Viña del mar origen y carácter

Diversos estudios han dado cuenta
de la configuración urbana de Viña del Mar , preferentemente las propuestas no
difieren en su sustancia, Viña surge como un soplo burgués al ajetreado proceso
portuario industrial de Valparaíso, aunque en ningún caso se planifica como una
ciudad balneario en su origen , ya que nace a su vez al alero de también un
proceso industrial, aprovechando sus características naturales, donde la industria azucarera de la CRAV
sienta un precedente importante bajo la inventiva de don Julio Bernstein . Esto un año antes de su
fundación oficial por don José Francisco Vergara en 1874, este ingeniero liberal
que da el fundamento oficial a la ciudad.
Los historiadores han demostrado que el moldeamiento de la ciudad se ha
producido por diversos factores en una
especie de polución social, económica y urbanística, entre estos
factores podemos mencionar : la construcción del ferrocarril de Valparaíso a Santiago -que deja
a Viña Del Mar en su sector de tránsito-, el terremoto de 1906 que replantea un
urbanismo nuevo tras el colapso y además acoge a Porteños que emigran de
Valparaíso por los efectos del sismo que
fueron allá aún más radicales , la inauguración del camino costero entre el puerto y Viña y la transformación de clase de sus
balnearios adyacentes como Cartagena que obligaron a migrar hacia el norte a la
aristocracia invadida por el brote popular de dicho balneario . En este
sentido es preciso señalar que el continuum no
ha sido abordado muy profundamente en lo relativo a un ethos definitivo
– si es que lo existe- asociado a la intervención estatal a fines de los años
veinte, específicamente la ley 4283 , redactada bajo el gobierno de Carlos
Ibáñez del Campo.
Es preciso destacar el espíritu político que sella el devenir
urbanístico de Viña del Mar en la primera mitad del siglo XX, es decir nos
referimos la inyección monetaria producto de la planeación Ibañista y del rol
Estatal frente al ethos de Viña, esta estaría reflejada en el espíritu
de la ley 4283 promulgada en 1928, que
daría amplios beneficios no solamente económicos al desarrollo del emergente
balneario, sino también crearía todo un equipo de gestión a su alrededor para
llegar a configurar el rostro moderno de la ciudad de Viña del Mar. Esta ley
otorgaba a la municipalidad una autorización para contratar un préstamo por
14 millones de pesos, genera la
construcción del casino de juegos y crea
una junta pro balneario. Se van entonces sucediendo una serie de construcciones
que cambiarán el aspecto occidental de la ciudad: El teatro Municipal
construido en 1825 pero inaugurado en 1830, el Hotel O’Higgins, inaugurado en
1936; el Palacio Presidencial del Cerro Castillo, construido con fondos fiscales y que fue inaugurado el 31
de enero de 1931, entre otras obras que situaron de lleno a Viña del Mar en una
ciudad con un carácter de balneario cosmopolita.
Según
la antropóloga Jean Liedloff, “el concepto del Continuum se refiere a la idea de que, para alcanzar un
óptimo desarrollo físico, mental y emocional, los seres humanos —especialmente
los bebés— necesitamos vivir las experiencias adaptativas que han sido básicas
para nuestra especie a lo largo del proceso de nuestra evolución… Una cultura
que exija a las personas vivir de un modo para el que su evolución no les ha
preparado que no llene sus expectativas innatas y que presione, por lo tanto,
la adaptabilidad de las mismas más allá de sus límite, esta condenada a dañar
la personalidad de sus miembros ”(
Liedloff 2006) . Es por esto que reconocemos en este paradigma antropológico
diversos paralelos con la evolución urbana, especialmente en lo relativo a la
relación ciudad- idea. El lazo que une a
la madre con su hijo por años configura un carácter, a su vez existe un lazo
que une a la idea con la ciudad y a esta con la búsqueda de su carácter. Más
que establecer un error conceptual en el ethos de viña es preciso buscar
una especie de “hilo emocional” entre sus diversos rostros e ideas que han ido
configurando el hecho urbano.
