No sé qué escribir,
sólo sé que quiero escribir. Ya lo tengo, atraparé todos mis pensamientos, los más cercanos y
los más lejanos, los más simples y los más complejos, los más superficiales y
los más profundos y de entre todos estos contenidos abstractos tomaré uno para
comunicar y publicarlo. Recogeré el más claro, el que pueda fundamentar con un argumento. Ya sé, hablaré de la regla
de oro, es decir, del principio ético más básico y a la vez más trascendente. Trata al otro como deseas ser tratado,
formulado en negativo,como no hagas a otro lo que no quieres que hagan
contigo.
Iré por parte, todos queremos ser tratados bien, por lo tanto hay que tratar bien, para recibir de vuelta ese bien. Incluso cuando a alguien se le desea mal o nos cae mal se le puede tratar bien. ¿Qué quiere decir esto? Que si buscamos y tenemos como sentido de la vida encontrar el bien, sentirnos bien y actuar bien, es posible incluso transformar una situación conflictiva y fastidiosa en un bien. Es un asunto de mirada, de disposición, de intención y en definitiva de voluntad, de buena voluntad. Se trata de ponerse los zapatos del otro, o sea de ponerse en su lugar, de entender al otro a través de la propia experiencia, entonces, si uno busca la identificación con el qué hacer del otro, porque ha vivido lo mismo, porque ha sido así como él o ella, es posible reconciliarse con éste. Es la capacidad de la empatía, que al desarrollarla se descubre que tiene pasos, en el sentido que tiene un resultado, porque después que uno siente al otro, no sólo se pone en su lugar, sino que también se reconcilia.
Pues bien, ahora escribiré sobre la proporción. Las cosas están bien cuando marchan en conjunto,no aisladamente. Es decir, una cosa marchará bien si está unida a otra que también marcha bien y dos cosas marcharán bien si están unidas a una tercera que esté bien. En otras palabras, si impulsados por un objetivo, desacomodamos toda nuestra vida, el logro del resultado buscado se verá sometido a numerosos accidentes y si se consigue tendrá amargas consecuencias. Por ejemplo, si para obtener dinero desacomodamos nuestra salud, es posible que surgan ciertos accidentes. Que no logremos el resultado buscado o que si lo obtenemos será con el costo de perder la salud.
Finalmente, trataré la acción inmediata. Sí persigues un fin te encadenas.Si todo lo que haces lo realizas como si fuera un fin en sí mismo, te liberas. Un fin, una meta, hace ver que todo lo demás sólo sea un accesorio y entonces las cosas pierden valor, aunque, por otro lado no se trata de no ponerse metas o fines, ya que toda planificación de una actividad se realiza en base a fines. Todos los pasos que conducen al fin, eso si, hay que considerarlos positivamente y verlos como pequeños fines, de otro modo, si se los ve como intermediarios más bien provocan desagrado y sufrimiento y, por lo tanto, si es que el fin se logra pierde sentido, por el sufrimiento invertido en los pasos.



















la empatìa
es la soluciòn a los problemas del mundo...
Y perseguir un fin es agotador , ademàs q te obliga a vivir en una constante frustraciòn ..una vez escuchè a un alcoholico anònimo decir que no habìa dejado de beber para siempre , para nunca màs , que el futuro no le preocupaba ..pues habìa aprendido que al terminar el dìa el fuese capaz de decir :bien , muy bien , otor dìa sin beber .....creo q la vida es un poco eso ,,
saludos ,,