A votar, a botar.
Como resultado de la furibunda campaña política, que mira ansiosa la ya cercana elección de alcaldes y concejales para los venideros cuatro años, se ha desatado la creatividad y el sentido artístico superior de los diferentes candidatos y asesores que participan en la garrera y entretenida propaganda electoral. Por lo pronto, cada candidato, siempre que sus recursos económicos se lo permitan, ha recorrido la comuna mirando dónde poner sus gigantografías de hombre o mujer augusta y convincente que atraerá como moscas (los electores) a la miel (las promesas) a los cada vez menos ciudadanos que deberán votar y botar a los ganadores y perdedores entre cuatro candidatos a alcalde y 30 candidatos a concejales. Nunca habían concurrido tantos aspirantes, que se presentan candidus, vestidos de blancas togas virtuales, que simbolizan su honradez, ante los ojos escrutadores, intuitivos o de lesa tincada al minuto de optar por uno de ellos en la cámara secreta.
Dentro del panorama candidatil, los hay de todos colores (me refiero a colores políticos). Es una acuarela con ribetes surrealistas, kafkianos, garcíamarquenos, etc. Están aquellos que han transitado por todo el espectro de tonalidades. Han sido verdes o pardos, color hormiga o color temblor, y de pronto son azafranados o amarillos o blancos como palomas o corderitos. También los hay tozudos y perseverantes que van a la pelea dispuestos a morir en el intento, para luego, en unas semanas revivir cual Lázaro que andó después de muerto. (( Ya sé que se dice anduvo, estúpido; pero no puedo evitar la referencia al ya clásico chiste )). Están además los ingenuos que no saben lo que es meterse en las patas de los percherones centauros políticos que cargan, temerarios y briosos, montaña arriba dispuestos a dar mandobles y a pechar por su cupo en las sillas musicales hasta que nada más quede un alcalde y seis concejales.
“Llegar hasta donde nadie ha llegado”, dice Alonso de Ercilla. Aquí en estas elecciones (tengo un amigo ácrata que, obviamente, no siente el más mínimo respeto por nuestra feble y mentirosa democracia binominal. A este amigo rajatablas le gusta reemplazar en la palabra elecciones, la letra ele por una erre), decía que en estas elecciones, al parecer, no hay nada épico. Todo son cachañas, pelambres, algunas ideas que de pronto fulgen como avergonzadas entre la niebla electoral. Dimes y diretes sensatos, salidas de madre, chambonadas irascibles o chispeantes que suelen explosionar la pólvora seca que en la faringe tienen, a modo de santabárbara, algunos candidatos.
En lo personal, me resulta entretenidísima la campaña. Es una buena ocasión de mirar y analizar las reacciones ciudadanas. Las pasiones y convicciones ciertas o disfrazadas con que partidarios y contrarios están dispuestos a darse. ¡¡Y vaya que se dan!! A mí, que me apasionan también otros temas, me resulta singular observar la pasión por la política contingente. No digo que sea mala; por el contrario: ojalá fuesen más los chilenos que se apasionaran por algo. Por literatura, por política, por la ecología (el fútbol - me parece- sale sobrando), por la ciencia, etc. Nuestra humanidad necesita individuos participantes y no ciudadanos que se dedican a mirar desde la orilla lo que acontece.
Pero, después de este vagabundear sin mucho ton ni son, volvamos a lo que dio origen a esta lesa opinión: La propaganda política. Decíamos que se nos vienen las gigantografías, donde los candidatos lucen sus fotochopeadas imágenes. Si parecen modelos promocionando pastas y cepillos dentales. ¡Qué encantadoras sonrisas leoninas! ¡Qué manera más elegante de mostrarse los dientes!¡Qué imagen tan clara, símbolo de vigor y compromiso social! ¡Qué prístina imagen!.. Y qué verborrea de exclamaciones la mía…Una buena foto puede dar mucha ventaja en estas lides, dicen los asesores. Y en función de ello se estudian colores, poses, actitudes, luminosidad, tonos de camisa o blusa, maquillajes rejuvenecedores, con o sin corbata. Fotos de frente, mirando al ciudadano a los ojos es la consigna, claro. Esperemos que los vientos de septiembre no hagan caer estos excelsos adornos urbanos y rurales sobre la cabeza de los transeúntes y/o conductores. Las fotografías que se instalan en las calles y casas con sitio privilegiado son bastante pasables. El problema es el pinturreo feroz de muros, postes, señaletica de tránsito, puentes, piedras, paraderos de micros, etc. que los pendolistas, con profusión de energía pintan y escriben entre gallos y medianoche. Incluso con el riesgo que en estas incursiones nocturnas tipo comando, los maestros de brocha gorda se encuentren a boca de jarro en una esquina con unos coloristas rivales, y que ambos le hayan echado el ojo al mismo muro que el contrincante. En casos como esos puede pasar de todo. Desde un intercambio de flemáticos saludos ingleses hasta pullas y bravatas de chuchoso calibre, llegando a lances de capa y espada o puntazo de estoque vil, pasando por un proletario peñascazo por las orejas del adversario o un inicuo mechoneo y arañazo femenino. ¡¡0jo!! Dije adversario y no enemigo. Hay un abismo de diferencia entre ambos vocablos, aunque en los diccionarios suelen aparecer como sinónimos.
