
Navegando por Internet, encontre este artículo escrito por
Javier Martinez que habla sobre la forma de innovar o como transformarnos en innovadores. Me pareció un artículo que rescata aquellos valores, actitudes y emprendimientos que es necesario cultivar al momento de decidirnos a innovar.
Aquí lo comparto con ustedes...
SABER INNOVAR
Si queremos que las personas innoven, tenemos primero que respondernos estas 2 preguntas: ¿Cómo se innova? ¿Cómo se aprende a innovar?
Analicemos qué hacemos para enseñar a los niños a ser innovadores (a no ser que pretendamos enderezar un árbol a los 25 años o que creamos que innovar es un privilegio solo al alcance de artistas y mentes privilegiadas):
Sentamos a 30 niños de la misma edad (a veces con uniforme, otras veces separados en función del sexo ???) entre las 4 paredes del aula, en filas paralelas como en una fábrica y les bombardeamos cada hora con una asignatura distinta y un profesor diferente durante 17 años ininterrumpidos.
Los niños escuchan, cogen apuntes, memorizan y lo repiten en un examen. Les enseñamos datos, conceptos y teorías porque es lo más fácil de medir en un examen. Pero las habilidades que realmente importan para vivir y para innovar no se pueden medir de esa forma tan banal. ¿Te imaginas que cada fin de mes, tu jefe te hiciese un examen oral o escrito tipo test y te pagase tu sueldo según la nota? Lo más descabellado no es el mecanismo, sino asumir que hay sólo una respuesta correcta para todo. Si eso es así, entonces nos estamos equivocando de preguntas.
Innovar y ser creativo depende de hacerse las preguntas adecuadas en el momento oportuno algo que la escuela reprime continuamente. La situación a la que más miedo tiene un profesor es a que le hagan preguntas que no pueda responder y para evitarlo, hemos llenado la educación de respuestas a preguntas que los niños nunca se hacen. La escuela trata de convencernos de que necesitamos respuestas, que hay respuestas correctas y que si las aprendemos, todo irá bien y tendremos recompensas.
Lo que la mayoría creemos que es esencial para enfrentar la vida como adultos no tiene apenas relación con lo que hoy se enseña en los colegios. Por si fuera poco, actuamos como si fuese posible explicarse el mundo encerrado en la sala de un edificio que cada vez tiene menos relación con la sociedad que está fuera de el. Es una tremenda contradicción si aceptamos que casi todo lo que es útil para vivir lo aprendemos fuera de las aulas e incluso fuera del currículum formal de cualquier curso.
A pesar de esto, los planes de estudio ejercen una tiranía implacable e insisten en instruir a los alumnos en un extensísimo mar de conocimientos inútiles y de poquísima profundidad. ¿Por qué todos los niños deben relacionarse solo con los de su misma edad y deben aprender lo mismo? ¿Cómo puede educar de verdad un profesor que debe atender 30 alumnos a los que ve 3 horas a la semana y solo durante un año?
La escuela ha sido diseñada como la conocemos por motivos económicos (educación en masa y economías de escala) pero no por criterios de aprendizaje y menos de innovación. El alumno no tiene ninguna libertad para seguir sus intereses, ningún protagonismo, es un monopolio del profesor que, no olvidemos, tiene una visión bastante fragmentada del mundo. En este contexto, se espera mucho de lo que puedan hacer los computadores en el aula para mejorar el panorama pero hasta ahora han ofrecido muy poco. ¿Es culpa de la tecnología?
Está claro que NO estamos educados para innovar, emprender ni colaborar aunque naturalmente estemos hechos para adaptarnos al cambio. Hemos sido educados para creer y no para dudar ni para pensar. Nuestra curiosidad innata de la infancia va mutando a través de los años en una actitud menos imaginativa y mucho menos cuestionadora.
No se puede innovar por decreto ni se puede enseñar a innovar, pero sí se puede aprender. El colegio se está convirtiendo en un museo, apenas ha evolucionado en 4.000 años (no hay mucha oportunidad de actuar, solo de hablar, escuchar y escribir), y hoy es un entorno de aprendizaje artificial y empobrecido. Planteemos a nuestros niños desafíos que les exijan poner a funcionar toda su energía e imaginación. Enseñémosles a pensar por ellos mismos, a hacerse sus propias preguntas y a responderlas de múltiples maneras. Las escuelas, en general, no saben hacer esto y por eso las aulas de clase se están quedando obsoletas. Es hora de innovar.
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Es urgente Innovar en Educación