carlos delfante

Los Pilares del Odio y la Humillación

Claro que no es lo mismo haber nacido en Francia en 1760 que en Etiopia en 1936, o en la Rusia de 1531 que en Roma cien años antes de Cristo; porque aunque la naturaleza humana sea básicamente la misma, no puede ser igual ni la vida ni la muerte antes o después de la penicilina que de poco servirá aun hoy si uno vive en el interior de la selva africana alejado de toda posibilidad sanitaria y medicinal.

Por lo tanto, ser judío pudo significar sentencia de muerte durante el nazismo, y ser cristiano el camino directo al martirio en la Roma imperial. De igual modo, ser negro en el continente africano era preferible a serlo en las colonias europeas o americanas cargado de cadenas y con la espalda llagada por los latigazos del amo. Y no es igual un negro en la Norteamérica pre Kennedy que en la actualidad. Basta con preguntárselo a Obama.

Pero cerrar orejas a las opiniones de los otros, parece ser una necesidad y así lo demuestran mandatarios, políticos y funcionarios de la política vernácula e internacional que no saben o no quieren corregir el rumbo a pesar de las más contundentes y trágicas catástrofes provocadas por su empecinamiento y ambición de poder.

Claro, hay que saber separar la paja del trigo, y por veces a uno le dan ganas de hacer una abstracción de los problemas que nos agobian y se abaten sobre el país, postrándonos con ensimismamiento ante la incertidumbre paralítica inversa a la justicia, o inclusive sobre los obstáculos a la libertad de expresión, o por los temores decurrentes por la falta de visión de un gobierno que se cree predestinado por algún dios divino, pero que nos deja con la impresión de que nos está conduciendo a un abismo.

Por ello, es que algunas veces me dan ganas de cerrar los ojos a todos esos descalabros e incertidumbres que se descortinan en nuestro cotidiano político, y entonces sólo dedicarme a pensar en las cosas buenas de la vida, que indudablemente las tiene.

Sin embargo, necesito encontrar una respuesta coherente para una pregunta que me importuna: ¿Realmente quienes encabezan el Gobierno y el partido que lo sostiene, alguna vez dijeron tener corazones ardientes, manos limpias y mentes lúcidas?

Empero, la consigna de los cabecillas del momento, a la luz de lo que se vive, me da la impresión de que ahora es otra cosa: odio cerril, venganza en los actos y humillación para el adversario. Por primitiva que sea esta tríada, no hay dudas de que la misma constituye todo un programa de acción cuyos primeros frutos recién ahora comienzan a manifestarse.

La antipatía, la aversión, querer desear todo lo malo a quien se interpone en sus proyectos, afanes y deseos de acaparar poder, indudablemente son los pilares del odio. La venganza que vemos manifestarse por parte de ellos, es aquella que busca aplastar, mediante la humillación, al adversario. Es una cualidad que utilizan con gran sabiduría para demostrarles la fuerza ciega de su poder, a manera de advertencia a cuantos se atrevan a desafiarle, o a hacer público cuanto ensombrece su conducta o la inmoralidad en que se mueven.

¿No será que estos “líderes” buscan la humillación de cuantos sean capaces de enfrentarlos? Creo que como respuesta cabe pensar que ellos anhelan que, como si aún viviésemos en una corte medieval, todo el pueblo necesita inclinarse ante ellos en señal de sumisión y acatamiento.

Pero para la palabra “humillación”, el Diccionario añade otros significados: “Abatir el orgullo y altivez y herir el amor propio o la dignidad”… Usted puede elegir el que más le agrade.

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mariosanzel
dijo :

en el caso de la vida diaria que te hagan sentir basura y que no sirves para nada...................

03/08/2011 a las 13:30
francisca Condon
dijo :

pobbrecita.....

03/08/2011 a las 14:16
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