En este articulo se expondra un trozo del libro "el mito de los 6 millones" de J. bochaca, en donde se menciona el Rapport Oficial de la Cruz Roja, que hecha por tierra muchos de los relatos del "Holocausto" Judio.

Existe un estudio de la cuestión judía en Europa en el transcurso de la
II Guerra Mundial y de las condiciones de vida en los campos de
concentración alemanes, que es casi única en su género por su honradez
y su objetividad. Se trata del Rapport , en tres volúmenes, del “Comité
Internacional de la Cruz Roja Internacional” sobre sus actividades
durante la guerra. Ese Rapport fue publicado en Ginebra en 1948. Este
informe exhaustivo, procedente de una fuente neutral completamente,
incluye y amplía revelaciones contenidas en dos obras precedentes,
también de la Cruz Roja, tituladas: “Documentos sobre las actividades
del Comité Internacional de la Cruz Roja a favor de los civiles
detenidos en los campos de concentración en Alemania, 1939—1945”, e
“Inter Arma Caritas: la Obra del Comité Internacional de la Cruz Roja
durante la Segunda Guerra Mundial”, editadas en Ginebra,
respectivamente en 1946 y 1947. El grupo de autores, dirigido por un
francés, Frédéric Siordet, hace constar, al principio del Rapport, que
se ha redactado inspirándose en principios de una estricta neutralidad
política, siguiendo la tradición de la Cruz Roja, y es ahí donde se
halla su gran valor.
En Comité Internacional de la Cruz Roja consiguió hacer aplicar las
convenciones militares de Ginebra, de 1929, para poder visitar a los
detenidos civiles de los campos de concentración alemanes tanto de
Europa Central y Occidental, como de Europa Oriental: en otras
palabras, el C.IC.R. pudo visitar tanto los campos en que luego se
reconoció que nunca hubieron “cámaras de gas” (Dachau, Belsen, Dora,
Oranienburg, Buchenwald, etc.) como los que se afirmó que las hubo,
especialmente Auschwitz. Huelga decir que el C.LC. R. visitó
regularmente los campos de concentración que, en un principio se
reservaban a prisioneros de guerra, y ello tanto en Alemania y las
zonas de nuestro continente ocupadas por Alemania y sus aliados, como
en la Gran Bretaña. En cambio, no le fué posible actuar de igual modo
en la Unión Soviética, toda vez que ese país nunca ratificó los
acuerdos de la Convención de Ginebra. Los millones de prisioneros
civiles y. militares de la Unión Soviética, cuyas condiciones de vida
eran, cual es público y notorio, las más penosas de todos, sin
comparación alguna, estaban completamente desconectados del mundo
exterior, no podían solicitar el amparo, ni siquiera teórico, de ningún
control internacional y vivian en condiciones infrahumanas.
El Rapport es importantísimo porque, para empezar, aclara las
circunstancias legitimas de la detención de judíos en los campos de
eoncentración, como ciudadanos de un país enemigo. Al describir las dos
categoría de civiles internados, el Rapport califica al segundo tipo
como “civiles deportados por razones administrativas”. La expresión
alemana es más exacta que la del texto francés del Rapport. Los
alemanes lo llamaban Schutzhaftlinge, es decir, detención preventiva,
refiriéndose a individuos que habían sido internados por motivos
politicos o raciales, porque su presencia era considerada como un
peligro en potencia para el Estado o para la tropa de ocupación.
El Rapport reconoce que los alemanes fueron, al principio, algo
reticentes en permitir a la Cruz Roja entrevistarse con personas
internadas por razones de seguridad del Estado (es decir, en un 98 %,
judíos), pero afirma que a partir de Julio de 1942, el C.I.C.R. obtuvo
concesiones muy importantes de los alemanes. Se permitió al C.l.C.R.
que distribuyera víveres en los grandes campos de concentración a
partir del siguiente mes, es decir, de Agosto de 1942. Esta concesión
fué extendida a todos los campos a partir de Febrero de 1943 (233). El
C.I.CR. estableció rápidamente contacto con los comandantes de los
respectivos campos de concentración y puso en marcha un programa de
envíos de víveres que funcionó regularmente hasta los últimos meses de
la guerra, en 1945, y de ello dan fé las numerosas cartas de
agradecimiento escritas por miles de judíos detenidos en esos campos.
