Estamos en verano, de eso no hay duda y el calor se hace insoportable, especialmente bajo los 450° grados que se registran al sol.
Sin embargo, como no todo debe ser calor y más calor, los dejo con una nota cultural y refrescante, al menos si lo imaginan podrán sentir la brisa marina que acaricia y reconforta e incluso me atrevería a decir que hasta podrán oler ese característico aroma a mar...
Cartagena, un balneario popular con glorioso pasado.
Cartagena, la de ayer, fue el balneario de una glamorosa burguesía criolla, declarada Monumento Nacional en la categoría de zona típica, alberga los restos arquitectónicos de lo que fuese una muy europea sociedad de principios de siglo, siendo ademas uno de los primeros destinos turísticos que fue favorecido por la llegada del ferrocarril.
La historia de Cartagena se remonta a 1560, cuando llega a sus costas el Capitán Luis de Cartagena, escribano de Pedro de Valdivia de quien recibe estas tierras en encomienda.En el siglo XVII la zona se convierte en gran productora de Trigo, el que es embarcado a Perú y España a través del puerto de Cartagena. Acorde con su condición de importante centro agrario, la región costera del valle central es cuna de una creciente burguesía criolla.
Tras la Independencia, en la segunda década del XIX, la cultura europeizante de la clase ilustrada, se potencia con la integración en la sociedad chilena de ingleses, franceses, alemanes, imprimiendo el sello europeo en la característica arquitectura ecléctica que identifica a estos balnearios. El logro de una cierta estabilidad política y el apogeo económico debido la explotación de las salitreras del norte, y al alza de las exportaciones de madera y trigo, propician el bienestar que impulsa el desarrollo urbano de Cartagena, convirtiéndolo en centro de descanso, vida social y buen pasar. Entre 1890 y 1930 la ciudad vive su época de gloria.
En 1920 el tren llega hasta la mismísima playa de Cartagena, multiplicando exponencialmente la cantidad de turistas, lo que es habitualmente sindicado como el origen de la decadencia del balneario.
Con un estilo de gobierno populista, el General Ibáñez del Campo promovió las vacaciones de los sectores de escasos recursos en el balneario más cercano a la capital e inició con ello un proceso de degradación urbana y ambiental que sería rematado por el gobierno democratacristiano de Eduardo Frei Montalva, con la creación de campamentos populares y la institucionalización de las llamadas Colonias de Veraneo.
Como consecuencia de esto, se produce la segregación social de Cartagena, en dos grupos separados por el rompeolas, los veraneantes de la Playa Chica, en general todos propietarios de casas de residentes y los turistas y trabajadores que ocupaban la Playa Grande, los que vienen por el fin de semana o sólo por el día.
Como dato interesante y para que imaginen la gran cantidad de gente que venía desde Santiago, en un sólo día podían llegar hasta 27 trenes cargados de turistas.
Populares eran las carpas instaladas en la playa para las familias veraneantes, las que estaban marcadas con letras y números de acuerdo al propietario y permanecían durante el verano hasta marzo.
El creciente aumento de turistas, y el progresivo alejamiento de los veraneantes tradicionales, que, ya menos cómodos con el ambiente, no se instalan durante todo el verano, habría sido aprovechado por los carperos, que arriendan las tiendas familiares a los visitantes de fin de semana. El municipio empieza a multar a los propietarios, a ponerles impuestos, y destruyen el sistema de carpas desapareciendo así la típica imagen de las carpas sobre la arena.
Siguiendo con la política de los paseos populares, Cartagena lentamente se fue tranformando en lo que es hoy, uno de los balnearios más populares del litoral central con un pasado arqutectónico e histórico que pasa inadvertido en medio de los miles de veraneantes, quitasoles, paletas, palmeras y el tradicional pan de huevo.
Fuente información y fotos: Nuestro.cl
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Grande Cartagua !!