cecilia suárez indart

Septiembre y otras yerbas o simplemente septiembre

En algún momento, en clases de ciencias sociales, estudiando el primer periodo de don Arturo Alessandri Palma seguramente escuchamos al pasar la historia del “ruido de sables” y no prestamos atención mayor. Corría el año 1924 y el proyecto de dieta parlamentaria sería el detonante que hizo estallar el malestar existente en el Ejército. La  oficialidad asistió a las sesiones del Senado para manifestar su desagrado y cuando el ministro de Defensa les solicitó retirarse, los militares hicieron notar su malestar haciendo sonar sus sables. Ibáñez encabeza el movimiento. Alessandri se va del país y surge la Junta de Gobierno de Septiembre de 1924. Luego vino la constitución de 1925 y bueno la historia es conocida. Todo esto ocurrió en un mes de septiembre

 

Cuando éramos niños la ilusión de la llegada del mes de la patria era muy grande. Septiembre, en nuestras fantasías, significaba volantines, trabajos manuales haciendo guirnaldas tricolores, pero sobre todo, para  nosotras las niñas: la compra de la tenida diciochera. Era una época en la cual uno tenía el uniforme de colegio y un par de tenidas domingueras. Cuesta transmitir la ilusión y alegría que acompañaba la llegada de septiembre, el sólo imaginar ir a “Santiago” a comprar un vestido y un par de zapatos blancos Bata, era lo máximo. Ahora la gente va de La Cisterna al Centro. Nosotros íbamos a Santiago.

 

Septiembre hace 35 años es otro. Nos cambiaron el país y nos transformamos. La cueca se empezó a bailar en todo el mundo, los exiliados  haciendo el ocho en los lugares más recónditos del planeta, y en Chile,  la Cueca Sola. en el nombre de la memoria, para  transmitir el recuerdo de los detenidos desaparecidos.

 

Con alegría celebramos pasar agosto, lo que no significa esperar septiembre con el mismo espíritu. El peso del dolor profundo de una sociedad se transforma en una carga con la cual es difícil transitar por las calles en estos días.

 

Es 11 de septiembre, recibo temprano un correo de mi amiga Laura donde me dice: “Amiga espero que esté en paz con su alma y corazón. Imposible no recordar a tú papá este día, es como si el cuerpo mintiera y que 35 años son un día, son horas. Dónde estábamos, qué hacíamos, cómo supimos que la Moneda era atacada. Qué pasó con esa fuerza, en que nos fuimos transformando, cómo hemos llegado a estar con conformismo inconformista. Por lo que llegamos a ser hoy, de lo que no me enorgullezco mucho, te abrazo fuerte.”

 

Luego hablo con mi hermano Bernardo y me cuenta que ya cumplió. Temprano fueron con un pequeño grupo a dejar una ofrenda floral a la calle Salvador Allende en Moscú. Le comento que a diferencia de años anteriores no iré al homenaje organizado por el Partido, sino que iré sola a presentar mis respetos al Presidente Salvador Allende. Aún recuerdo del dolor que me causó el acto del año anterior.

 

Ya que estoy en el centro, decido ir a ver a Laura al Brown y retribuirle el abrazo que recibí temprano por mail. Nos damos un fuerte abrazo y nos conversamos un café cortado.

 

 A medida que vamos hablando en la complicidad del día, de repente le relato el profundo dolor que me aflige: Durante un par de meses han estado trabajando en la calle Londres  (donde está mi oficina), reponiendo los adoquines. Ya esta casi todo terminado. Salgo a recorrer y me detengo en Londres 38 y me encuentro con placas recordatorias en el suelo con el nombre y la edad de los jóvenes asesinados en ese centro de tortura. Siento una impotencia tan grande cuando me doy cuenta lo que estoy pisando y me pregunto: ¿a quien se le ocurrió brillante idea, ¿acaso no era posible hacer un memorial en el muro? ¿o nuestro afán de imitar a otros obnibula nuestra conciencia?

 

En medio de mi desahogo, le cuento a Laura que estando en Tunisia, siempre tuve la precaución de ir por la vereda del frente cuando veía un café con hombres árabes disfrutando de sus pipas, en señal de respeto…

 

De regreso a mi oficina paso al Partido, entro al memorial que hay en la sede y comparto con mis queridos amigos. De repente mis ojos se detienen en un nombre Bernardo Maldonado.  Recuerdo sus ojos verdes y la última vez que lo vi …iba caminando por una calle de Temuco con el poncho que me había regalado mi padre para mi cumple … iba al hogar universitario… nunca volvió… lo mataron el 26 de septiembre del 73.

 

¿Seremos capaces de demostrar nuestro respeto sin pisotear la memoria de los caídos?

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