El Rapport del C.I.C.R. menciona que “se enviaban 9.000 paquetes
dianos. A partir del Otoño de 1943, y hasta Mayo de 1945, se mandaron
aproximadamente 1.112.000 paquetes de vituallas, con un peso total de
4.500 toneladas (234). Además de los paquetes de víveres, se mandaron
paquetes conteniendo productos farmaceuticos y vestidos. “Se mandaron
expediciones a Dachau, Buchenwald, Sangerhau sen, Sachsenhau sen,
Oranienburg, Flossenburg, Landsbergam, Lech, Floha, Ravensbruck,
Hamburg—Neuengamme, Mauthausen, Theresienstadt, Auschwitz,
Bergen—Belsen y a otros campos situados en el centro y sur de Alemania
y en las cercanías de Viena. Estos paquetes estaban destinados sobre
toda a judíos belgas, holandeses, franceses, italianos, griegos,
polacos, noruegos y apátridas” (235). Estas mercancias habían sido
recogidas o compradas por diversas organizaciones judías de
beneficiencia en todo el mundo, y muy especialmente por el “American
Joint Distribution Committee”, de Nueva York (236). Hasta la entrada en
guerra de los Estados Unidos, este Comité fué autorizado por el
Gobierno Alemán a instalar sus oficinas en Berlin.
A parte del citado “American Joint Distribution Committee”, fué la
propia Cruz Roja quien compraba ingentes cantidades de víveres, sobre
todo en Rumania, Hungría y Eslovaquia, estados, como se sabe aliados
del Reich. El C.I.C.R. se queja, en su Rapport, de que su acción de
gran envergadura de ayuda a los internados judíos fuera dificultada, no
por los alemanes, sino por el estrechisimo bloqueo de Europa llevado a
cabo por los Aliados occidentales (237).
Los delegados del C.I. C.R. pudieron visitar todos los campos de
concentración alemanes. Es de destacar el elogio que se hace del campo
de Theresienstadt (Terezin) en el que se hallaban exclusivamente
judíos. “Este campo, en el que vivían unos 40.000 judíos deportados de
diversos paises, era un ghetto relativamente privilegiado” (238). Según
informes recogidos por el C.I.C.R. este campo había sido creado a
título experimental por ciertos dirigentes del Reich que querían dar a
los judíos la posibilidad de vivir en común en una ciudad administrada
por ellos mismos y dotada de una autonomía interna casi completa... Los
delegados pudieron visitar ese campo el 6 de Abril de 1945, semanas
antes del fin de la guerra y doce días antes de su ocupación por los
Aliados, y confirmaron la impresión favorable obtenida en su primera
visita” (239).
El C.I.C.R. elogia, muy especialmente, la actitud humantaria del
régimen de la Rumania fascista de Antonescu, que permitió y dió toda
clase de facilidades al Comité para que socorriera a los 183.000
hebreos rumanos. Esta ayuda duró hasta la ocupación del país por las
tropas soviéticas, lo que significó el fin de la misma, pues “el
C.I.C.R no consiguió jamás mandar ni un sólo paquete de víveres, ni de
correspondencia, a la Unión Soviética ni a los paises controlados
militarmente o políticamente por ella (240). Es típico el caso de
Auschwitz. El C.I.C.R. recibió una correspondencia voluminosa procedente
de ese campo hasta la llegada de los soviéticos; entonces la
correspondencia cesó de llegar. Una parte de los detenidos fué evacuada
hacia el Oeste, a la zona ocupada por americanos e ingleses,
instalándose en Oranienburg y Buchen wald, y el C.I.C.R. pudo continuar
haciéndoles llegar víveres y medicamentos no así a los que quedaron en
Auschwitz, con los que se perdió todo contacto.
