Naturaleza y Capitalismo

Resulta indiscutible que vivir en un ambiente libre de contaminación y mantener
los equilibrios de ecosistemas son necesidades inherentes a nuestra capacidad de
subsistencia y trascendencia como seres humanos. El respeto a la naturaleza y el
uso ordenado de los recursos que nos proporciona constituye un imperativo de
cualquier política social con impacto en el medio y por lo tanto debe ser una
variable a incorporar en la evaluación de cada proyecto. No sólo por
restricciones de impacto, sino por considerar la sustentabilidad del proyecto en
el largo plazo y por ende garantizar el cumplimiento de los objetivos económicos
de cualquier emprendimiento. Aquí es dónde se encuentran la Política Ambiental y
el Capitalismo, términos aparentemente antagónicos que sin embargo desde las
antípodas convergen para crear valor en la relación entre ambos.
La
explotación irracional de los recursos conlleva su extinción por lo que
evidentemente en la medida de que la acción predatoria avanza, la depreciación
de los activos patrimoniales u operacionales se acelera. En otras palabras, un
recurso escaso en un escenario en que no se es controlador del precio (
capacidad monopólica) se traduce en la pérdida de valor futuro residual de los
activos y de la capacidad generadora de flujo afectando el valor de la empresa,
reflejado en su utilidad o en el valor de la acción cuando tales sociedades
están abiertas al mercado ( Baste con evaluar que en un mercado regulado como el
eléctrico una lluvia que acumule recursos explotados en un embalse origina
evoluciones positivas en el precio de la acción). Desde luego la dependencia de
factores externos para restituir la capacidad generadora de utilidades imprime
volatilidad a la acción y conlleva un menor precio futuro del patrimonio. Por el
contrario, tener una política basada en variables controladas como el manejo
responsable de los recursos naturales ( Por ejemplo planes de reforestación o
cuidado de las cuencas hidrológicas) permite asegurar un valor patrimonial
estable dependiendo sólo de sus demanda y no de factores exógenos de
abastecimiento.
Hasta aquí, una primera lectura nos señala que el contar con
una forma racional, ordenada y conciente de administrar los bienes de la
naturaleza aportará a la creación de riqueza de largo plazo. Sin embargo hay
evidencia que tal lógica no impera en muchos escenarios provocando serios
desequilibrios y amenazas de disminución y extinción de recursos. Tal situación
se da cuando no existen procesos de mercado que permitan una adecuada asignación
de los recursos, como puede ser que al existir serias restricciones de capital
asignada a montos importantes de inversión, la oferta en estos casos sea
reducida y al crecer su capacidad como único oferente, sin un parámetro de
control propio de monopolios naturales, su acción se transforme en depredatoria
de recursos ya que sus ganancias de corto plazo son lo suficientemente altas
como para crear rentas de oportunismo haciendo irrelevantes las rentas
residuales de sus flujos futuros de largo plazo. (En otras palabras, es tanto lo
que puedo ganar hoy que mi rentabilidad asociada recupera la inversión en el
corto plazo haciendo irrelevante los flujos futuros).
Otra razón de porqué la
lógica eco eficiente no funciona en muchos de los casos obedece a Indefinición
en los derechos de propiedad. Los Derechos de propiedad permiten determinar
cuales bienes son escasos y cuáles presentan una mayor disponibilidad. Sin
asignar derechos, sin propiedad privada, todos los bienes aparecerían como
abundantes, lo que sucede con un bien público.
Sin propiedad privada es
imposible evitar el consumo excesivo y la consiguiente desaparición de los
recursos. Ahora bien, adicionalmente el propietario de un bien se preocupará de
que esté disponible mientras le permita generar ganancias para lo cual buscará
aumentar su eficiencia y productividad.
Mucho se ha hablado del afán de
lucro, en general con un filtro altamente peyorativo, pero es esté afán el que
moviliza a los dueños para obtener durante el mayor tiempo posible el máximo
provecho a su propiedad. De esta forma la indefinición de los derechos de
propiedad implicará el exceso de Demanda que genera escasez de recursos
naturales y provoca contaminación.
