La corrupción de los gobernantes, las "salvadoras" recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) para salir de la pobreza, la apertura de los mercados sin control, por mencionar sólo algunas, son las responsables directas de este "genocidio". Corrupción es sinónimo de pobreza, y si no lo cree, tómese el tiempo para verificar que los países con mayor índice de corrupción son los menos desarrollados y los que tienen el mayor porcentaje de la población viviendo por debajo de la línea de la pobreza (es decir, no pueden cubrir sus necesidades básicas de alimento y vivienda). Por eso, la próxima vez que perciba que alguien, como quiera llamarlo (empleado público, político o gobernante), se está apoderando de lo que no le pertenece, no lo deje pasar por alto. Luchar contra la corrupción es difícil, pero no imposible. Eso sí, requiere de la contribución de todos los sectores de la sociedad.
La brecha entre los ricos y los pobres ha existido desde el inicio de la sociedad, tanto en Latinoamérica como cualquier región del mundo, pero hasta el momento, la existencia de la "clase media" -aquellos que no son ni tan ricos ni tan pobres- había servido de colchón para amortiguar las diferencias o, al menos, hacerlas menos "evidentes". Hoy, la diferencia entre los ricos y los pobres se hace más notoria y, lo que es peor aún, no hay ningún indicio de que la "desaparición" de la clase media sea reversible. Todo lo contrario, la creación de una nueva masa de gente denominada "los nuevos pobres" parece haber llegado para quedarse. Aunque el término "clase media" es muy difícil de definir, los economistas se han encargado de diseñar modelos de clasificación para ayudarnos a "colocar" a cada uno de los latinoamericanos en el escalafón económico social que le corresponde. Por ejemplo, en Argentina, si una familia de cuatro integrantes recibe en promedio 704 pesos argentinos (unos US $ 243) en forma de ingresos mensuales, entonces será capaz de afirmar con propiedad (según los que hacen estadísticas) que "no son pobres" pues al menos podrá cubrir las necesidades alimenticias y de servicios básicos- y que por ende, forman parte de la clase media.
Lo mismo ocurre en Perú, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Chile o donde quiera usted investigar, los ingresos determinan quien pertenece a la clase alta, media superior, media baja, baja o muy baja; sin importar lo que usted opine al respecto. Sin embargo, más allá de los cálculos que puedan hacer los economistas, la gente común, tiene su propia definición. Si le pregunta a cualquier latinoamericano qué es la clase media, sin duda le contestará que es la que engloba a aquellos que no son ni tan ricos como para vivir en la opulencia, ni tan pobres como para tener que recurrir a un comedor público para saciar sus necesidades alimenticias.
Ni tan ricos ni tan pobres.
Bajo esa percepción, la mayoría de los latinoamericanos se ubicaba a sí mismo dentro de las filas de la clase media (con la salvedad de países como Bolivia o Perú, donde siempre existieron extremos muy marcados). O al menos eso sucedía antes de que se desatara la reciente crisis económica que llegó a ser la peor en la historia en países como Uruguay o Argentina, dónde la clase media siempre ha significado un importante porcentaje del total de la población. Dentro de la clase media encontrábamos tanto a los intelectuales, los profesores universitarios, los que tenían casa propia y los que no tenían pero podían alquilar, los taxistas, los pequeños comerciantes, los asalariados; en fin, un sin número de personas que compartían un denominador común: no ser ni tan ricos ni tan pobres. Sin embargo, hoy la historia es otra. La mayoría de los que se consideraban clase media hace un par de años, ahora forman parte de una nueva masa de gente: "los nuevos pobres". ¿Quienes son ellos? El sociólogo argentino, Alberto Minujín, lo define perfectamente: "Los nuevos pobres son aquellas personas que nunca antes fueron pobres, que poseen características educacionales, sociales o culturales propias de la clase media y que al caer sus ingresos no pueden seguir accediendo a los bienes y servicios a los que estaban acostumbrados: vivienda, salud, educación, cultura".