Es curioso, por otra parte, que si los detenidos podían mandar, a
través del C.I.C.R., una voluminosa correspondencia, y más
concretamente desde el fa~ moso “campo de la muerte” de Auschwitz, no
se filtrara, en la misma, ningún indicio acerca de los supuestos
asesinatos masivos alli cometidos. Evidentemente en Auschwitz, como en
todas partes, existía una rígida censura de correspondencia con sus
propios co-nacionales, y a mayor razón con los internados políticos o
por razones administrativas. Pero choca con el sentido común más
elemental que ni una sóla de las misivas escritas desde Auschwitz
consiguiera, por medios indirectos, comunicar a los Aliados la supuesta
realidad de las masacres y de las cámaras de gas. Y raya en la
imposibilidad pura y simple que los delçgados de la Cruz Roja que se
pasearon por los campos de concentración alemanes durante el curso de
la guerra, no se apercibieron de nada. Podrá argüirse qúe si se
apercibieron pero guardaron silencio para no agravar aún más la suerte
de los internados. Pero este argumento no es válido, por cuanto el
Rapport del Comité Internacional de la Cruz Roja fué publicado en
Ginebra, tres años después del fin de la guerra. Es más, teniendo en
cuenta el clima político imperante en aquellas fechas, hubiera sido más
popular para el C.I.C.R. afIrmar que había comprobado la existencia de
cámaras de gas que guardar silencio sobre el tema. Y cuando fueron
requeridos, los delegados del C.IC.R., a que se pronunciaran al
respecto, manifestaron que les era imposible no oponerse a la
irresponsable campaña con la que se pretendía acusar de genocidio al
régimen nazi.
Uno de los aspectos más importantes del Rapport a que nos estamos
refiriendo es que viene mucha luz sobre los motivos del aumento de los
decesos en los campos de concentración hacia el final de la guerra. Por
ejemplo, se afirma que “. . . en las condiciones caóticas en que se
debatia Alemania hacia el final de la guerra, los tremendos bombardeos
aéreos arruinaron no sólo la economía sino los transportes en el ámbito
del III Reich. Los víveres no llegaron a los campos de concentración y
hubo cada vez mas .detenidos que perecían de inanición” (241). Alarmado
por tal situación, el Gobierno Alemán informó de ello a la Cruz Roja,
en Febrero de 1945. A principios de Marzo de 1945, Kaltenbrunner se
entrevistó con el Presidente del C.I.C.R. De resultas de tal
entrevista, la Cruz Roja se encargó, a través de sus propios delegados,
de tal distribución de los paquetes de víveres en los campos y un
delegado del C.I.C.R. fué autorizado a permanecer en cada campo. Dicho
delegado tenía plena libertad tic movimientos (242). Es decir, que en
los dos últimos meses de la conflagración, cuando, según los apóstoles
de la literatura concentracionaria, los alemanes llevaban a cabo, con
toda su intensidad, su política de ge. nocidio, había un delegado de la
Cruz Roja en cada campo. Y ninguno de tales delegados se dió cuenta de
nada. Ninguno vió una cámara de gas. Ninguno vio un crematorio que no
se utilizara para incinerar cadáveres de apestados o de tíficos.
Ninguno tuvo la curiosidad para escuchar los rumores sobre el
gaseamientos o cremaciones colectivas de seres vivos. Todos estaban
distraídos ¿Tódos? ¿Es esto admisible?
Pero aún hay más. El C.I.C.R. protestó, el 15 de Márzo de 1944 contra
“la bárbara guerra aérea de los Aliados” (243). Esta protesta se hizo
oficialmente en el interés de los prisioneros de guerra y de los
internados administrativos (es decir, en su gran mayoría judíos). El 2
de Octubre de 1944 el C.I.C.R. formuló una nueva protestas al “Foreign
Office”, advirtiendo del inminente hundimiento del sistema de
comunicación alemán y afirmando que traería como consecuencia
inevitable el hambre para todos los que se encontraban entonces en
Alemania, prisioneros incluidos (244).
