Inocencia Violentada
Profesor: Muñoz. A.
USM ??? RBB ??? Concepción.
www.prevelexchile.cl
La realidad chilena esconde bajo el rostro del progreso material, algunos dramas sociales que nos revelan toda la falencia en el progreso humanista que debiera acompañar cada etapa de desarrollo económico.
Desgraciadamente no es así. Basta tratar de entender el trasfondo de las cifras que nos presenta la prensa informada, para darnos cuenta que la sociedad chilena se encuentra en decadencia moral, respecto a situaciones de hace tres o más décadas. El horror de las muertes y desaparecimientos, que el Estado practicó como forma de eliminar disidencia; el conocimiento público de esas muertes y desapariciones, el conocimiento de los encierros largos, sin causa ni juicio; la tortura brutal o refinada, durante años, como ejercicio de vida incrustados en el interior de los hogares, junto a temor y el miedo, ha debido, sin duda alguna, ocasionar en el alma y en el espíritu de nuestra gente una extensión artificial de los deslindes del asombro y la tolerancia. Por ello hoy, especialmente la juventud, no trepida en asesinar, matar, herir o violar, a los más débiles, muchas veces con el solo afán de hacer daño al prójimo, al otro, que ha dejado de ser un referente humano, vecinal o un semejante.
En este orden de ideas el hechor y el observador aceptan límites mayores de violencia sin inmutación alguna. Sin el menor asombro. Se tolera el máximo de horror como si ello fuera natural en las manifestaciones diarias del ser humano nacional. Sin embargo, nadie ha explicado aún la brutalidad de algunas cifras que se imprimen en los periódicos o en el ciberg. En Chile, las distintas formas de depresión se manifiestan en el % 40 de las personas. Niños y adultos son atacados por este mal psicosocial, transformando nuestra ???dulce Patria??? en un lugar de desesperación y angustia. Como consecuencia de lo anterior también resulta fácil comprender el porqué los estudiantes consumen bebidas alcohólicas y drogas, sin que por dicha comprensión podamos aceptar el hecho como un asunto normal en la vida ciudadana.
Los padres trabajadores en más de un tercio del total, son acosados moralmente, causando en su ánimo trastornos que luego se expresan en sus comunidades o en el hogar.
En medio de este panorama las estadísticas nos lanzan al rostro una cifra escalofriante. El % 75 de los niños en nuestro país son agredidos, y basta entrar al entendimiento de las consecuencias personales del agredido para establecer que no hay ???un futuro esplendor??? en las bases humanas de nuestra sociedad.
Sin entrar a un análisis muy profundo nos damos cuenta que estamos asentando las bases de una sociedad sin respeto a los derechos de la persona. Los niños agredidos de hoy son los victimarios de mañana. Su violencia se desatará contra su propia familia, sus vecinos y, ciertamente, en las calles de nuestras ciudades. Sin ir muy lejos, debemos ser mucho más serios en el análisis de lo que hoy ocurre en los establecimientos educacionales con la violencia entre alumnos, contra los maestros y la desatada por jóvenes en las calles de la ciudad o en establecimientos de supuesta recreación.
Estudios recientes han señalado que la violencia en los niños significa rasgar las cortinas del templo de la inocencia. Imponerles todo el dolor, físico y psíquico, además, de la impotencia que crea frustraciones e inventa monstruos, que se desatan en las épocas posteriores de la vida, sin que los propios padres logren a veces imaginar cual es la causa.
En la presente nota presentamos el problema. Tal vez, podamos entregar nuestro tiempo para establecer con más profundidad lo que ocurre en el seno social sobre la agresión a los niños, ello por cuanto, mañana serán quienes se expresen ética y socialmente, y para asegurar las virtudes nacionales y republicanas, en vez de agresión, debemos darle cobijo fraterno, comprensión, enseñarles a ser tolerantes, reflexivos y sabios, y muy especialmente a sentirse integrados a una comunidad con la plenitud de sus deberes y derechos.
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06/03/2007 a las 22:51 →
07/03/2007 a las 6:18 →
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