
Donde quiera que estes
Por Basthián C.
basthián@hotmail.com
Es tarde y no logro encontrar el sueño. Cierro mis ojos y tu cara viene a mi mente, primero como una luz intensa encandilándome, luego como resplandores de recuerdos que pasan de nuestra relación de algún tiempo.
Tu ausencia me duele, como me duele no verte, no saber de ti, no pensar en besarte algún día. Has dejado un vacío enorme dentro de mí, que cualquier cariño futuro no podrá reemplazar jamás.
Durante este tiempo de estar con tigo, siempre me cuestionaba esta relación tan extraña y tan estrecha contigo, me preguntaba por qué cambié mi forma de vivir tan abruptamente cuando decidí estar a tu lado, sin importar lo que mi mente indicara, haciéndole caso solo al corazón.
Tu amor me atrapaba, me ataba y cuando me revelaba ante ese sentimiento, diciéndome que me iba a marchar y rehacer mi vida, la angustia de la culpa me molestaba y nunca me dejo partir.
Me convertí en el centro de tu vida y tú el de la mía. Traté de entenderte, de justificar tu actitud y se me fue pasando el tiempo dedicado a ti en mente y alma. Era un misterio, una incógnita que descifré con nuestra partida.
Muchos me criticaron, no entendían que yo tuviera mi vida así contigo, yo les decía que el amor justificaba las acciones, que era el timón que marcaba el rumbo de las personas, que el amor por alguien o por algo lo era todo.
Sabes, cuando te enfermaste ese mes de diciembre y te diagnosticaron algunos meses de vida, mi mundo tembló, se resquebrajó. Quise protegerte, por eso jamás te dije que te estabas muriendo, que tu tiempo final se acercaba. Discúlpame por ocultarte la verdad, conocía muy bien tu temor a la muerte y era difícil luchar contigo.
Muchas veces corrí contigo a la emergencia de la clínica, en una oportunidad hasta los santos rezos recibiste. Quizás en ese momento entendiste lo que te sucedía, que ya el camino se acababa y aún así tu amor por mí era tan grande, tan fuerte, que seguías teniendo ganas de vivir. Tu espíritu fuerte parecía ganarle la batalla a la leucemia, pero tu cuerpo deteriorado sucumbió ante la adversidad ese mes de octubre.
Con tu partida, la sensación de estar solo se apoderó de mí y de inmediato me imaginé como sería mi vida después de ti, sin tu presencia. Te digo que en ese momento un alivio me invadió, porque todo tu sufrimiento terminó.
Debo decirte que el misterio, la incógnita, se disiparon, que la razón de estar contigo todo este tiempo fue resumida en un instante, el instante de la muerte, estar presente y hablarte te ayudaron a vencer tus temores, mis palabras te guiaron de la oscuridad a la luz, a llevarte a los brazos de Jesús para que te recibiera con todo su amor.
Sin duda que la metamorfosis que tu cara experimentó de tenso ha relajado y el gesto de felicidad impreso en el, tal como lo recuerdo ahora, fue mi recompensa, fue mi dicha, la respuesta que no conseguí mientras tú vivías. Entendí mi propósito de vida iniciado aquel día cuando decidí estar contigo, aquel día cuando pensaste que te ibas a quedar solo.
Quiero decirte lo mucho que te extraño, que alguien tenia razón cuando decía que lo único constante en la vida eran los cambios, que debíamos adaptarnos a ellos para seguir adelante.
Puedo recordarte bonito y a veces con lágrimas en los ojos, el tiempo a tu lado valió la pena y si pudiera regresar el tiempo corregiría las palabras que te hirieron, los momentos que te hice sufrir, te hubiera hecho más feliz.
Ahora estoy recorriendo el camino que he delineado para mí, reconozco que tu amor fue más allá de mis esquemas y bien lo recibí, tu amor es mi bandera y que tu legado vivirá en mí hasta el día que yo muera, cuando mis cenizas se mezclen con las tuyas volviendo a ser parte de ti.
El tiempo y la vida me han enseñado que no hay y no habrá amor más grande en mi vida del que tú amormío me entregaste a mí.
Basthián.
Temuco, invierno de 2008.-
EL ALMA:
En un rincón del alma
donde tengo la pena
que me dejo tu adiós
en un rincón del alma
se aburre aquél poema
que nuestro amor creo.
En un rincón del alma
me falta tu presencia
que el tiempo me robó
tu cara y tu pelo
que tantas noches nuestras
mi mano acaricio.
En un rincón del alma
me duelen los "te quiero"
que tu pasión me dio
seremos muy felices
no te dejaré nunca y
siempre serás mi amor.
En un rincón del alma
también guardo el fracaso
que el tiempo me brindo
lo condeno en silencio
a buscar un consuelo
para mi corazón.
Me parece mentira
después de haber querido
como he querido yo
me parece mentira
encontrarme tan solo
como me encuentro hoy.
De que sirve la vida
si a un poco de alegría
le sigue un gran dolor
me parece mentira
que tampoco esta noche
escucharé tu voz.
Con las cosas más bellas
guardaré tu recuerdo
que el tiempo no logró
sacarlo de mi alma
lo guardaré hasta el día
en que me vaya yo.
Temuco, Invierno de 2008.-






