Sueños de un Humanista

Enviado por Ernesto Undurraga V. el 12/08/2008 a las 1:58
Ernesto  Undurraga  V.


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América Latina, víctima del imperialismo

No siempre se percibe que el subcontinente latinoamericano, cuyas riquezas potenciales son enormes, ha llegado a ser el principal campo de acción del imperialismo económico en los últimos 30 años. Datos recientes del Fondo Monetario Internacional nos informan que la cuenta de inversiones privadas de los países desarrollados en América Latina arroja un déficit en contra de ésta de 10 millones de dólares entre 1960 y 1970. En una palabra, esta suma constituye un aporte neto de capitales de esta región al mundo opulento, en diez años.

 

Chile se siente profundamente solidario con América Latina, sin excepción alguna. Por tal razón, propicia y respeta estrictamente la política de no intervención y de autodeterminación que aplicamos en el plano mundial. Estimulamos fervorosamente el incremento de nuestras relaciones económicas y culturales. Somos partidarios de la complementación y de la integración de nuestras economías. De ahí que trabajemos con entusiasmo dentro del cuadro de la ALALC y, como primer paso, por la formación del Mercado Común de los Países Andinos, que nos une con Bolivia, Colombia, Perú y Ecuador.

 

América Latina deja atrás la época de las protestas. Necesidades y estadísticas contribuyeron a robustecer su toma de conciencia. Han sido destruidas por la realidad, las fronteras ideológicas. Han sido quebrados los propósitos divisionistas y aislacionistas, y surge el afán de coordinar la ofensiva y la defensa de los intereses de los pueblos en el continente, y con los demás países en desarrollo.

 

Chile no está solo, no ha podido ser aislado

Chile no está solo, no ha podido ser aislado ni de América Latina ni del resto del mundo. Por el contrario, ha recibido infinitas muestras de solidaridad y de apoyo. Para derrotar los intentos de crear en torno nuestro un cerco hostil, se conjugaron el creciente repudio al imperialismo, el respeto que merecen los esfuerzos del pueblo chileno y la respuesta a nuestra política de amistad con todas las naciones del mundo.

 

En América Latina, todos los esquemas de cooperación o integración económica y cultural de que formamos parte, en el plano regional y subregional, han continuado vigorizándose a ritmo acelerado, y dentro de ellos nuestro comercio ha crecido considerablemente, en particular con Argentina, México y los países del Pacto Andino.

 

No ha sufrido trizaduras la coincidencia de los países latinoamericanos, en foros mundiales y regionales, para sostener los principios de libre determinación sobre los recursos naturales. Y frente a los recientes atentados contra nuestra soberanía, hemos recibido fraternales demostraciones de total solidaridad. A todos, nuestro reconocimiento.

 

Cuba socialista, que sufre los rigores del bloqueo, nos ha entregado sin reservas, permanentemente, su adhesión revolucionaria.

 

En el plano mundial, debo destacar muy especialmente que desde el primer momento hemos tenido a nuestro lado, en actitud ampliamente solidaria, a los países socialistas de Europa y de Asia. La gran mayoría de la comunidad mundial nos honró con la elección de Santiago como sede de la tercera UNCTAD y ha acogido con interés nuestra invitación para albergar la próxima conferencia mundial sobre el Derecho del Mar, que reitero en esta oportunidad.

 

La reunión a nivel ministerial de los países no alineados, celebrada en Georgetown, Guyana, en septiembre último, nos expresó públicamente su decidido respaldo frente a la agresión de que somos objeto por la Kennecott Cooper.

 

Chile es nación soberana

El CIPEC, organismo de coordinación establecido por los principales países exportadores de cobre: Perú, Zaire, Zambia y Chile, reunido recientemente en Santiago a solicitud de mi gobierno, a nivel ministerial, para analizar la situación de agresión en contra de mi patria creada por la Kennecott, acaba de adoptar varias resoluciones y recomendaciones trascendentales a los Estados. Ellas constituyen un apoyo sin reservas a nuestra posición y un importante paso dado por países del Tercer Mundo para defender el comercio de sus productos básicos.

 

Estas resoluciones serán seguramente material de importante debate en la Segunda Comisión. Sólo quiero citar aquí la categórica declaración de que todo acto que impida o entrabe el ejercicio del derecho soberano de los países a disponer libremente de sus recursos naturales, constituye agresión económica, que desde luego los actos de la compañía Kennecott contra Chile son agresión económica y, por lo tanto, acuerdan suspender con ella toda relación económica y comercial, y que las disputas sobre indemnizaciones en caso de nacionalización, son de exclusiva competencia de los Estados que las decretan.

