Fragmento de Santa Gárgola

El
beso-rancio-sin-copete es la plena demostración de una prostitución
conciente de sí misma; como la sillicidad de la silla, hablamos de la
prostituidad de la prostitución, pero obvio tiene un camuflaje, el
traje warrior que dice: "weón no oh, na que ver, si un puro beso nomás".
Para
estos propósitos no concientes -por ser una decisión indirecta: un
beso-, la actividad económica más importante durante la época arcaica
de las polis griegas se ha convertido hoy en un fetiche social. Una
habitación, una cama, preservativos y una luz roja bastan para montar
un burdel, sentencia la International Sex and Red-Light Guide. La
tarifa promedio mundial de US$ 30 por cliente supera casi en ocho veces
lo que ganan trabajando en una fábrica. La rentabilidad económica del
oficio más viejo de todos es su propia condena, masificándolo,
perturbando sus raíces rituales y gremiales hasta seriarlo y después,
con la posmodernidad, des-seriarlo hasta fragmentar su ID. Hay tantos
métodos de prostitución como diseños de condón, algunos tan
fragmentarios que se camuflan con tag bastante aceptados socialmente
como: American Beauty, Top Model, Punk Girl y el fetichista
Manga-Animé, todos representativos de grandes industrias
transnacionales ($$$).
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