Los ecos que llegan desde Bolivia: de un racismo inadmisible e implacable.

Enviado por Fernando Russo el 17/09/2008 a las 9:37
Fernando Russo

"Collas de mierda” Por Sandra Russo en el diario Página 12. El excelente documental de Emilio Cartoy Díaz, Bolivia para todos, que emitió Canal 7 y que sigue circulando en debates y encuentros para analizar la crisis que se agudizó radicalmente esta semana, permite tomar nota sensible de lo que las palabras y las fotos no llegan a transmitir. Las notas de la televisión tampoco. Cabe preguntarse ahora que las papas queman y hay muertos, desde dónde se mira la crisis boliviana. Los noticieros hablan del tema de una manera pasteurizada, como si se tratara de “querer” o “no querer” a Evo Morales, presidente legítimo y relegitimado. Uno de los hallazgos del documental es haber registrado no sólo el aquelarre del racismo más repugnante, sino la manera en que la propia televisión boliviana fue adaptándose para informar sobre la rebelión de los departamentos “blancos”. Un docente que vio el documental me decía el sábado que se había sentido estúpido de pronto, al advertir que había “comprado” la información en sachet que dan los grandes medios: se había hecho la idea de que Santa Cruz, Pando, Beni, Cochabamba, en fin, los lugares desde los que se reclama la autonomía, eran “opositores en bloque”, territorios ficticios en los que el rechazo a Morales brotaba de mayorías con otras ideas e intereses. Y precisamente porque en cada uno de esos departamentos hay miles y miles de partidarios de Evo Morales que están siendo censurados, perseguidos, amenazados y ahora asesinados, como los militantes de Pando, es que la crisis tiene otra cara, una mueca monstruosa que sin embargo no sale por tevé.En el trabajo de Cartoy Díaz también se puede ver cómo la pantalla partida de la televisión boliviana comenzó a producir un efecto erosionante del poder presidencial. Normalmente, cuando habla un presidente su investidura reclama la pantalla entera. No fue eso lo que le cedió la televisión, que comenzó a dividir los planos y a incluir ventanas en las que, al mismo tiempo que se veía a Morales, se veía también a los prefectos de Santa Cruz o Cochabamba diciendo lo suyo. La pantalla se desmembró antes que el país. La pantalla fue la primera en bajar la estatura presidencial. Y esa pantalla nos recuerda otras pantallas partidas. Que cada cual recuerde.El desprecio sin fondo que los bolivianos blancos sienten por los collas y por las diferentes etnias originarias del país es una herramienta política que tiene como objetivo y presa el capital. En ese sentido, no hay desprecio histórico sin botín en el medio. Los sentimientos colectivos de manipulación, doblegación y exterminio siempre han servido de impulso para que los portadores del odio puedan quedarse con todo. El racismo, en fin, es apenas un instrumento económico. Pero sostenerlo, sentirlo, experimentarlo, demanda una preparación de siglos que permanece intacta. Las que hoy tratan de imponerse en Bolivia son subjetividades melladas en su forma y fondo por una visión del Otro Degradado, expropiado de sus derechos y reivindicaciones. ¿La democracia? Una excusa reemplazable por alguna otra forma de gobierno que deje cada cosa en su lugar.“Fuera collas de mierda”, rezaba una pared en Santa Cruz. No era sólo una pared. Eran muchas paredes. Eran gritos también. Mucha gente como la gente gritando “fuera collas de mierda”. Lo que se cocina en Bolivia no es sólo un golpe de Estado en alguna de sus formas posibles. No es sólo un intento desesperado de los dueños del dinero por retener sus privilegios y su statu quo. Es un extracto de infamia, una muestra del veneno histórico inoculado año tras año en un país que hasta hace poco tenía un presidente que no hablaba bien el castellano, y no porque fuera colla.La cocina ideológica y emocional de la reacción contra Evo Morales hace pensar en que cada crimen que tuvo o tenga lugar en Bolivia es de lesa humanidad.© 2000-2008 www.pagina12. com.ar | República Argentina | Todos los Derechos Reservados

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Sesgado en favor de Evo

Enviado por el 17/09/2008 a las 07:25 PM
Omar Antonio Audicio Bache

Creo que Evo tiene el mérito de la elección democrática. Tiene buenas intenciones, pero como casi todos los socialistas, equivoca el camino. Algo muy similar a lo de Allende.