En lo que concierne a la tasa de mortalidad en los campos, el Rapport
precisa que se utilizaron los servicios de la mayor parte de los
médicos judíos internados para luchar contra el tifus en el frente del
Este, pero muchos médicos israelitas, estuvieron en los campos luchando
contra las epidemias de tifus cuando éstas llegaron a su punto álgido
en 1945 (245).
Por lo que se refiere a la alegación de que los alemanes habían
camuflado las cámaras de gas en salas de duchas, el Rapport del comité
lo desmiente tácitamente al declarar:
“Los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja visitaron no
solamente los lavabos, sino las instalaciones de baños, las duchas y
los talleres de lavado de ropas. Debieron intervenir a menudo para
hacer reparar algunas instalaciones o para lograr mejoras”.(246)
Esto nos parece definitivo. Los delegados del C.I.C.R. visitaron los
célebres baftos-ducha, y si debieron intervenir para repararlos o
lograr mejoras, es porque los vieron en acción. Admitamos que a algún o
algunos delegados lograran engañarles los alemanes, haciendoles “ver”
que las “cámaras de gas” eran baños—ducha. Concedido. Pero, ¿a todos
los delegados a la vez, y en todos los campos?. Precisamente el examen
de este voluminoso Rapport en tres volumenes, con un total de 1.630
páginas de documentos oficiales demuestra que los delegados del
C.I.C.R. no encontraron ningúna prueba, en los campos de concentración
de Alemania y de los países ocupados o bajo su área de in. fluencia, de
una política oficial, extra—oficial y deliberada de exterminio de los
judíos. En ninguna de las 1.630 páginas se habla de cámaras de gas, ni
de otros crematorios que los convencionales, destinados a incinerar
cadáveres. El Rapport reconoce que los judíos, como muchos otros
pueblos en el curso de la guerra, sufrieron privaciones y que la vióa
en los campos de concentración, sobre todo en los últimos meses, fué
penosa, pero el silencio total sobre una política deliberada de
exterminio, refuta, por si sólo, la fábula de los Seis Millones.
El Volumen III del Rapport trata extensamente de la ayuda “prestada a
los judíos de la población libre” (247). Se demuestra sin resquicio
alguno a la duda razonable que no todos los judíos fueron internados en
campos de concentración, sino que muchos miles de ellos, en ciertas
zonas, permanecieron mezcladas con la población civil, aún cuando
estuvieron sometidos a determinadas restricciones.
En Eslovaquia, por ejemplo, estuvieron casi todos libres, en un regimen
parecido al de la “libertad vigilada”. En ese país actuaba el adjunto
de Eichmann, Dieter Wisliceny (248), y los judíos que fueron enviados a
campos de concentración sólo fueron los participantes en acciones de
sabotaje y los afiliados a los partidos marxistas. Esta situación se
prolongó hasta Agosto de 1944, en que se produjo un conato de
sublevación contra el regimen del Padre Tisso, aliado de Alemania; en
esa sublevación los judíos eslovacos tomaron parte casi en masa y
entonces, salvo raras excepciones, los judíos fueron internados en
campos de concentración (249).
Entre los tres millones o tres millones doscentos mil judíos que, según
demostrado en el epígrafe “LOS DERECHOS DE LA ARITMETICA” se hallaban
en Europa, en el curso de la guerra, en territorio controlado por
Alemania, hubo no sólo muchos que no fueron internados y otros muchos
que tomaron parte en los movimientos de partisanos, sino que además una
parte de ellos pudo emigrar en el curso de la contienda, generalmente
yía Hungría, Rumania y Bulgaria, hacia Turquía Europea. Esta emigración
a partir de los territorios ocupados por los alemanes fué facilitada
igualmente por el Reich. Es curioso el cáso de los judíos polacos que
llegaron a Francia antes de la ocupación de este país. “Los judíos de
Polonia que, hallándose en Francia, habían obtenido varias visados de
entrada en los Estados Unidos, fueron considerados ciudadanos
americanos por las autoridades alemanas de ocupación, que aceptaron
ulteriormente reconocer la validez de unos tres mil pasaportes
entregados a judíos por determinados consulados de países de América
Latina” (250): Como futuros ciudadanos americanos, estos judíos fueron
internados en el campo de Vittel reservado a ciudadanos americanos cuya
presencia se consideraba “non grata” en la Francia Ocupada. Muchos de
estos ciudadanos americanos eran, también, de origen racial judío.