 

Pero lo más significativo es que se acordó crear un mecanismo permanente de protección y solidaridad en relación al cobre. Esos mecanismos, junto con la OMPEP que opera en el campo petrolero, son el embrión de lo que debiera ser una organización de todos los países del Tercer Mundo para proteger y defender todos los productos básicos, tanto los mineros e hidrocarburos como los agrícolas.

 

La gran mayoría de los países de Europa Occidental, desde el extremo norte con los países escandinavos hasta el extremo sur, con España, ha incrementado su cooperación con Chile y nos ha significado su comprensión. ésta nos fue evidenciada en el proceso de renegociación de nuestra deuda.

 

Y, por último, hemos visto con emoción la solidaridad de la clase trabajadora mundial, expresada por sus grandes centrales sindicales y manifestada en actos de hondo significado, como fue la negativa de los obreros portuarios de El Havre y Rotterdam a descargar el cobre de Chile, cuyo pago ha sido arbitrario e injustamente embargado.

 

El nuevo panorama de la política

Señor presidente, señores delegados: He centrado mi exposición en la agresión a Chile y en los problemas latinoamericanos y mundiales que a ella se conectan, ya sea en su origen o en sus efectos. Quisiera ahora referirme brevemente a otras cuestiones que interesan a la comunidad internacional.

 

No voy a mencionar todos los problemas mundiales que están en el temario de esta asamblea. No tengo la pretensión de avanzar soluciones sobre ellos. Esta asamblea está trabajando afanosamente desde hace más de dos meses en definir y acordar medidas adecuadas. Confiamos en que el resultado de esta labor será fructífero. Mis observaciones serán de carácter general y reflejan preocupaciones del pueblo chileno.

 

Con ritmo acelerado se transforma el cuadro de la política internacional que hemos vivido desde la posguerra, y ello ha producido una nueva correlación de fuerzas. Han aumentado y se han fortalecido centros de poder político y económico. En el caso del mundo socialista, cuya influencia ha crecido notablemente, su participación en las más importantes decisiones de política en el campo internacional es cada vez mayor. Es mi convicción que no podrán transformarse las relaciones comerciales y el sistema monetario internacionales -aspiración compartida por los pueblos-, si no participan plenamente en ese proceso todos los países del mundo y, entre ellos, los del área socialista. La República Popular China, que alberga en sus fronteras a casi un tercio de la humanidad, ha recuperado, después de un largo e injusto ostracismo, el lugar que es el suyo en el foro de las negociaciones multilaterales y ha entablado nexos diplomáticos y de intercambio con la mayoría de los países del mundo.

 

Se ha ampliado la Comunidad Económica Europea con el ingreso del Reino Unido de Gran Bretaña y otros países, lo que le da un peso mayor en las decisiones, sobre todo en el campo económico.

 

El crecimiento económico del Japón ha alcanzado una velocidad portentosa.

 

El mundo en desarrollo económico está adquiriendo cada día mayor conciencia de sus realidades y de sus derechos. Exige justicia y equidad en el trato y que se reconozca el lugar que le corresponde en el escenario mundial. Motores de esta transformación han sido, como siempre, los pueblos, en su progresiva liberación para convertirse en sujetos de la historia. La inteligencia del hombre ha impulsado vertiginosos progresos de la ciencia y de la técnica. La persistencia y el vigor de la política de coexistencia pacífica, de independencia económica y de progreso social que han promovido las naciones socialistas, ha contribuido decisivamente al alivio de las tensiones que dividieron al mundo durante más de veinte años y ha determinado la aceptación de nuevos valores en la sociedad y en las relaciones internacionales.

 

La rebelión de los pobres

Saludamos los cambios que traen promesas de paz y de prosperidad para muchos pueblos, pero exigimos que participen de ellas la humanidad entera. Desgraciadamente, estos cambios han beneficiado sólo en grado mezquino al mundo en desarrollo. éste sigue tan explotado como antes. Distante cada vez más de la civilización del mundo industrializado. Dentro de él bullen nobles aspiraciones y justas rebeldías, que continuarán estallando con fuerza creciente.

 

Manifestamos complacencia por la superación de la guerra fría y por el desarrollo de acontecimientos alentadores: las negociaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos, tanto respecto al comercio como al desarme; la concertación de tratados entre la República Federal Alemana, la Unión Soviética y Polonia; la inminencia de la Conferencia de Seguridad Europea; las negociaciones entre los dos Estados alemanes y su ingreso prácticamente asegurado a las Naciones Unidas; las negociaciones entre los gobiernos de la República Popular Democrática de Corea y de la República Coreana, para nombrar los más promisorios. Es innegable que en el área internacional hay treguas, acuerdos, disminuciones de la situación explosiva.

