Por las versiones de prensa publicadas hoy, habría sido el ministro de Hacienda quien convenció a la presidenta Bachelet de que el Transantiago debía partir el 10 de febrero para no seguir aplazandolo.
Ambos sabían perfectamente que el sistema estaba notoriamente incompleto, casi inoperable, pero sacaron cuentas mezquinas acerca de las multas que el gobierno debería pagar a las empresas operadores si el plan no se echaba a andar ese triste 10 de febrero.
La decisión, inhumana, insensible, alejada de los ciudadanos, fué sencillamente que el estado no pagaría esos costos de la ineficiencia estatal y en cambio quienes deberían pagarlo, y lo están pagando dolorosamente, son los 6 millones de ciudadanos de Santiago que el 10 de febrero vieron como se les destruía las redes de transporte que a lo largo de décadas de experiencia se habían consolidado en sus barrios y poblaciones.
Esta inhumana decisión en contra de la gente, de iniciar el Tranchantiago el 10 de febrero, se aplica mientras el estado tiene no menos de 17 mil millones de dólares depositados en el extranjero sin saber todavía como gastarlos. Todo para tapar la enorme ineptitud de no haber sido capaces de terminar un sistema después de 4 o 5 años de trabajo.
Ahora se comprende porqué el cientísta político del PS Alfredo Joignant dijo (otros tambien lo han dicho) que la frase de la Michelle sobre el "Gobierno Ciudadano" no fué más que un slogan propagandístico de la campaña electoral. El nuevo slogan es ahora "Yo doy la cara" y con decir eso ponen cara de ser más inocentes que un recién nacido.


















Muy buen post...
Todo eso yo lo creo, pero de todas maneras...
Hay una frase popular que dice que el hilo se corta por la parte más delgada.
También tengo claro que el que si sabía de todo eso y que lamentablemente lo sacaron en el gobierno de lagos, es Germán Correa.
Ahora, el Transantiago, anda mal, nunca tan mal como dice la derecha, creo que en estos gobiernos de la concertación son muchas las cosas que andan mal para la gente, toda vez que cogobiernan con los grupos empresariales, muy a favor de éstos.
La derecha tenía una campaña ciega, a fines del año pasado, que era la corrupción, Chiledeportes, ahora, la agarraron con el Transantiago, ahí compartes contigo.Entiendo, tú estas en contra porque conoces del tema, del andar al interior de los equipos de trabajo del gobierno en ese asunto.
Yo he tomado el tema, desde la perspectiva de lo significa ese tremendo cambio, que debemos, comprender, colaborar, ser positivo, etc.
Ahora, para mí los temas importantes donde combato al gobierno son otros, Sobre los cuales pienso la gente sufre mucho más.
Al Transantiago le ha ayudado mucho, igual, las nuevas autopistas, las extensiones de Metro. , etc. Yo ando bastante en Metro, en eso me muevo y la gran congestión es solo a las horas de peak, las cuales podrían solucionar, con más trenes, aumento de frecuencia, etc.
Incluso, podría ir a una flexibilidad horaria de trabajo, con entrada libre, en Santiago, desde las 7 a la 10 de la mañana, eso ya les ayudaría mucho. Así el que llega a su trabajo hora y media antes, se puede ir hora y media, más temprano y así sucesivamente, Los bancos podrían abrir en Santiago de 10 a 15 horas. salidas tienen y bastantes, en fin.
Muchos saludos, Enrique.
Chile - unos pocos ganan mucho, con el sacrificio de tantos.
El costo de la ineptitud la están pagando los ciudadanos
Hay bastante consenso en que Germán Correa tenía y tiene la suficiente capacidad intelectual y experticia en el tema transporte público como para haber desarrollado un Plan de Transporte decente que habría tenido como objetivo ireemplazable la mayor satisfacción de los usuarios.
Desgraciadamente, Riacrdo Lagos prefirió poner a un amigo suyo del Metro, quien trató de que este Metro fuera la columna vertebral del Plan de Transporte, lo que contradecía la idea de Correa (un verdadero Coordinador del Plan) que prefería una malla de recorridos independiente del Metro.
Sabemos que Ricardo I prefirió a su amigo y Correa tuvo que irse. Este pequeño detalle, paradojalmente, marca exactamente el punto donde comienza la agonía de la Concertación y el fin de un exitoso proyecto histórico que tanto bien le HIZO al país.
Después de Correa comenzó el desfile de ministros, subsecreatrios, seremis metropolitanos, coordinadores y otros cuantos pajarracos favorecidos por el cuoteo imperante y no por sus capacidades profesionales, cuyos nombres casi nadie recuerda y cuyas acciones nadie recuerda, excepto, que por lo que vemos hoy día, sus omisiones, confusiones, arbitrariedades y errores que son más caudalosas que el río Baker.
La guinda de la torta son el "trío dinámico" (ministro, subsecre y el seremi), impertérritos y sonrientes, cual cornudos complacientes, frente a la indignación de los ciudadanos, trío de expertos no en hacer su trabajo sino que en "poner la cara" como lo predican a cada rato, agregando beatíficamente que "todo se arreglará algún día".
¿Puede concebirse una estupidez más grande que la de decir "no me interesan los plazos porque esto era para ayer". La verdad es que se cagó hasta al mismísimo Pinochet que decía "que no importaban los plazos sino las metas".
Pero el tema principal de mi artículo es la inmoralidad manifiesta de quienes se niegan contumazmente a reconocer la inutilidad de 4 o 5 años de trabajo en el diseño del Transantiago (que tuvo costos multimillonarios) y para evitarse el pago de las multas por atraso que deberían haberle pagado a las empresas operadoras, prefirieron que el costo de la ineficiencia la pagaran los ciudadanos, con todos los sufriemientos que todos conocemos (y que la sufren mis hijos, hermanos y sobrinos) echando a andar un proyecto absolutamente incompleto y mal diseñado, como fué advertido muy anticipadamente por muchos expertos.