Esa tarde la lluvia me invitaba a caminar, como lo hacía antes, cuando mi paso era firme y la humedad me calaba los huesos, haciéndome sentir en cada poro el apasionamiento de un presente que, entonces, inundaba mi ánimo de otros días por venir. Mientras el cielo se desmoronaba en inquietantes tañidos, recordaba la obstinación de cada paso, la tensión y la impaciencia de los músculos, el torrente de la sangre agolpándose en cada movimiento, y la vida, diseminándose como esas gotas leves que se demoraban en impregnar las baldosas, desfiando la gravedad, como lo hacían por aquellos días mis sueños. Pero esa tarde, la lluvia sólo mojaba y el relente parecía una fría cuchilla removiendo con alevosía una vieja herida. ¿Acaso esas calles no eran las mismas? ¿Acaso la necesidad de sentir el estremecimiento de la vida, no era tan apremiante como antes? La lluvia sólo mojaba y las veredas ofrecían barro, restos de basura diseminados por los perros y charcos, como turbios espejos que se resquebrajaban, mezclando partes de mi imagen con el verdín y el hollín, como consecuencia de cada paso, involuntariamente mal calculado. El frío entorpecía aún más mi andar. ¿Hacia dónde habían partido los pasos firmes e impetuosos de antaño? ¿Qué esquina habrá atesorado la resonancia de nuestras voces y sus proclamas? ¿Por qué no podía libertar los vestigios de aquellas fantasmagorías de entre el asfalto y el alquitrán agrietado? ¿Así debía ser el destierro del amor y la esperanza? ¿Debía irremediablemente ser como un navajazo en las articulaciones, como una esquirla incrustada en la planta de los pies o como un desesperante y persistente peregrinar hacia ninguna parte? La lluvia sólo mojaba y la herida dolía, como duele el desamparo, como duele el hambre, como duele la indiferencia o como duele ver a la verdad alejarse porque alguien demora la justicia. La lluvia sólo mojaba y recordaba otras lluvias con retumbos de pelota en los potreros, con rezongos de viejas veletas oxidadas y árboles asilando pájaros desorientados, como lo hicieran luego aquellas otras lluvias posteriores ,que ofrecían sus velos de agua para que pudiéramos cobijar besos y piel deslizándose mansamente por los vidrios, para resguardar la intimidad de nuestros anhelos, entrañablemente abrazados. ¿Así debía ser la defunción del amor? ¿Como el agua despegando las promesas de los afiches callejeros o como las paredes que se descascaran por el salitre que aflora y las corroe o como la indeseable inundación que hace visible las miserias que negamos? ¿Tendría necesariamente que doler como esta pierna mal soldada o como este corazón apuñalado que se niega a cicatrizar? La lluvia sólo mojaba y lastimaba. Dolía. Como dolía recordar tu pelo mojado y tu sonrisa poblada de ternuras o como dolían aquellas viejas canciones, aquellos versos urgentes y clandestinos o tu piel, cubriendo de lavandas y violetas mi deseo. ¿Así debía ser el funeral de los sueños? ¿Como un desfile persistente de fragmentos de vida entre la niebla? ¿Cómo ver pasar desde la vereda de enfrente el propio cadáver encabezando el cortejo mortuorio o como admitir que el costurón aún supura pestilentes padecimientos que nadie advierte? ¿Dónde estaba esa tarde el vapor de tu aliento? ¿Dónde se habrían refugiado tus manos, mientras la lluvia clavaba en la piel sus gotas frías como astillas? ¿Estarías demorada en los enmohecidos vestigios del engrudo que sostenía aquellas siluetas mutiladas que, desde las rezumantes paredes de un túnel peatonal clamaban con silenciosa elocuencia por recuperar desde la memoria, su existencia? ¿Estarías refugiada en la salmodia de aquella letanía de saxo que Gerry Mulligan tocaba para nosotros en la soledad de nuestra alquimia, mientras Piazzolla, respetuoso de tanto prodigio, arrancaba suspiros de su bandoneón? Llovía. Ácida y tozudamente llovía y mientras el agua me difuminaba en brumas, te reclamaba entrañablemente compañera y caminaba, entre agua e inmundicias urbanas caminaba como en una ronda de jueves, para mantenerte desgarradoramente viva, a pesar de mi muerte.







Fernando, un profundo articulo el que no estoy acostumbrado a leer muy seguido, la parte que se me enrreda es donde hay tema amor, creo que por mi frialdad frente al amor tradicional no me permite digerir esa parte, pero no significa por nada un desmerecimiento a tu texto, al contrario me dejo pegado, voy a leerlo nuevamente para comprender su linea, felicitaciones y gracias por la oportunidad.