Ayer Rolando Toro se presentó en la Facultad de Medicina de
la Universidad de Chile. Para cerrar y darle el broche de oro a una semana de
aniversario. "Dijo lo mismo”, él era el mismo y, sin embargo, actualizó el origen, la esencia y el sentido de sus propósitos. Fue el día en que los médicos basados en su
visión clásica de la ciencia se sentaron en las butacas y se dejaron llevar un
paso más allá de su cotidiana percepción, tal vez sincronizando con la propuesta de Rolando o ignorándola,
incluso resistiéndola. Toro se presentó como un hombre común, con un terno y
una imagen común. Pero, bajo la chaqueta se entreveía un bolero de terciopelo y
una fina corbata que le daban un sutil toque de elegancia. Su pelo cano, azulado y peinado, sus ojos grandes como en permanente éxtasis mostraban
su mismidad irrenunciable y misteriosa.
Partió su exposición con la siguiente frase: “ Hay un pensamiento que me encanta y me atormenta… pensaba en una nueva antropología, basada en los universales humanos y no en las especificidades, también en una nueva psiquiatría que tuviera la capacidad de “amar” al loco, por último deseaba fundar una nueva educación, la educación biocéntrica, sustentada en la grandeza humana y no en sus bajezas”. Luego continuó diciendo, con tono enfático, “las guerras son el escándalo de la humanidad, el absurdo absoluto”. Sus frases subían de tono, aunque la parsimonia del público también, “El extraño no existe. Decir que estamos solos es una ignorancia. Los problemas de los otros son mis problemas. No estamos solos, los problemas de los cien mil irakis muertos son también nuestros problemas”. “La misoginia de las religiones y el individualismo de Fritz Pearls han sido estados larvarios de la civilización” “Cómo Fritz Pearls, pudo plantear, Tu eres tu y yo soy yo, y si por casualidad nos encontramos es hermoso. Si no, no hay nada que hacer”. Yo propongo: “Yo soy y tu estás para compartir conmigo, si nos encontramos es maravilloso y si no nos encontramos es una tragedia”.
Finalmente, el aplauso fue cerrado, grandioso, como una fuerte ola de mar, aún así el academicismo continuó, nadie se miró, nadie se abrazó, ni lo abrazó. Bajo una primera lectura el paradigma del yo y del tu no se rompió, pero, desde una segunda lectura, y después que caminamos un rato, puedo decir que nosotras salimos como dos cuerpos entrelazados y asomados hacia los horizontes nuevos de los que hablaba Rolando. La amistad nos protegía y sustentaba. Vertidas y conmovidas, conversábamos de todo y nada, certeras de que lo imposible puede suceder.


















Pero....
¿Que es la biodanza?...
¿Cual es tu experiencia al respecto Paola?
Tom