La sobreexplotación de la Naturaleza no
es consecuencia del Capitalismo, al contrario, surge con la anulación de la
propiedad ya que no hay forma de asignar un costo a quien depreda ni se invierte
en mecanismos eficientes para aumentar la productividad si los beneficios de
ello no son “apropiables”. Definir la propiedad de bienes naturales transfiere
el interés de su preservación al propietario , quien tendrá a su disposición las
herramientas de la Justicia para garantizar el ejercicio de sus derechos.
No
nos hemos preguntado acaso porque no hay escasez de pollos, cerdos o de vacas y
si las hay de elefantes y ballenas?. Los elefantes y otros animales erróneamente
considerados bajo protección en status de bien natural público, no tienen
asignado derechos de propiedad privada, en estricto rigor y salvo las vedas que
implican altos e ineficientes costos de control , todos los eventuales
propietarios ( al no haber ninguno en específico) harán uso indiscriminado del
bien.
Si llevamos a un extremo este planteamiento y consideramos como un
bien escaso el aire de Santiago, ¿No pudiéramos acaso aplicando la misma lógica
asignar derechos de propiedad sobre territorios saturados de
contaminación?.
Si el Aire libre de contaminación es escaso, al asignar
derechos de propiedad a un privado ( sea un concesionario, fundación ,
organización etc..) éste podrá cobrar a los consumidores de dichos recursos.
Parece sólo teoría pero ¿cómo hacerlo operativo?...En primer lugar,
estableciendo cuáles son claramente las fuentes de contaminación y asignar un
costo por emisión (fuentes móviles) o saturación (fuentes fijas).
Supongamos
que debemos cobrar a los automovilistas que circulan por el centro Santiago.
Deberíamos aplicar una tarifa por circulación en horas de mayor contaminación
que opere como un cobro anexo incorporado al TAG en los horarios punta.
En el caso de una fábrica, operan las cuotas máximas de polución
transadas como derechos. Esos derechos implican una cantidad fija de acciones
con las que quien se instala u opera debe contar, en caso de no tener el número
suficiente debe comprar lo que genera una demanda que aumenta el precio de tales
derechos y genera ganancias a sus propietarios.
La capacidad de ganar más
derechos u obtener precios preferenciales de ellos debiera indexarse
inversamente a la carga total de polución aportada. Es decir , si su empresa
contamina menos los derechos valen menos y por lo tanto puedo comprar un mayor
número que puedo vender a los más contaminantes, generando un mercado transable
que permite un beneficio mayor al que se cuida de no contaminar y asigna un
costo al que contamina. Asignar derechos de propiedad a través de una concesión
a privados permitirá que éstos inviertan en el negocio de disminuir la
contaminación si al hacerlo pueden generar mayores retornos por la vía de una
ampliación de áreas de tarificación o una mayor densidad de uso que implique la
mayor adquisición de cuotas o derechos.
Ciertamente un problema como el
manejo responsable de los recursos de la naturaleza no puede reducirse sólo a
una técnica de asignación de derechos propios del razonamiento económico. La
economía está al servicio del Hombre, pero es él quien debe responder por sus
actos morales.
Cuando se extingue una especie no es sólo un error en las
políticas y en los mercados, es un problema en el orden social y ético.Si la
economía puede proporcionar una herramienta, cuanto más puede la voluntad humana
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constituir reservas de agua dulce es prioritario, generar recursos orgánicos es inevitable.
de intereses creados artificial o verdaderamente,no indica otra cosa que el interés sumatorio de varios protagonistas, incluidos a los foráneos, que en este gran escenario se preocupan más bien, de su propio lucrativo negocio, sin mediar mucho el gigantesco impacto ambiental que con su intervención en "pro del desarrollo" hacen, sólo fijando sus propios lineamientos en su creciente movimiento bursátil, hacen de éste, un paradigma del nuevo siglo en la economía. El negocio Verde, el negocio del futuro.
sin ser escéptica ni pesimista Marcelo, claramente veo que, los animales en peligro de extinción en no muchos años más seremos nosotros, pero NO porque alguien nos caze, sino porque NOS cazamos a nosotros mismos.
Lamentable que ahora, cuando muchos millonarios contratos están firmados, se mire recién la importancia total que cobran las ERNC-NC como única solución mediana y largo placista.
Esa es la visión que nos hace falta? la que carecemos y necesitamos?
pués claro! y se hace urgente.
Saludos y muy buen tema.
te invito a que visites y comentes en : www.ideas.bligoo.com y www.ecologiadelsur.cl