
Me siento culpable. Y odio esa sensación. Me siento culpable por una tontera que hice con completa inconsciencia y que a ella, justo a ella, le dolió. Ni siquiera se lo dije a ella. Y a nadie antes le había ofendido. Ah! Si ella fuera otra persona! Pero no. Y más encima mi madre me “informa” que ella está “mortalmente ofendida conmigo”. Ahhhh! Esta familia de mierda! La ofensa es el emblema, todos se sienten horriblemente ofendidos y para colmo de males no lo dicen, “sólo” te miran con cara de mártir. Conozco tan bien ese gesto. Conozco tan bien ese susto de siempre tener que estar con mil ojos porque no vaya a ser que uno vaya a decir algo que pueda ofender al otro. Pobre que uno no sea lo suficientemente algo, porque todos en esta familia debemos esto, debemos esto otro. Si no lo logramos de un modo enfermamente exigente no valemos. El deber ser y la victimización. Puta marca en la frente, cabrada, cabrada estoy de sentirme culpable. Porque si la ofendí salvese quien pueda!! Ella no me va a hablar, con suerte me va a saludar. Aquí tú ofendes y te retiran todo su cariño. Ponen una muralla de hielo. Y cuanto susto me da eso. Mi madre no me hablaba, no me miraba. Y tampoco me lo decía. Uno estaba cometiendo un agravio tremendo, pero no sabía cuando, como, ni qué. Y menos aún como resolverlo. Porque no había como hacerlo. Era grave pero sólo se podía superar atreves del gran sacrificio de perdonarte que hacía el ofendido. Sé que el que es el otro el que se ofende, allí yo si me siento o no culpable. Sé que padezco de la misma cojera familiar. Pero puta! Lo sé, soy consciente e intento cambiar. Y tengo veinte años! El resto cuanto tiene?! Lo trabajo, lo asumo. Cuando veo aparecer mi parte ofendida asumo que es MI parte, y me dejo de webadas. Ahhhhhhhhhh!!!! Estoy chata. Cabreada del susto y esa cosa horrible que siento ahora, igual como sentía a los cinco años.





















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Ay Lu querida
No podemos vivir para cumplirle a otros.
Parte de amarnos es entendernos, perdonarnos y darnos el tiempo de arreglar aquello que se descompuso, no hacerlo es ser indolente, es ponerse siempre desde la mirada de que un otro, no yo, tiene que dar por sentado lo que me gusta, lo que me hace sentir contento.
Los amores no son desechables, los importantes son como los autos antiguos, se construyeron para que duraran siempre, por ende, a veces se romper una rueda, se hecha a perder el carburador, y eso implica que es necesario llevarlos al taller y pacientemente buscar la pieza que falta, o incluso si no esta a mano, construirla.
Abrazos grandes de una liberada de culpas!