1999 y cuya relación con el electorado y la opinión pública después ha estado caracterizada por prescindir de los partidos políticos, no caben dentro de mi clasificación de populismo. Lavín, pese a privilegiar el ???contacto directo con la gente???, milita en un partido político, la Unión Democrática Independiente (UDI), desde que ingresó a la vida pública en 1988 y participa activamente en ese partido. Un caso similar es el de Lula, el actual presidente del Brasil. Fundador del Partido de los Trabajadores (PT), la carrera política de Lula ha sido asociada a ese partido. Gran parte de su éxito ha estado directamente relacionado con la consolidación del PT como el partido político más importante del Brasil. Aunque Lula y Lavín utilicen herramientas que recuerdan las estrategias populistas ( inputs) y Lula haya hecho promesas electorales que hicieron a muchos atribuirle la condición de populista por las políticas económicas que adoptaría como presidente ( outputs), lo cierto es que ambos líderes han hecho carrera política ayudando a consolidar los partidos políticos a los que pertenecen. Y tanto el PT como la UDI en Chile son partidos cuya existencia no depende de la presencia ni el liderazgo de Lula o Lavín. Ambos partidos, pese a la popularidad de Lula y Lavín, son anteriores (en el caso de Lavín) y superiores a los intereses personales de ambos líderes.??? Màs en
completo en http://www.scielo.cl/pdf/revcipol/v23n1/art02.pdf ,antes me paso insertarles las conclusiones del ensayo:
???CONCLUSIONES
En este ensayo he planteado que pese a lo difícil que resulta definir el populismo en América Latina hoy, el contraponer el populismo y el fortalecimiento de las instituciones democráticas nos permite identificar quiénes son verdaderamente los líderes populistas. Así podemos diferenciar a aquellos que buscan debilitar las instituciones y diferenciarlos de otros líderes políticos que pudieran favorecer
determinadas políticas macroeconómicas o utilizar determinadas estrategias de comunicación política en sus campañas electorales pero que no buscan limitar el ordenamiento institucional.
Habiendo definido a los populistas como aquellos líderes que debilitan las instituciones y los canales formales de participación política, he sugerido que una forma de evitar la propagación del populismo
en América Latina radica en el fortalecimiento del sistema de partidos. Pero no cualquier sistema de partidos resulta ser un remedio eficaz contra el populismo. Los sistemas de partidos estables,
dinámicos y con mecanismos de control por parte de la ciudadanía ( accountability) son los que pueden efectivamente ayudar a contrarrestar el populismo en la región.
Un sistema de partidos políticos que no cumpla con esas tres condiciones no logrará frenar exitosamente la amenaza populista. Por cierto, no deberíamos sorprendernos de encontrar brotes de populismo en países con sistemas de partidos nominalmente estables. Pero no basta con la estabilidad. Es más, la estabilidad puede devenir en un oligopolio de partidos políticos que representará una oportunidad propicia para que los líderes populistas logren atraer y cautivar la atención de la gente.
Así y todo, no sugiero que un sistema de partidos estable, dinámico y accountable sea requisito suficiente para evitar el populismo. No hay forma de garantizar la no-aparición del populismo en América Latina. Pero ante la ausencia de un sistema de partidos así descrito, la aparición del populismo se torna inevitable.???
Visión de futuro.