Si hay alguien que ha generado clima de confrontación en Bolivia, por supuesto que Evo debe ser considerado. Por otro lado, nada sabemos de los actos de violencia instigados por los mismos partidarios de Morales, que como socialista al estilo Chavez, no duda en usar la violencia.

Ambas partes se han conducido con notable torpeza política, y una vez más el país más pobre de latinoamérica se convulsiona. A los oligarcas, ahora se enfrenta el Chavismo destructor: no hay ningún verdadero cambio. Es cambiar un mal por otro, y eso ya ha costado como treinta muertos.

Mis amigos de Bolivia, partidarios de Morales, me cuentan cosas que Evo no conto en la cumbre de UNASUR: que Evo ha armado campesinos para desestabilizar a los prefectos recalcitrantes.

No hay que tomar posturas extremas en esto: en todas partes se cuesen habas. La lejanía histórica nos dará una mejor perspectiva.

 


te mando otro artículo para que pensemos còmo actùan la oligarquía, las derechas y los EEUU

Enviado por el 18/09/2008 a las 08:41 AM
Fernando Russo

BOLIVIA /opinión


¿Clima destituyente?
Por Rubén Dri *
*************************


La relación entre los diferentes conflictos que atraviesan las naciones de
Latinoamérica y los objetivos de la política exterior estadounidense. El
futuro de los movimientos sociales ante la resistencia de las
corporaciones.


Lo que pasa en Bolivia, pasa en Venezuela, pasa en Ecuador, pasa en
Nicaragua, pasa en Argentina, pasa en América latina, la Patria Grande en
construcción. Aún no sabemos exactamente qué es lo que pasó con el
derrumbe de las Torres Gemelas, es decir, cuál fue efectivamente el autor
de tamaño asesinato masivo, pero de lo que no hay dudas es de que sirvió a
los planes bélicos y genocidas del presidente republicano. Se había
mostrado en forma patente y estremecedora la presencia aterradora del
“terrorismo internacional”.

Con ello, Bush puede desencadenar, con el inmenso poder bélico que atesora
la potencia del Norte, las guerras de Afganistán e Irak. Es evidente que
pensó que sólo se trataba de un paseo que pronto le dejaría las manos
libres para ocuparse luego del “patio trasero”, es decir, de América
latina, que, en ese momento, no parecía preocuparle demasiado. El problema
es que lo que debía ser un paseo se convirtió en un pantano del que ya no
pudo salir.

En ese lapso en América latina se fueron sucediendo movimientos populares
que, de diversa manera y con diversos niveles de profundidad, fueron
recuperando el terreno perdido en la noche del neoliberalismo implantado
desde la década del 80. Los Estados que habían sido reducidos a su mínima
expresión, según la plena ortodoxia neoliberal, fueron siendo recuperados
por los movimientos populares, en un proceso que con diversos matices
atraviesa todo el continente latinoamericano.

Un nuevo peligro para los intereses imperiales surgía, pues, en tierras
latinoamericanas, que se unía al terrorismo y al narcotráfico, el
“populismo”. Así, con esta calificación que significa gobiernos que
despilfarran los bienes del Estado distribuyéndolos en poblaciones que no
están acostumbradas al trabajo sino a dádivas que vienen de arriba, se
designa al nuevo enemigo de los intereses imperiales.