La emigración de los judíos europeos a partir de Hungría, en especial,
continuó en el curso de la guerra, sintrabas por parte de las
autoridades alemanas. “Hasta Marzo de 1944, los judíos que tenían el
privilegio de haber obtenido visados ingleses para ir a Palestina
fueron autorizados a abandonar Hungría, en dirección a Estambul” (251).
Incluso después de la caída del régimen de Horthy y su substitución por
el de Szallasi la emigración de los judíos continuó. El C.I.C.R.
recibió un mensaje personal del Presidente Roosevelt en el que se
especificaba: “El Gobierno de los Estados Unidos reitera expresamente
que hará todo lo necesario para ocuparse de todos los judíos que están
siendo autorizados a partir enlas actuales circunstancias” (252).
Un hecho que ilustra claramente la profundidad del lavado de cerebro
colectivo a que se ha llegado en nuestra triste época es que un
documento de especialistas, como el Rapport de la Cruz Roja, sea
prácticamente ignorado por el gran público, mientras la lacrimógena
impostura del Mito de Anna Frank haya alcanzado alguna notoriedad
mundial y hasta haya sido impuesto como libro de texto obligatorio en
varios “lander” de la muy democrática República Federal Alemana.
(233) Rapport del C.I.C.R.. — Volúmen III, p.78.
(234) Ibid. Id. Op. Cit. Volumen III, p. 80.
(235) Ibid. Id. Op. Cit. Vol III, pág. 83.
(236) Ibid. Id. Op. Cit. Vol 1, pág. 644.
(239) Ibid. Id. Op. Cit. Vol 1 pag, 642.
(240) Ibid. Id, Op. Cit. Vol 1, pag, 62.
(241) Ibid. Id. Op. Cit. Vol. III, pag. 83.
(242) Ibid. Id. Op. Cit. Vol. III, pag. 83—84.
(243) Inter Arma Caritas, pág. 88.
(244) Inter Arma Caritas, pág. 79.
(245) “Rapport del C.I.C.R”. Vol. I. Pág. 204.
(246) Ibid. Id. Op. Cit. Vol. III; p. 594.
(247) Rapport del C.I.C.R. Vol I, cap. 3—1.
(248) Capturado por los comunistas checos fue “interrogado” en la
prisión de Bratislava, donde, en Noviembre de 1946 firmó unas
“confesiones” al estilo soviético, incriminandose a si mismo y a
numerosos jerarcas nazis. Estas confesiones están, insólitamente,
escritas en inglés y hablan de que la ocupación de Polonia incrementó
en tres millones la cifra de judíos bajo control nazi —tesis comunista
tiempo ha refutada— lo que da un indicio clarísimo de la identidad de
los autores de su “confesión” (N.del A.)
(249) Rapport del C.I.C.R. Vol. 1, pág. 646.
(250) Rapport del C.I.C.R. VoL 1, pág. 645.
(251) Ibid. Id. Op. Cit. Vol. 1, pág 648.
(252) Ibid. Id. Op. Cit. Vol 1, pág. 649.
CONCLUSION
Creemos haber demostrado, en las páginas precedentes, los siguientes puntos:
1) Los Nazis querían que los judíos emigraran; de Alemania, primero. De
toda Europa después. Pero no querian liquidarlos físicamente. De
haberlo querido, más de quinientos mil judíos no estarían actualmente
en Israel cobrando indemnizaciones de Alemania Federal. Si algo les
sobró a los Nazis para exterminar a los judíos fué tiempo. Seis años
desde que empezó la guerra y doce desde que tomaron el poder, muy
democráticamente por cierto.