¿Puede este hilo emocional generar historia material ligada a un
ámbito urbano? Ya el célebre historiador del arte Erwin Panofsky nos
sorprendía en su ensayo sobre “La arquitectura gótica y la escolástica”,
como dialogaba aquella con la idea, es decir, como el radio arquitectónico del
nacimiento de la Catedral Gótica se correspondía sorprendentemente con el radio
de la “idea”, y como esta arquitectura no se podía pensar en principio alejada
del radio geográfico de la Escolástica. Pensamiento (en este caso teológico) y
territorio dialogaban casi dependientes en un proceso común, la escolástica es
al territorio lo que la arquitectura al pensamiento, por ende poseen una estructura
mental común y sus orígenes geográficos similares hacen latente esa estructura.
En este mismo sentido la urbanística moderna “ha pensado”, y este pensamiento
ha nacido de la rebelión o de la afección de las formas arquitectónicas y
sociales que generó la Revolución Industrial. Primero el mismo dueño de la
Fábrica consideró que las condiciones de
vida y de vivienda son atroces, quiso hacer algo y la planificación urbana
resultó un medio eficaz para mejorar este trauma, esto es lo que originalmente
creó la utopía socialista del empresario fabril galés Robert Owen que a
principio del siglo XIX, buscando una solvencia cooperativista en relación a la relación obrero - empresario
sentó el precedente de una nueva mirada
al problema Industrial. Posterior a esta reflexión crítica de la planificación
urbana los modelos se hicieron aún más específicos, la ciudad industrial era un
problema no sólo relativo a un mutualismo obrero, sino que era un problema
integral que debería abordarse a un
nivel global, tanto estético, económico y de gestión. La ciudad Jardín
en su concepto más ortodoxo nace de esta súplica urbana, su mentor fue el
reportero (y no en su origen urbanista de academia como se cree) Ebenezer
Howard , Británico de cuna, su paso por Estados Unidos no fue en vano, se relacionó
con “la idea”, no es casual que en este paso conociera muy bien a Walt Withman
y a Ralph Waldo Emerson, los dos mas
grandes escritores trascendentalistas -quizás sumando a Thoreau- que forjaron una verdadera filosofía de la
naturaleza y que indiscutiblemente lo influyeron en la concepción de su libro
fundamental “Garden Cities of tomorrow” (1898) . La idea
había sido construida, la ciudad moderna industrial apabullaba no sólo al
obrero sino llegaba a las entrañas mismas de la poesía y la literatura,
Ebenezer Howard estaba listo para plantear una nueva ciudad, ya no
estrictamente para solventar una industria en desorden y aglutinadora sino una
ciudad nueva , donde el campo y la ciudad dialogaran (como en la lírica de
Whitman y la prosa de Emerson) había que inventar el concepto de “Ciudad Jardín”.
Tenemos el primer rostro definitivo de nuestra ciudad y curiosamente es con este rostro con el que
se nombra en primera instancia a Viña
del Mar : “La ciudad Jardín” , ¿Pero responde este llamamiento a al idea
Howardiana en su correcta ortodoxia?
Evidentemente no , como señalamos antes, la propuesta de la ciudad
jardín es transversal a la estética , la
economía y la gestión , esta desarrollada para que todas estas dialoguen y se
equilibren, en este sentido la Ciudad jardín como respuesta al problema urbano
industrial es orientada como un todo y
no como un mero paradigma estético -paisajista.
¿Es Viña una ciudad Industrial?, su origen la acusa y la vuelve
paradójica, Viña en su nacimiento le dio
la espalda al mar y tuvo que esperar mucho para que “alguien” (este alguien que
nos es querido en nuestro estudio) el Estado, la voltee y la planifique con una
intención realmente profunda. Vicuña
Mackena ya en su época decía visionario: “Viña esta hecha mas para los
rieles que para las olas”. Entonces tenemos una ciudad con parto
fabril, pero que se publicita como
Jardín sin asumir toda la ortodoxia que la idea requiere, falta entonces
determinar cuál es el factor fundamental para que esta ciudad se voltee a lo
suyo, que se abra la playa , que invente su próximo ethos , que se
vuelva Balneario.
Los intentos no fueron pocos aunque no muy bien conectados ni sostenidos en el tiempo, Recreo y Miramar
en el siglo XIX hablan de una intención
balnearia, pero ¿cual es el impulso definitivo?, mas que una intención
económica que la hace fabril, mas que una estética que pretende hacerla Jardín
y mas que una intención aislada e inventiva de hacerla una playa intermitente ,
el verdadero impulso la genera una idea , ahora no trascendental ni natural ,
la idea que Viña se vuelva al mar y que
genera su ethos moderno es una “idea jurídica” , una idea estatal.






