
Tomo el bus a la costa me subo rápido aunque no
corresponda a mi horario, es más siempre lo hago, me tomo licencias, pero el
auxiliar contó mal los boletos y sobro. ¿Qué hacer? Dijo Lenin y yo también. Ya
en marcha nada, sólo lo que el auxiliar me sugiera, y es sentarme en su
asiento, el de la muerte segura, el mas riesgoso del bus, con un ventanal de
dos metros enfrente mío, ya me imagino lanzado cincuenta metros en la
carretera, pienso en ponerme el cinturón de seguridad, pero después recapacito
¿Y para que?, no hay opción, estoy a merced de la mecánica incluso más que del
chofer. Soy un burgués racionalista, es mas todos lo somos, la época lo es, el
riesgo sólo se contempla como el resultado de malas decisiones, no hay destino,
si lo hay es solo para las esotéricas.
El hombre antiguo además de no conocer la humildad,
no sospechaba las leyes mecánicas como un orden del cosmos, o había Fatum
(destino), casi siempre trágico en los griegos preliminares, pecado
posteriormente en los cristianos, o el fatalismo estoico. Los hechos o eran
culpa, deuda que había que saldar o un determinismo fatal, la mala decisión
(como la mía de adelantarme a un bus que no me correspondía y con un parabrisas
esperando mi azote ) sólo contaba con la mecánica , con leyes naturales, que
nos dejan huérfanas de Dios y dependientes de Newton. Es por esto que el hombre
antiguo guardaba una relación de realismo ingenuo con las cosas, allí
estaban ellas y desde ellas era necesario volver a uno, al contrario del
idealismo moderno kantiano, que se repliega sobre sí mismo, las cosas son pero
ya dentro de un ámbito propio, ya no abierto al mundo sino “mías”, de un
sujeto trascendental, seguro. Esa primera relación heroica, era también
pura intemperie, puro riesgo, por el contrario el burgués moderno es presa de
la mecánica, no hay ni fatum, ni juicio, ni dios , un acto trágico es
producto de pura mecánica o como mucho de una mala decisión, es por esto que
hasta existe una profesión llamada “prevención de riesgos” seguro algo grotesco
para los griegos antiguos. Me imagino un experto en prevención de riesgos en el
regreso de Ulises a Itaca. Sin riesgo no hay viaje , no hay vida para ellos,
para nosotros al contrario , todo efecto necesita incuestionablemente una
causa. Aquí se muere el ser heroico, si antes teníamos a Aquiles ahora tenemos
al de prevención de riesgos. Unas semanas atrás el fatal accidente de unas
colegialas trae de nuevo a colación el destino trágico, ¡pero no hay tragedia!
, de hecho la palabra accidente será removida prontamente del escenario , todo
es controlable, por eso hay que buscar responsables, desde el director del
colegio hasta el que diseñó los neumáticos. No hay escapatoria, no hay forma de
pensar diferente a esa cárcel mecánica. Por eso la muerte será en el mediano
plazo una mala decisión, una negligencia, una mecánica mal aceitada, nunca un
destino.
Mientras tanto el chofer trata de relajarme
contándome historias, aunque él no debería hablar pienso (o sea mi ser burgués
temeroso), o se desconcentrara. Pero no hay nada que hacer , me imagino un
alumno de la carrera prevención de riesgo del DUOC llamado Ulises , ¿extraño
no?, tan extraño como estos valles que se atraviesan por mi riesgosa pero
privilegiada ubicación en el bus, en un ángulo de 180 grados y a una altura
considerable veo a Pudahuel desapareciendo para, tras una columna de cerros,
dar paso a Curacaví y luego Casablanca, me relajo porque leo los diarios de la
escritora inglesa Maria Graham- los "Journal of a Residence in
Chile"- que escribió notablemente hace mas de 180 años justo
atravesando esta misma cordillera de la costa (¿lo habrá hecho con miedo?) y
encontrándose frente a este panorama infantil diciendo :
“Aquí, Pudahuel desaparece en su belleza solitaria,
sin que ningún poeta le cante sin que se le tribute honor alguno”
¿Cuanto riesgo más podre soportar?, me refiero el
riesgo como belleza misma, un atardecer rojo de un hombre que finge ser de un
pueblo pero solo teme salir disparado por el parabrisas, sin elegancia, sólo
como un cuerpo mecánico, cruel, que opera sin Dios, que previene pero no vive.
Hoy los poetas ya no cantan, temen.

















Excelente
Me nombro: Lectora tuya, acà presente
Oye, sonarà cliché y todo, pero esa forma de ir por un camino y mientras tanto relatar lo que imaginas para que sin previo aviso llegues a donde estabas al princio; es fabuloso. Como el relato de Bolaño en sus "Putas Asesinas" cuando acompaña a una amiga que va al volante por una carreterea en Mèxico mientras el imagina casi todo el resto de la novela...
Un saludo, un abrazo y todas esas cosas que se manda la gente por internet.
Si ghita
Bolaño gana cancha cada vez más.
saludos