Como fruto de estas ocurrencias artísticas de brochazo y espray, la ciudad se colma de un espíritu artístico supremo. Abundan las inspiradas frases y eslóganes, las delicadas pinceladas chorreantes de inspiración. El trazo renacentista, daliniano, picasoniano, etc. La caligrafía y ortografía preciosista. Uno descubre lleno de gozo que este país del nunca jamás, esta” fértil provincia y señalada” reboza artistas de buen gusto policromático. ¡¡Qué adornos para recibir a la primavera!! La primavera llega a palidecer con sus flores ante el panorama frutoso y floral de la excelsitud humana. ¡¡Cómo flamean las banderas de los partidos y pactos y subpactos y requetecontra pactos políticos!!. Estoy pensando (lesuras que se me le ocurren, como dice un personaje de comic) que Víctor Domingo Silva, nuestro galardonado poeta de Premio Nacional de Literatura escribió su clásico poema A la bandera después de la inspiración de una campaña política.¡¡Casi puedo asegurarlo!!
Finalizada la campaña quedan los excelsos frutos. Nuevas autoridades (o reelectas). Y, sobre todo, las espléndidas obras de arte mural con que han engalanado la ciudad. Algunas, para deleite del espíritu, duran años. Permanecen cual pirámides y templos griegos o muros incaicos soportando el sol, la lluvia y el viento. Con sus colores invictos, aunque el nombrado en ese arte callejero no haya sacado más fotos que el suyo propio o el de su familia. El peor caso de propaganda electoral, lo más grotesco e inútil que he visto en Ovalle, lo constituye un letrero que la señora Ana Benavente, de la democracia cristiana, allá por los finales del siglo pasado o a comienzos de este, pintó (seguramente ella no, pero su comando sí) en el Puente Fiscal ubicado hacia la salida este de Ovalle, en pleno Balneario Municipal Los Peñones, donde los turistas se deleitan con esta muestra maravillosa de arte. Ahí está, al parecer, por los siglos de los siglos, su nombre inmortalizado en grotescas letras, atentando contra la estética, contra la propia imagen del partido que le permitió tamaña barbaridad. ¿Alguien, además de su partido, conoce a esta dama cuyo letrero “adorna” ese puente? He sabido de pura casualidad que es la esposa de un conocido comerciante del rubro botillero. Si para pintarlo hubo recursos y voluntad de hasta arriesgar el pellejo, por qué no borrarlo aunque sea con pintura gris?... Seguramente tendremos el “no se oye, padre”, pero que es una burrada del porte de un buque (puente) lo del letrerito, de eso no hay duda. Señora Ana Benavente, por favor, borre, aunque le duela en el ego y en el bolsillo, su monumento tan inútil como basto y vasto...
Para terminar, me acuerdo de otro letrero anti ecológico que los ovallinos vemos cada día en el faldeo del cerro en cuya cumbre se amontonan antenas de televisión y otras. Es el de una conocida empresa local, importante, que no encontró nada mejor que adornar la panorámica de la ciudad con su nombre escrito con piedras… Espero que a ningún agudo candidato o asesor de imagen se le ocurra hacer lo mismo en cerro alguno. Son capaces de hacerlo con tubos de neón u otra forma más moderna. Si lo hacen, llamo a los electores a no votar por él por desatinado y burro (con perdón de los nobles burros). Por suerte, los elementos naturales borraron el apellido de un ex alcalde de Ovalle que, de modo poco gallardo, había ordenado escribir el suyo para la posteridad en la misma falda del cerro.
Wilfredo Castro.
Escritor.