 

Pero hay demasiados conflictos no resueltos, que exigen la voluntad de concordia de las partes, o la colaboración de la comunidad internacional y de las grandes potencias. Continúan activas las agresiones y disputas en diversas partes del mundo: el conflicto en el Medio Oriente, el más explosivo de todos, donde todavía no ha podido obtenerse la paz, según lo han recomendado resoluciones de los principales órganos de las Naciones Unidas, entre ellas la resolución 242 del Consejo de Seguridad; el asedio y la persecución contra Cuba; la explotación colonial; la ignominia del racismo y del apartheid; el ensanchamiento de la brecha económica y tecnológica entre países ricos y pobres.

 

Habrá paz en Vietnam porque ya nadie duda de la inutilidad de esta guerra

 

No hay paz para Indochina, pero tendrá que haberla. Llegará la paz para Vietnam. Tiene que llegar porque ya nadie duda de la inutilidad de esta guerra monstruosamente injusta, que persigue un objetivo tan irrealizable en estos días como es imponer, a pueblos con conciencia revolucionaria, políticas que no pueden compartir porque contrarían su interés nacional, su genio y su personalidad.

 

Habrá paz. Pero, ¿qué deja esta guerra tan cruel, tan prolongada y tan desigual? El saldo, tras tantos años de lucha cruenta, son sólo la tortura de un pueblo admirable en su dignidad, millones de muertos y de huérfanos, ciudades enteras desaparecidas, cientos de miles de hectáreas de tierras asoladas, sin vida vegetal posible; la destrucción ecológica; la sociedad norteamericana conmovida; miles de hogares sumidos en el pesar por la ausencia de los suyos. No se siguió la ruta de Lincoln.

 

Moraleja bélica

Esta guerra deja también muchas lecciones. Que el abuso de la fuerza desmoraliza al que la emplea y produce profundas dudas en su propia conciencia social. Que la convicción de un pueblo que defiende su independencia lo lleva al heroísmo y lo hace capaz de resistir la violencia material del más gigantesco aparato militar y económico.

 

Hacia una nueva etapa en el orden Internacional

El nuevo cuadro político crea condiciones favorables para que la comunidad de las naciones haga, en los años venideros, un gran esfuerzo destinado a dar renovada vida y dimensión al orden internacional.

 

Dicho esfuerzo deberá inspirarse en los principios de la Carta y en otros que la comunidad ha ido agregando, por ejemplo: los de la UNCTAD. Como lo hemos dicho, tres conceptos fundamentales que presiden las responsabilidades entregadas a las Naciones Unidas debieran servirle de guía: el de la seguridad colectiva económico-social y el del respeto universal a los derechos fundamentales del hombre, incluyendo los de orden económico, social y cultural, sin discriminación alguna.

 

Damos particular importancia a la tarea de afirmar la seguridad económica colectiva, en la cual tanto han insistido recientemente Brasil y el secretario general de las Naciones Unidas.

 

Apoyo a la tesis mexicana

Como paso importante en esta dirección, la organización mundial cuanto antes debiera hacer realidad la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, fecunda idea que llevó el Presidente de México, Luis Echeverría, a la tercera UNCTAD. Como el ilustre mandatario del país hermano, creemos que no es posible un orden justo y un mundo estable en tanto no se creen obligaciones y derechos que protejan a los Estados débiles.

 

La acción futura de la colectividad de naciones debe acentuar una política que tenga como protagonista a todos los pueblos. La Carta de las Naciones Unidas fue concebida y presentada en nombre de nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas.

 

La acción internacional tiene que estar dirigida a servir al hombre que no goza de privilegios sino que sufre y labora: al minero de Cardiff, como al fellah de Egipto, al trabajador que cultiva el cacao en Ghana o en Costa de Marfil como al campesino del altiplano en Sudamérica; al pescador en Java, como al cafetalero de Kenya o de Colombia. Aquélla debiera alcanzar a los mil millones de seres postergados a los que la colectividad tiene la obligación de incorporar al actual nivel de la evolución histórica y reconocerle el valor y la dignidad de persona humana, como contempla el preámbulo de la Carta.

 

Es tarea impostergable para la comunidad internacional asegurar el cumplimiento de la estrategia para el segundo decenio del desarrollo y poner este instrumento a tono con las nuevas realidades del Tercer Mundo, y con la renovada conciencia de los pueblos.

 

La disminución de la cooperación y el entendimiento exigen y permiten simultáneamente reconvertir las gigantescas actividades destinadas a la guerra en otras que impongan, como nueva frontera, atender las inconmensurables carencias de todo orden de más de dos tercios de la humanidad. De modo tal que los países más desarrollados aumenten su producción y empleo en asociación con los reales intereses de una auténtica comunidad internacional.

