Rodrigo Reyes M.

Arbol Urbano

Arboles, personas (miles de ellas), edificios (y edificaciones), asfalto, más asfalto. Sistemas tratando de co-existir en una armonía temporal sujeta a variables desconocidas, y por desconocidas, incontrolables. Tan indescifrables como el momento y el lugar en el que ocurrio la sinapsis que lo cambiaría todo. La sinapsis que, estoy seguro, terminará en un tiempo no muy lejano con la creación de una psicohistoria como la del Seldon de Asimov, con Mulo y todo que nos sigan demostrando lo impredescible de esas sinapsis que lo cambian todo. Pero para que avanzar tanto en la imaginación, en el espacio y en el tiempo. Tenemos frente a nuestros ojos, todos los días, un esfuerzo espectacular de la naturaleza por lograr el equilibrio que hace que nuestro planeta sea lo que es (ó, ¿lo que fué?), y que lo hace tan distinto a tanto planeta que nos rodea, incluso, más allá de nuestro vencindario. Sin una coordinación que involucre la acción conciente de cada uno de nosotros, el horizonte no es tan difuso... Pero esta el problema básico de la sobrevivencia, a lo que debemos sumar la interacción social, con toda su problemática. Un bosque, cuyos elementos componentes, los árboles, no nos dejan verlo...
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