2) Es un hecho histórico que los Nazis intentaron solucionar el
problema judío a base de facilitar su emigración ordenada a otros
paises. Las grandes “democracias”, que mantenían inexplorados y vacíos
inmensos territorios no dieron ciertamente facilidades. El poderoso
movimiento sionista no presionó tampoco para activar una emigración
ordenada, tal como deseaba Hitler. A tal movimiento político incluso le
convenía que algunos cientos de miles de correlegionarios suyos pasaran
penalidades en Europa. Penalidades que luego se cobrarían al ciento por
uno, política o económicamente, y ayudarían a mantener la cohesión del
Judaísmo. Hitler ofreció una solución del problema judío en el discurso
ante el Reichstag el 6 de Octubre de 1939, después de la campaña de
Polonia. A parte de proponer la paz, el punto 3º de su discurso vetsó
sobre “Un intento de ordenar y solucionar el problema judío”. Su propuesta no halló el menor eco en los gobiernos de las democracias
occidentales.
3) Ni un sólo judío fué gaseado en Alemania y Austria, y cada vez hay
más pruebas de que tampoco ocurrió en Auschwitz. Está demostrado que
las pretendidas pruebas presentadas sobre los supuestos gaseamientos en
Auschwitz son burdas mentiras, culminadas con el milagro atribuido a
los Nazis, capaces de dinamitar las cámaras de gas, para hacer
desaparecer las huellas de su crimen, sin que los crematorios, que se
hallaban en el piso de encima, según las autoridades polacas, sufrieran
daño alguno.
Hubo ciertamente crematorios para incinerar a los que habían muerto por
diversas causas, incluyendo los genocidas raids aéreos de la aviación
Aliada.
4) La mayor parte de los judíos que perecieron en pogroms lo fué a
manos de las poblaciones civiles antes de la llegada de la Wehrmacht,
la cual estaba interesada en el “manpower” que podían representar los
judíos en la industria y la agricultura.
5) La mayor parte de los judíos que perecieron a manos de los alemanes
eran elementos subversivos, espías o partisanos. En muchas ocasiones,
también, los judíos eran víctimas de las represalias contra las
actividades dé los citados partisanos. Las ejecuciones de rehenes, con
todo lo lamentables que puedan ser, están previstas en todos los
códigos militares del mundo, y su justificación radica en la existencia
de los propios partisanos. Son éstos los que rompen la barrera entre
combatientes y no—combatientes al no llevar uniforme y refugiarse en el
anonimato de la población civil. Lo que pueda sucederle a éste será
responsabilidad de los partisanos, que actúan fuera de las leyes de la
guerra, y no del ejército regular.
También perecieron muchos judíos, en los campos de concentración,
ejecutados por actos de sabotaje (298). La ejecución de saboteadores en
tiempo de guerra está igualmente prevista en los códigos militares, y
no sólo en el alemán.
6) Si fuera cierto que los Nazis ejecutaron, de hecho, a Seis
Millones de judíos, el Judaísmo solicitaría subsidios y más subsidios
para fomentar las investigaciones sobr el Genocidio, e Israel pondría
sus archivos a disposición de los historiadores. Ni el Judaísmo ni el
estado de Israel lo han hecho así. Muy al contrario, a todo aquel que
ha intentado estudiar el problema seriamente lo han boycoteado, moral o
materialmente. Esto constituye, a nuestro juicio, una prueba moral de
que la cifra de los Seis Millónes es una estafa.
7) No hay ni una sóla prueba material del Genocidio. Hemos demostrado
que la cifra de Seis Millones de gaseados es demográfica y
materialmente imposible, así como técnicamente irrealizable. El modus
operandi descríto por los autores del Mito es farragoso, innecesaria y
ridículamente complicado y de un costoso prohibitivo en tiempo de
guerra.
Los testimonio aducidos (Hoettl, Hoess, Eichmann, Gerstein) son
inválidos: a) por haber sido, según es público y notorio, obtenidos
bajo coacción. b) por no haber sido posible someterlos a
contrainterrogatorio de la defensa, lo cual los descalifica
automáticamente.
