
Me entero por el diario La Tercera
de algunas experiencias interesantes que están ocurriendo en Chile
respecto del manejo de la violencia escolar, asunto que he venido
tratando permanentemente en el último año.
Me entero, por ejemplo, que el Colegio Calasanz,
de los Padres Escolapios, se desarrollan talleres de 1º a 6º Básico
para controlar la agresividad, en dicho talleres hay 240 niños
actualmente:
“Cada vez que tengo rabia o pena, respiro profundo tres veces,
cuento desde el 10 hacia atrás, pienso en cosas positivas o que me
calmen y así llego a la razón de qué fue lo que me causó la pena o
rabia. Me ha servido mucho, antes era muy insegura”, dice María José,
nueve años, de cuarto año básico.
Este establecimiento confesional de Ñuñoa importó el programa Me Educo,
aplicado en 21 países del que se han beneficiado unos 10 millones de
escolares. Bien por ellos, es un tema que hay que incorporar a nuestras
prácticas pedagógicas.
Pero no es el único. Otros establecimientos particulares, como los
colegios San Esteban, San Felipe, y San Nicolás han aplicado programas
similares. A ellos se suman otros cinco colegios municipales, que
trabajan con la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile; y más
de 15 establecimientos que trabajan con el programa Valoras de la U.
Católica. Todos con un objetivo: enseñar a sus alumnos a controlar la
agresividad y a desarrollar el autocontrol y la empatía.
Lamentablemente, como hemos ido viendo en reiteradas ocasiones en este
sitio y otros similares, nuestros jóvenes y niños están muchos más
violentos que antes, entre los expertos existe consenso de que, en una
sociedad más agresiva, los niños no pueden escapar del fenómeno. A la
etapa egocéntrica, normal en los primeros años de vida, se agrega una
sociedad más individualista y niños criados en familias más pequeñas,
donde las ocasiones de socializarse son menores, más aún si sus padres
trabajan todo el día. El resultado previsible son niños menos
acostumbrados a compartir su espacio, tiempo, medios y necesidades, con
baja tolerancia a la frustración y mayores dificultades para expresar
sus emociones. “Están más acostumbrados a obtener todo en forma rápida, y si no lo logran, se mueven, se paran o se enojan”, dice Blanca Michaela, profesora del Calasanz, en el diario mencionado.
Según el único sondeo sobre el estado de salud mental de los escolares
del país -realizado por la Junaeb (1)-, el 18% de los niños de primero
básico tiene problemas de conducta, como excesiva agresividad o
timidez. “Se
observa un acortamiento de la infancia, cambian sus intereses antes de
tiempo y es más común la agresión en niños más pequeños”, dice
Mónica Llaña, socióloga de la Universidad de Chile, a cargo del
programa que busca mecanismos de solución de conflictos al interior de
los colegios. No es de extrañar entonces que cuando se sienten
agredidos, dos de cada 10 reacciona con un insulto; el 15,7% con un
golpe, y el 17,9% lo hace con la misma agresión, según el estudio de
violencia escolar que data de 2005.
Lamentablemente, en medio de las múltiples dificultades de nuestra
educación pública, este tema ha ido pasando por alto en cuanto a
implementar estrategias que vayan más allá de lo meramente punitivo que
no resuelve nada. Por cierto que en el ámbito particular los colegios
se han visto en la necesidad de enfrentar el problema, ya que -hay que
reconocerlo- siempre están buscando las mejores maneras de satisfacer a
sus alumnos y apoderados en temas de tanta relevancia como este.
El pronóstico, a simple vista, es sencillo: mientras más niños
violentos e incapaces de controlar sus emociones, peor es el clima que
se vive dentro del aula; los profesores pierden más tiempo en ordenar a
los niños, en desmedro del tiempo para aprender; hay mayores casos de
microviolencia, la antesala del bullying; y se logran peores resultados
académicos. De allí a la violencia, apenas dos pasos.
Otro colegio que ha encarado el asunto con métodos que han ido
adaptando hasta convertirlos en una visión y una estrategia propia es
el Altamira,
institución que ya nos tiene acostumbrados a dar una nueva mirada a lo
que ocurre en las salas de clases y a cómo enfrentar con mayores
posibilidades de éxito, el trabajo académico. En este punto específico
han implementado talleres de mediación escolar que han probado su
eficacia, pese a estar aún una experiencia en desarrollo.
Con distintos matices y metodologías, tanto el programa de la
Universidad de Chile, como el de la Católica, el del Colegio Altamira y
el del Calasanz buscan que los niños identifiquen sus emociones, para
luego controlarlas.
