
Al Transantiago desde Villarrica con temor
Todas las noches, desde Villarrica y Pucón varios cientos de pasajeros se embarcan con rumbo a Santiago, sabiendo que allá las circunstancias ambientales ya no son como eran hasta hace un mes y medio.
Ya no saldrán del terminal santiaguino calmadamente a tomar el metro, o a esperar en la calle unos minutos para tomar el bus o el taxi colectivo que los lleve a destino. Ni siquiera podrán esperar confiados en que un pariente los vaya a recoger oportunamente en auto. A pesar del sensacionalismo de los medios de comunicación, se puede vislumbrar que hay serios problemas con el transporte público, tal como si un gran desastre natural hubiera afectado a la capital del Reyno de Chile donde la inmensa mayoría de la gente trata de normalizar sus actividades cotidianas levantándose 2 horas más temprano, caminando kilómetros para encontrar un medio de locomoción, viajando en un hacinamiento infrahumano y volviendo un par de horas más tarde de regreso a sus hogares.
Es difícil comprender cómo un gobierno que se auto proclama como “ciudadano” haya cometido tantos errores en el diseño e implementación de un Plan de Transporte Urbano, en el que muchos “expertos” han estado trabajando desde el año 2002, Plan que se suponía estaba destinado a mejorar la calidad de vida de los habitantes de Santiago y que al momento de su puesta en marcha ha desnudado crudamente la ineptitud de los equipos de tecnócratas y burócratas que después de cuatro años de trabajo y de derrochar presupuestos multimillonarios han sido incapaces de armar un proyecto decente.
Además, ha quedado en evidencia la irresponsabilidad de los ministros que promovieron, avalaron y autorizaron esta puesta en marcha de un proyecto defectuoso e incompleto en infraestructura y en apoyo computacional, ignorando las advertencias de muchos expertos que anticipadamente dijeron que el Transantiago no estaba operativo, y provocando que la presidenta Bachelet cometiera con su aprobación uno de los más grandes errores cometidos por un presidente en la historia de Chile.
Esa insensible decisión se tomó para evitar las multas que el estado tendría que haber pagado a las empresas operadoras por el atraso en la puesta en marcha.
A pesar de que el fisco tiene por lo menos 17 mil millones de dólares depositados en el extranjero, en vez de reconocer la ineficiencia en la gestión del proyecto Transantiago, el gobierno prefirió echar a andar el sistema, ahorrarse el pago de la multa y dejar que los costos los paguen con su sacrificio los millones de usuarios del transporte público, que de un sólo golpe el 10 de febrero de 2007 vieron destruídas las eficientes redes de transporte que con la experiencia de varias décadas habían logrado consolidar en los barrios y poblaciones periféricas.
Es cierto que la Alameda vacía de micros amarillas ahora se ve más bonita, pero esta solución es exactamente igual que el chiste de don Otto que vendió el sofá por que allí lo engañaba su mujer. También se justifica ahora cantar una vieja canción que en los setentas cantaba la Isabel Parra:
“Linda se ve la patria, señor turista
pero no le han mostrado las callampitas”
La señora Presidenta y los ministros responsables del caos generado deberían ahora reconocer que se equivocaron, luego deberían pedir perdón por el daño infringido a la población y, por sobre todo, deberían declarar una vez más lo que tanto han repetido antes: ¡NUNCA MÁS!.
Por Manuel Gross Osses
(Publicado en el diario El Correo del Lago, de Villarrica, el sábado 24 de marzo de 2007)
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