 

El derecho del mar territorial

La presente asamblea deberá concretar la realización de la Conferencia Mundial para establecer el llamado derecho del mar; es decir, un conjunto de normas que regulen de modo global todo lo referente al uso y explotación del vasto espacio marino, comprendiendo su subsuelo. Es ésta una tarea grandiosa y promisoria para las Naciones Unidas, porque estamos frente a un problema del cual recién la humanidad, como un todo, adquiere conciencia y aún muchas situaciones establecidas pueden conciliarse perfectamente con el interés general. Quiero recordar que cupo a los países del extremo sur de América Latina -Ecuador, Perú y Chile-, iniciar hace justo 20 años esta toma de conciencia, que culminará con la adopción de un tratado sobre el derecho al mar. Es imperativo que ese tratado incluya el principio aprobado por la tercera UNCTAD sobre los derechos de los Estados ribereños a los recursos dentro de su mar jurisdiccional y, al mismo tiempo, cree los instrumentos y los mecanismos para que el espacio marino extra-jurisdiccional sea patrimonio común de la humanidad y sea explotado en beneficio de todos por una autoridad internacional eficaz.

 

Abierto a todo diálogo

He traído hasta aquí la voz de mi país, que está unido frente a las presiones externas. Un país que pide comprensión. La merece, porque siempre ha respetado los principios de autodeterminación y ha observado estrictamente el de no intervención en los asuntos internos de otros Estados. Nunca se ha apartado del cumplimiento de sus obligaciones internacionales y ahora cultiva relaciones amistosas con todos los países del orbe. Cierto es que con algunos tenemos diferencias, pero no hay ninguna que no estemos dispuestos a discutir, utilizando para ello los instrumentos multilaterales o bilaterales que hemos suscrito. Nuestro respeto a los tratados es invariable.

 

Señores delegados:

He querido reafirmar así, enfáticamente, que la voluntad de paz y cooperación universales es una de las características dominantes del pueblo chileno. De ahí la resuelta firmeza con que defenderá su independencia política y económica y el cumplimiento de sus decisiones colectivas, democráticamente adoptadas en el ejercicio de su soberanía.

 

Se perfila la victoria

En menos de una semana acaban de ocurrir hechos que convierten en certeza nuestra confianza de que venceremos pronto en la lucha entablada para alcanzar dichos objetivos: el fallo del tribunal de París, levantando el embargo decretado respecto al valor de la venta de nuestro cobre; la franca, directa y cálida conversación sostenida con el distinguido presidente del Perú, Velasco Alvarado, quien reiteró públicamente la solidaridad plena de su país con Chile ante los atentados que acabo de denunciar ante ustedes; los acuerdos del CIPEC que ya cité, y mi visita a México.

 

México reconfortó a Salvador Allende

Me faltan palabras para describir la profundidad, la firmeza, la espontaneidad y la elocuencia del apoyo que nos fue brindado por el gobierno y el pueblo mexicano. Recibí tales demostraciones de adhesión del presidente Echeverría, del Parlamento, las universidades y sobre todo del pueblo -expresándose en forma multitudinaria-, que la emoción todavía me embarga y me abruma por su infinita generosidad.

 

Vengo reconfortado porque, después de estas experiencias, sé ahora, con certidumbre absoluta, que la conciencia de los pueblos latinoamericanos acerca de los peligros que nos amenazan a todos, ha adquirido una nueva dimensión, y que ellos están convencidos que la unidad es la única manera de defenderse de este grave peligro.

 

Cuando se siente el fervor de cientos de miles y miles de hombres y mujeres, apretándose en las calles y plazas para decir con decisión y esperanza: Estamos con ustedes, no cejen, ¡vencerán!, toda duda se disipa, toda angustia se desvanece. Son los pueblos, todos los pueblos al sur del río Bravo, que se yerguen para decir ¡basta!, ¡basta! a la dependencia, ¡basta! a las presiones, ¡basta! a las intervenciones; para afirmar el derecho soberano de todos los países en desarrollo a disponer libremente de sus recursos naturales.

 

Existe una realidad hecha voluntad y conciencia en más de 250 millones de seres que exigen ser oídos y respetados.

 

Cientos de miles y miles de chilenos me despidieron con fervor al salir de mi Patria y me entregaron el mensaje que he traído a esta Asamblea mundial. Estoy seguro que ustedes, representantes de las naciones de la tierra, sabrán comprender mis palabras. Es nuestra confianza en nosotros lo que incrementa nuestra fe en los grandes valores de la Humanidad, en la certeza de que esos valores tendrán que prevalecer, no podrán ser destruidos.

* Fuente: http://www.abacq.net/imagineria/

 



 

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