El problema con el Transantiago, está en que en ninguna etapa se ha contemplado la opinión ni participación de quienes hacemos uso del transporte publico. Si se considera que fue precedido por la construcción de autopistas urbanas, que se adquirieron buses articulados especialmente incómodos (con muy pocos asientos y llenos de desniveles) y que estaban diseñados para transitar por vías segregadas aún inexistentes, uno concluye que todo este proyecto no fue diseñado para el beneficio de nosotros sus usuarios, sino de los automovilistas, quienes así disfrutarían de un desplazamiento vehicular más expedito. Pero ha sido tan mal ejecutado, que los únicos favorecidos han sido los taxistas. Bien por ellos.
Además, todo se ha hecho silenciando la responsabilidad de los principales ressponsables. Es así como frente al completo desbarajuste e ineficiencia del Administrador Financiero (AFT), ni el Gobierno ni la prensa cumplen con informarnos respecto del incumplimiento de las obligaciones por parte de Sonda y el Señor Navarro (que todavía no ponen en funcionamiento el sistema GPS, esencial en la concepción el Transantiago para la determinación de las frecuencias) y su eventual responsabilidad consiguiente, ni de la demanda en tribunales en que la empresa TIMM los acusa de plagio. Creo que todos merecemos una explicación.
En cuanto a la idea del Senador Navarro de designar un supra ministro que ponga orden, me pregunto si el nombre ideal no sería Ricardo Lagos, otorgándosele así la oportunidad de corregir la implementación del Transantiago, donde estribaría según él la causa del problema..., y, por ende, deducimos, su solución.
En todo caso y en un escenario más realista, me parece que el nombre indicado para reemplazar a Espejo, no es el autoritario Ravinet (recordemos el cierre de Los Cerrillos), sino el bien recordado Ministro Germán Correa, quien, para mal de todos, fue derrotado en su momento por la testartudez e influencia del Director del Metro de la época, uno de los principales responsables del actual desastre, ya que la priorización del Metro dejó sin construir la infraestructura necesaria para en buen funcionamiento del sistema.
Finalmente y en relación con la descontaminación acústica que ha producido el Transantiago (prácticamente, su único signo de eficiencia hasta el momento), ¿no sería coherente con ello que se nos liberara del suplicio que conlleva la música de sala de espera a alto volumen y acompañada de publicidad en los paseos peatonales, resabio de la política de apicantamiento del centro que practicó el ingenioso Lavín?.
En estos días, ha aparecido entre las Cartas al Director de El Mercurio, la opinión de un lector que nos increpaba por no apreciar lo que había mejorado la ciudad con el Transantiago, pudiendo él ahora, nos decía, lustrarse los zapatos en la Alameda mientras conversaba con el lustrabotas, debido al menor ruido. Desafortunadamente, no hacía alución alguna a la opinión de su lustrabotas respecto del progreso aportado por el Transantiago.
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