8) Son los acusadores los que tienen la obligación de presentar la
prueba de que los Nazis gasearon a Seis Millones de judíos, y no los
acusados Nazis. El fardo de la prueba recae, en todos los países
civilizados, en el acusador, y no en el acusado. Demostrar una
verdadera culpabilidad es mucho más fácil que demostrar una verdadera
inocencia. ¿Cómo va a poder demostrar, el hombre más honrado del mundo,
que nunca robó nada a nadie? Es el acusador quien tiene que demostrar
sus cargos. Por tal motivo, los juicios contra antiguos SS, guardianes
de campos de concentración, a los que se declara a priori miembros de
organizaciones criminales y deben demostrar su inocencia sobre hechos
que se suponen acaecidos hace treinta y cinco años, no son más que
linchamientos legales.
9) Lademostración obvia de que la cifra de Seis Millones no tiene
ningún fundamento nos la da el hecho de que los propios historiadores,
escritores, publicistas y políticos judíos, sionista o no, presentan
discrepancias verdaderamente ridículas en sus cálculos. Tras hacer
firmar al desgraciado Gerstein (suponiendo que existiera) que los Nazis
asesinaron a 45 millones de judíos, y luego, dos meses más tarde,
reducir la cifra a 25 millones, para dejarla en “20 millones y pico”
(sic) se descendió gradualmente a once millones, luego a ocho millones
y finalmente se estabilizó la cuenta en la cifra de Seis Millones. Esta
cifra perduró casi veinticinco años, en realidad aún perdura, pero
coexiste con nuevas cifras. Por ejemplo, el Fiscal del Proceso Eichmann
citó la cifra de 5.700.000, pero el Juez en sus conclusiones rehusó
complicarse la vida con cifras y habló de “varios millones de inocentes
judios”. (299) William Shirer el buda de los historiadores judíos,
asegura que los Nazis asesinaron a cuatro millones de judíos (300).
Josef G. Burg deja la cifra en 3.323.000 y aún se cubre con la frase de
que “a tal cifra se llega tomando como ciertas las cifras de los más
desenfrenados cultivadores de esa Mentira” (el supuesto Genocidio). El
Padre Daniel Rufeisen corrige ligeramente las cifras de Burg y cifra el
número total de judíos muertos en el transcurso de la contienda —por
todos conceptos, incluyendo las causas naturales— en unos tres
millones, como máximo. Aldo Dami —medio judío y casado con una judía—
da la cifra de medio millón, también como máximo. Y el doctor
Listojewski, un judío californiano, tras estudiar durante dos años el
problema, afirma que el número máximo de judíos que perecieron durante
el periodo hitleriano osciló entre 350.000 y 500.000 y remacha “Si
nosotros, los judios, aseveramos que fueron Seis Millones, es una gran
mentira (301). Finalmente, el judío americano, Doctor Freedman, como ya
hemos visto, cree que la cifra de bajas judías no excedió de las
300.000 mientras niega en redondo la Mitología del Holocausto.
10) El mutismo de la Cruz Roja Internacional y del Estado Vaticano como
institución, tanto durante la guerra como al final de la misma, sobre
el plan genocida oficial u oficioso ideado y puesto en práctica por los
Nazis para exterminar a los judíos, demuestra que tal plan no existió.
