David

Fragmento de Santa Gárgola

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El beso-rancio-sin-copete es la plena demostración de una prostitución conciente de sí misma; como la sillicidad de la silla, hablamos de la prostituidad de la prostitución, pero obvio tiene un camuflaje, el traje warrior que dice: "weón no oh, na que ver, si un puro beso nomás".

Para estos propósitos no concientes -por ser una decisión indirecta: un beso-, la actividad económica más importante durante la época arcaica de las polis griegas se ha convertido hoy en un fetiche social. Una habitación, una cama, preservativos y una luz roja bastan para montar un burdel, sentencia la International Sex and Red-Light Guide. La tarifa promedio mundial de US$ 30 por cliente supera casi en ocho veces lo que ganan trabajando en una fábrica. La rentabilidad económica del oficio más viejo de todos es su propia condena, masificándolo, perturbando sus raíces rituales y gremiales hasta seriarlo y después, con la posmodernidad, des-seriarlo hasta fragmentar su ID. Hay tantos métodos de prostitución como diseños de condón, algunos tan fragmentarios que se camuflan con tag bastante aceptados socialmente como: American Beauty, Top Model, Punk Girl y el fetichista Manga-Animé, todos representativos de grandes industrias transnacionales ($$$).

 

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