Los niños marcharon alegres una mañana gris del mes de marzo. Iban a una aventura asombrosa: sembrar un árbol. Los más pequeños habían tomado la precaución de traer adultos junto con las herramientas: picas, palas y barretones. Nombres raros para una actividad rara.
Los más distraídos de la ciudadela TERRANOVA se enteraron que esta legión de muchachos con sombrero y gorras para el sol, iban de siembra. Los delató la risa y el juego, el ritmo frenético de la pisada que quiere llegar y tocar la húmeda tierra y el resbaloso fango. A su paso, las miradas fueron de curiosidad y envidia por aquello que todos queremos perpetuarnos en esa edad de la vida en que todas las emociones son ciertas y nuevas.
La primera estación fue la cancha de fútbol, una extensión inmensa de tierra con dos arcos ubicada en el sector C. Tímidos pero bullosos atravesaron el campo con dirección a los extremos. La idea era plantar unos arbustos de protección en unos huecos de cuarenta centímetros por cuarenta para que, cuando grandes, estos sirvieran como cerramiento natural y barrera de protección ambiental al campo deportivo. Allí los esperaba ya, sudoroso y alegre, un campesino que a medida que iba sembrando, les enseñó la técnica y el nombre de los árboles. A Johan y a Andrés Felipe se les grabó el tambor, un árbol que ellos imaginaron con frutos de instrumentos musicales.
En ese lapso de tiempo que las profesoras programaron para la actividad, los niños aprendieron que las plantas comen por la raíz y necesitan del agua para vivir, que la tierra está viva y nos prodiga alimento, que los árboles viven de pie y nos miran respirar su propia transpiración benéfica. En la zona verde del sector B, frente a la PTAP, los padres y los niños conocieron la forma de proteger los árboles mediante cercos hechos con guadua, el material de construcción más abundante de estas tierras. Se les dijo, entre otras cosas que los adultos de este sector querían estas plantas y su obra había sido efectuada con amor.
Los niños y los adultos se fotografiaron y sonrieron nuevamente. Quizás en la noche sus sueños se poblaron de colores y vuelos de aves y creyeran que eran nidos. Quizás otros, más profundos, despertaron al día siguiente revisándose los pies, que ahora eran como raíces ambulantes camino a la calle.
Una posible y primera interpretación!!
Danielito: Me gusta la simpleza, la belleza y lo sugerente del texto. No sé si es ficción, si es una crónica, pero no importa. Me recordó la conexión inherente del ser humano con la tierra...entonces, si esto mismo, lo interpretamos da cuenta de que todas las certezas con que vamos por el mundo están plantadas, están inter-conectadas, como los árboles con la tierra!.
Saludos, Paola.
Paola, si es la crónica de la energia
De la tierra y de lainocencia de los niños. Muy chévere que te haya tocado esa fibra con la que las mujeres se conectan con màs facilidad. Gracias. D