En realidad, una nueva etapa viven los pueblos latinoamericanos. Con el
triunfo de Lugo en Paraguay, la Patria Grande Latinoamericana ha recibido
un nuevo impulso en su proceso de reconstrucción. Es lógico que ello
suscitase no sólo la inquietud, sino también la necesidad de intervenir de
parte del imperio que veía algunos de sus principales intereses en
peligro.

En el Golfo Pérsico, donde se ventilan grandes intereses norteamericanos,
está presente la V Flota. Su presencia no es meramente simbólica, sino que
se hace efectiva en una intervención armada que ya cuenta con
destrucciones masivas y una cantidad de muertos que se hace prácticamente
imposible determinar. Mientras continúa su acción de muerte en tierras
iraquíes y afganas, vuelve el imperio su mirada a Latinoamérica y
especialmente a Sudamérica y, dando una clara señal, envía la IV Flota
que, según la apreciación del mismo Pentágono, “tiene el mismo nivel de la
V Flota del Golfo Pérsico”.

Por otra parte, el avance de los procesos populares en América latina,
derrotando al menos en parte al neoliberalismo, no podía menos que
suscitar la contraofensiva de las respectivas derechas, que tratan de
desestabilizar a dichos gobiernos. Las derechas, podemos decir,
parafraseando a lo que aseguran que dijo Gatica, “nunca hicieron política,
siempre fueron golpistas”. Para ello se inventó la teoría del “golpe
blando” o “clima destituyente” o “guerra de IV generación”.

No se puede entender lo que está pasando en estos momentos en Bolivia si
no lo conectamos con el salvaje lockout de las corporaciones agrarias
argentinas, con el complot contra Lugo apenas a tres semanas de su
asunción, con el golpe que sufrió Hugo Chávez, con la incursión aérea
sobre territorio ecuatoriano, con la reactivación de la “política basura”
contra Cristina.

El declarado motivo de los veinte días de protesta del “Consejo Nacional
Democrático” que agrupa a los dirigentes de la Media Luna es
llamativamente semejante al declarado motivo de nuestras corporaciones
agrarias para efectuar el salvaje lockout. Efectivamente, los dirigentes
de la derecha boliviana protestan contra el impuesto del 30 por ciento a
los hidrocarburos, mientras las corporaciones agrarias de la pampa húmeda
protestaban contra el impuesto a las exportaciones que significaba la
Resolución 125.

Tradicionalmente, los golpes se hacían con el ejército. Esos son los
golpes que hay que denominar “duros”, por contraposición a los golpes
“blandos”. Pero lo que está pasando en Bolivia, ¿es un golpe blando, es un
clima destituyente? Ya son numerosos los asesinados por la derecha
fascista de la Media Luna. No tienen consigo al ejército, pero cuentan con
los parapoliciales, semejantes a las tristemente célebres Tres A, que en
nuestro país prenunciaron aquí el golpe genocida del ’76.

Evo Morales, como aquí los Kirchner, prefirieron el diálogo, la no
represión, la no utilización de la fuerza del Estado, lo cual está bien,
es meritorio, pero debe tener su límite. A Bolivia ya le costó numerosos
muertos, todos pertenecientes al movimiento popular. Evo se dio cuenta del
problema: “Tal vez el culpable sea yo, al decirles a las FF.AA. y a la
policía que no usen armas contra el pueblo”. Pensamos que no está allí el
error, sino tal vez en no haber previsto hasta dónde son capaces de llevar
la violencia las derechas fascistas.

Tanto allá como acá, tanto en Bolivia como en Argentina, en Venezuela como
en Paraguay, en Nicaragua como en Ecuador, el problema en debate es si el
Estado ha de ser el que dirija la política del Estado que se apoya en los
movimientos populares o si serán las corporaciones las que lo harán. En
otra palabras, si tendremos Estados populares o si volveremos al más crudo
neoliberalismo, si seremos independientes, miembros de la Patria Grande
Latinoamericana, o si seguiremos siendo patio trasero del imperio.

* Profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).


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