11) En número aproximado de bajas sufridas realmente por los judíos se
sitúa, en nuestra opinión, entre 250.000 y 400.000. Esas cifras
representan, para nosotros, el mínimo y el máximo. La razón de tan
importante diferencia estriba en la absoluta falta de credibilidad de
los testimonios emanados de fuentes rusas o polacas, y también del
hecho de que a veces los judíos son catalogados como tales en las
estadísticas, y a veces como rusos, polacos, etc,. No obstante, y
remitiéndonos a lo que manifestamos en el epígrafe “¿CUANTOS MURIERON
EN REALIDAD?” creemos que la cifra debe situarse alrededor de los
300.000. Damos por supuesto que un tercio de las personas muertas en
campos de concentración eran judías (no debemos olvidar que los
prisioneros de guerra rusos se contaban por millones), y si, según la
Cruz Roja Internacioñal murieron en los campo de concentración unas
395.000 personas podemos desglosar las bajas de la siguiente manera, en
lo que concierne a los judíos: unos 130.000 en los campos de
concentración, a causa de infecciones, mala alimentación al final de la
guerra, causas naturales, bombardeos aéreos, y, eventualmente, malos
tratos de algunos guardianes, entodo caso, individuales y a espaldas
del mando. Debe, además, insistirse en que las condiciones de vida de
los internados empeoraron cuando los alemanes entregaron la
administración interna de los campos a los “kapos”, es decir a los
propios internados. Unos noventa mil en acciones bélicas a manos de los
“Einsatzgruppen” (esta cifra es la máxima que se ha admitido por los
propios judíos que pretenden ser historiadores). Y podemos cifrar el
resto de los muertos judíos (a causa de su participación en los
movimientos de resistencia occidentales; en el alzamiento armado del
ghetto de Varsovia, de los bombarderos aéreos Aliados, por actos de
sabotaje, subversión y espionaje y por causas naturales) en una cifra
intermedia entre 50.000 y 100.000 personas. Es decir, en total, más o
menos las que murieron en una noche en el bombardeo terrorista de la
ciudad—hospital de Dresde, perpetrado por la aviación aliada, drama del
que nunca se ocupan nuestros grandes medios de “información”.
12) La finalidad del Fraude tiene una doble vertiente: por un lado, impedir una auténtica unidad del bloque Occidental. Por otro, obtener fondos, mediante la operación de chantaje y difamación más monstruosa del toda la historia del mundo, para el estado de Israel.
(298) Los propios judíos se han enorgullecido de su labor de sabotaje.
Por ejemplo, en el campo de Dora, donde se fabricaban las V—2, los
judíos sabotearon su puesta a punto, de manera que un buen porcentaje
de las mimas quedaron inutilizadas. En Sachsenhausen la dirección del
campo debió solicitar, la ayuda de la Gestapo ante la magnitud de los
sabotajes en la fabricación de motores Heinkel. (“Impossible Oubli”,
Paris, 1970).
(299) En toda la Historia del Derecho, esta fué la primera vez que un
acusado fué declarado culpable de un número indeterminado de crímenes.
Incluso en los procesos contra las “brujas” en la Baja Edad Media se
debía especificar, obligatoriamente, cantidad y calidad de los delitos
imputados. Normalmente, el Juez del Proceso de Jerusalén debiera haber
sido revocado, y el juicio anulado y repetido con otro juez, que se
ajustara a derecho (N. del A.)
(300) William Shirer: “Rise and Fail of the III Reich”.
(301) Publicado en la Revista “The Broom”, de San Diego, California,el 11 de mayo de 1952.
Imagen del Rapport donde se menciona las victimas Judias en los Campos de Concentracción.





















Excelente
Amigo mio, ud siempre hacha en mano dandole a las neuronas que van quedando por estos lares.
Le agradezco su post ya que hace tiempo que no volvia a ver esta informacion, uno lee y deja las moralejas... pero es bueno recordar los detalles.
Recuerdo variados libros donde se citan estos datos TOTALMENTE IMPARCIALES DE UNA ORGANIZACION INTERNACIONAL SIN FINES POLITICOS ......
Un dato interesante para analizar los hechos, de analisis se llegan a conclusiones....
No dando por mentira todo aquello que no nos favorece a nuestra ideas, como mucho suelen hacerlo... faltando a un espiritu de pensamiento critico en mira del aprendizaje.
Gracias por este refrezcante nectar a mi memoria femenina poco adepta a lo politico... jajajajjajaja.
Y no esperes altura de miras de tus pequeños criticos opinologos.... tu sabes que TODO lo que digas esta mal, porque lo dices tu.... y eres "nazi" tonces los nazis son malos comen niños y se bañan con grasa de judio, por ende... no eres fuente confiable jajajajjajaja.
Asi piensa la gente que le va quedando una que otra cosita en su cerebro que intenta conectarse con otra cosita que tiene tintes... de ser neurona...
Cariños!!!
Salud a UD!!!!