Valparaiso!
El visitante ocacional acostumbra a conformarse con una estadía rapida en el puerto, un paseo igual de rapido por la bahia en compañia de un grupo de desconocidos navegantes urgentes que por una modica suma se aventuran en el vaiven de las olas para sorprenderse aún mas con la imagen que los cerros atiborrados de viviendas, caminos y gentes en un reflejo que a al distancia da la impresion de empinarse con mas insistencia vertical hacia el cielo. Si el paseo en lancha deja la sensacion de un deseo satisfecho a medias o no satisfecho, el visitante entonces aprovecha de elejir alguno de los muchos retaurantes tipicos para degustar alguna de la diversidad de delicias marinas en infinitas formas de presentacion culinaria para completar el cuadro de sensaciones portuarias. Una vez satisfechos los requerimientos corporeos y empapados los sentidos con las imagenes, olores y sabores que emanan del mar, los terminales pesqueros, las caletas de pescadores, los mercados y boliches, el visitante cree sentirse pleno y empapado del aura mitologica de Valparaiso y se prepara para emprender el regreso a su rutina en otras urbes.
Valparaiso es mucho mas que el obligado paseo en lancha, el pescado frito en alguna caleta o picada de pescadores y el acostumbrado paseo por la costanera que puede extenderse desde la ya legendaria caleta abarca hasta la tambien mitica playa ancha. El encanto de la ciudad se esconde muchas veces en los recovecos de los pasajes que serpentean las quebradas de los cerros; alli donde el ingenio de sus habitantes desafiando toda ley fisica o matematica han construido sus ranchitos en la ladera del cerro. Hay una ley no escrita que reza asi: mientras mas arriba del cerro te enpinas mas modesta es la vivienda que tienes ocacion de observar y mas sencillos sus moradores. Una ley que no deja de aplicarse en todo el entorno de esta cadena de cerros que la madre naturaleza tuvo la buena o mala ocurrencia de estampar justo aqui en medio de esta larga y angosta faja para deleite de algunos y desdicha de muchos.
Para conocer el magico encanto de Valparaiso y su cerros hay que aperarse de una buena dosis de desición, energia y espiritu aventurero para recorrer alguno de los circuitos que se describen para los turistas. Ademas de aperarse de las cualidades antes mencionadas es indispensable tambien hacerse de un mapa descriptivo que se puede adquirir en la libreria mas cercana camino a las alturas. Un circuito se comienza en alguno de los ascensores que ya son un simbolo universal de identificacion de Valparaiso. Un trayecto casi vertical sobre este carro que se alza agarrado a una lienza metalica sobre rieles traslada al pasajero en pocos minutos un par de cientos de metros hacia las alturas. Aqui empieza la aventura, toda vez que, al dejar el ascensor se presenta un nuevo paisaje con el mar de fondo y los barcos en la bahia. Desde aqui se puede ver la curvatura de la costa que se dibuja hasta perderse de vista detras de una curva que se confunde con el horizonte alli donde cielo, mar y tierra confluyen en un mismo punto para tranquilidad del ojo escrutador que necesita esa trilogia para un respirar tranquilo.
Mas cercano al mirador donde el visitante se estaciona para embelezado contemplar ese mundo nuevo que se habre a sus pies, es posible constatar como las construcciones le han robado espacios a las quebradas y laderas para plantar alli casas y edificios de variadas proporciones en una mescla de estilos y formas donde cada centimetro de terreno es utilizado en estos afanes urbanos. Enseguida y siguiendo fielmente la descripcion del mapa, el visitante se introduce por pasajes, calles y caminos donde cada curva ofrece un angulo nuevo como si uno se encontrara visitando una galeria de arte donde lo abstracto, imprevisible, inimaginable e imposible se conjugan en una realidad dificil de asimilar.
Cada esquina de este cuadro, “Daliano” si se quiere, es una nueva creacion de forma y color y el desnivel geografico no es impedimento para que el ingenio del constructor audaz invente soluciones arquitectonicas que que no comulgan con ninguna ley ni calculo de construccion. Un imposible que se hace relidad en cada palmo de terreno donde se confunden casas y caminos que se elevan y se funden raudas, estables, desafiantes y orgullosas.
Como para coronacion de este cuadro y sirviendo de complemento para acelerar el paso si las circunstancias lo hacen necesario, hay una infinidad de estrechas escalinatas que con su alternativo serpentear se dejan ver a lo largo del camino para un rapido subir y bajar entre quebradas, colinas y cerros. De ahi entonces que, las damas de estas tierras de tanto subir y bajar escalas y cerros desde temprana edad, vayan templando sus musculos y torneando su anatomia para transformarse en mujeres fuertes y sanas, de formas inquietantes producto de este trajin urbano para deleite de los varones y garantia de perpetuacion de la especie (esto dicho aún a riesgo de irritar al feminismo).
Para el visitante inexperto, el verdadero valparaiso se esconde en sus cerros. Cada ascensor traslada al pasajero a un mundo nuevo y cada viaje en ascensor lo eleva a una nueva aventura donde la sorpresa y lo magico se mesclan en una unidad indisoluble dificil de encontrar en otra parte del mundo. Magia y mitologia, mito y leyenda, realidad y fantasia se funden en Valparaiso. Algo de energia cosmica se esconde en sus cerros; por eso el visitante regresa una y otra vez a este centro urbano para empaparse de él y darle sentido a su vida con energias renovadas.
Hasta la proxima
Jorge Hernandez







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Zenia
¡Què hermoso sentido de pertenencia a un paìs se respira en esta crònica.