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Nadie pelea a la hora de hablar sobre el buen comer. Cuando se trata del gourmet, toda conversación adopta un tono grato, conciliador, festivo y es indudable que la amistad se estrecha en torno a una mesa bien preparada. Lo que me lleva a pensar en lo interesante que sería que las naciones en conflicto, resolvieran sus problemas políticos, limítrofes, o comerciales mediante jornadas culinarias. En vez de enviarse ultimatums o romper relaciones diplomáticas, podrian compartir recetas de cocina o bien relsover sus beligerancias en cumbres de repostería o en el peor de los casos en competencias gastronómicas. Los emblemas pátrios serían indudablemente distintos. En vez de estrellas, lunas y soles; chuletas y empanadas, perniles y costillares, chorizos y baguets, ostentarian las nuevas banderas y escudos. He aquí la República de las Paellas Unidas y ahí La Unión Democrática de las Barbacoas. en vez de barras y estrellas, tallarines y ñoquis; no más el martillo y la hoz ahora la cuchara y el tenedor. Los presidentes tendrián que ser excelentes cocineros y en vez de ministerios habría cacinos. Así el país más desarrollado sería el que contara entre sus filas con los mejores chef's, las recetas más elaboradas, los mejores restorantes. Y de paso se resolvería de una vez y para siempre el problema del hambre y de la paz mundial.
¿Podría usted imaginarselo?
Atte: Jorge Silva.







Me gustó como desarrollaste la idea de los beneficios del buen yantar .
Saludos
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adolfo wagner
Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.
Atte: Jorge Silva.