Actividades, por ejemplo, como elaborar fichas que abordan temas
específicos, por ejemplo, el miedo. A partir de las cuales, los niños
desarrollan un debate sobre las situaciones que han vivido; luego
realizan una interpretación de una situación puntual y cambian de
roles, lo que les permite empatizar con el otro. El último paso es una
reflexión sobre el problema.
Los seminarios socráticos sobre estema, implementados en algunos cursos
del Colegio Alexander Fleming, también son un punto de partida
interesante.
Por cierto que estas actividades deben involucrar no solo a los alumnos
y profesores sino que, además, a los padres y a todo el personal del
Colegio. Deben constituirse en una actividad que cruce todos los
estamentos para, de ese modo, poder fructificar.
La elaboración consensuada, incluyendo a los representantes de los alumnos, como en el Altamira, de
las normas de convivencia escolar son un buena forma de darles
significación y mayores posibilidades de ser cumplidas, en eso el
Colegio Reyes Católicos de Santiago y el Cristóbal Colón, de Conchalí,
han tenido muy buenas experiencias.
En el colegio Reyes Católicos, las anotaciones descendieron en un
tercio y las visitas a inspectoría a la mitad; en el Calasanz, si bien
no llevan una estadística, reconocen que han disminuido las burlas y
sobrenombres -los problemas más típicos de los primeros años de básica-
y hasta la materia se pasa más rápido, porque hay menos interrupciones
en el aula. “El
cambio se nota hasta en situaciones cotidianas: si antes dos niños se
peleaban en el patio, los profesores los separaban, anotaban y
castigaban. Hoy los propios menores han aprendido a preguntarse a sí
mismos las razones y a arreglarse”, dice Marcela Gutiérrez, directora del primer ciclo básico del colegio de Ñuñoa.
También los padres han sentido el progreso. En casa, los niños les
enseñan a los papás los métodos de respirar y contar desde el 10 hacia
atrás cuando se enojan o a hablar mirándose a los ojos.
También los resultados académicos han mejorado. En el Cristóbal Colón,
por ejemplo, desde que participaron del programa de la UC, en 2003, han
subido en el Simce 59 puntos en lenguaje y 62 en matemáticas.
Entonces, el resto de los diez mil colegios y escuelas en Chile, ¿qué
esperan? Por cierto no hay que esperar que el Mineduc baje del Olimpo y
nos soluciones el problema, deben nosotros asumir el liderazgo
académico que ello requiere e impulsar este trabajo al interior de
nuestras unidades educativas.
De nosotros depende.
Notas:
(1) JUNAEB, Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas
prof. Benedicto González Vargas
Otros temas relacionados:
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Vandalismo y exhibicionismo tecnológico: un ejemplo de lo que no queremos ver.
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Educación y Emprendimiento: Enseñando a negociar.
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Quizas también haya que meter mas deporte al curriculum o a las actividades extraprogramaticas, para que asi los chicos liberen ese estres mental y anden demasiado cansados como para meterse en problemas :)
Saludos!
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Prensa Libre!
http://www.nyn.cl
es el gran pecado de la Jornada Escolar Completa, no hay más horas de deportes por razones prácticas, cualquiera que haya hecho alguna vez un horario escolar, sabe que las horas no calzan y el Mineduc nunca ha asumido ese error.
Saludos,
prof. Benedicto González Vargas
Hola Benedicto, gracias por el artículo, es bastante clarificador y noticioso. En qué consiste el programa socrático??? en el Alexander Fleming...
Saludos, Paola Fadic
aunque los programas que he visto no me gustan, están un poco demodé. La metodología de aula socrática o seminarios socráticos es un gran aprte que trajo a Chile la Fundación Mustakis y que algunos colegios lo han implementado. Es difícil de explicar en pocas palabras, así que te dejo un enlace,
saludos,
prof. Benedicto González Vargas
Saludos!
Nos pareció muy interesante el artículo.
En el último tiempo hemos podido notar un incremento en la agresividad de los escolares, y nos enteramos de ellos por distintas vías (diarios, televisión, internet, etc). Nuestra pregunta es la siguiente: ¿Realmente habrán aumentado los niveles de violencia escolar, o simplemente aumentaron el número de canales informativos mediante los cuales nos enteramos de estos hechos?. A mi me da laimpresión que es un poco de ambos.
Atte.
Cristhian Silva S.
Miembro del Equipo Aprendiendo a Crecer
http://aprendiendoacrecer.bligoo.com/
es un poco de ambos, pero la tecnología ha ayudado a que el fenómeno sea más visible.
prof. Benedicto González Vargas