Para que tenga una idea de la velocidad de extinción de la clase media en Latinoamérica, préstele atención a este ejemplo. A mediados de los años 70 en Argentina, cuando la distribución de la riqueza alcanzó el máximo nivel de equidad en el país, el 70% de los consultados en encuestas afirmaban pertenecer a la clase media. La historia se repite en otros países de Latinoamérica. En Uruguay, la clase media uruguaya rondaba el 65% de la población en la década de los 80, hoy en día, sólo el 45% de la población se considera clase media. Los "nuevos pobres" incrementaron el número de los ya pobres, del 9,4% en 1999 al 15,5% en 2002. Aunque las cifras son del Cono Sur, donde la clase media siempre ha significado un porcentaje alto del total de la población, es importante tener en mente ejemplos más críticos, como en Bolivia o Perú, donde la clase media comenzó a extinguirse casi desde la época de la conquista o, simplemente, nunca ha existido.
Los "nuevos pobres"
A esta altura se estará preguntando qué fue lo que pasó para que surgieran los "nuevos pobres". No tiene que ir muy lejos para darse cuenta, basta con darle una ojeada a lo que hicieron nuestros gobiernos un par de décadas atrás.
Los gobiernos populistas de la década de los 50 (Argentina, Brasil, México, Perú y Chile) se encargaron de disfrazar la pobreza del pueblo ayudados por el gasto público. Ese fue el primer golpe a la clase media latinoamericana, aunque muchos no se dieron cuenta hasta la década de los 80, cuando la emisión monetaria desenfrenada desató hiperinflación y un buen número de personas pasaron de la noche a la mañana, de tener a no tener nada.
La bonanza de los principios de los noventa sirvió para lograr más acceso al crédito y que muchos pasaran a engrosar nuevamente las filas de la clase media. Sin embargo, la alegría duró poco y con la aplicación de las famosas "reformas estructurales" recomendadas por el FMI (que implicaba menor gasto público, es decir, gastar menos en educación, salud, en fin, en el pueblo), la situación empeoró golpeando más que nada a la clase media. Otra vez, los que ni tenían mucho ni tenían poco, despertaron un buen día sin nada. El último golpe de gracia, lo recibieron en Argentina y Uruguay, con las recientes devaluaciones de sus monedas, donde el desempleo, la inflación y el descalabro macroeconómico se encargaron de borrar lo que quedaba de la clase media. Pero ahí no se terminan los ejemplos. En Venezuela, una "revolución" dirigida por Hugo Chávez ha dejado pobre a la clase media y más pobre a los pobres, mientras que en Colombia, la guerrilla obligó a la clase media a pagar el precio del secuestro y a buscar refugio en otros territorios.
Más de 220 millones de personas en Latinoamérica no pueden cubrir sus necesidades básicas es decir, necesidades de alimentos, salud, vivienda, cifra que se traduce en el 43,4% del total de la población, mientras que los indigentes ascienden al 18,8%, unos 95 millones de personas.Lo peor de todo es que la probabilidad de que la situación cambie en el corto plazo es muy reducida, aunque algunos conocidos organismos internacionales insistan en todo lo contrario. Por ahora, es más probable que la "clase media" sea exhibida en un museo o colocada en la lista de especies en "vía de extinción" que a algún gobierno se le ocurra una salvadora receta económica que le devuelva a la clase media lo que las malas administraciones y gobiernos, organismos internacionales, corruptos o como quiera denominarlos les han quitado.Las definiciones coloquiales de la clase media atienden a varios criterios:
una relativa prosperidad económica, dentro del espectro normal en la sociedad de referencia; sin embargo —y al igual que en la definición del concepto estrechamente relacionado de pobreza—, existe una fluctuación entre la aplicación de categorías absolutas —la superación de un determinado umbral de consumo, o la posesión de un determinado bagaje de equipamiento doméstico— y relativas —la posición relativa dentro del conjunto de la sociedad. Esto se debe a la fuerte desigualdad presente entre sociedades; el nivel de consumo considerado de clase media en los países de Europa Occidental o Japón supera con creces el de las clases superiores en algunos países del Tercer Mundo, lo que induce a tomar partido por definiciones relativas; pero, a su vez, ignorar los desplazamientos globales del nivel de consumo de la sociedad impediría analizar, como se ha hecho en el caso de declives generalizados o estratificados de los ingresos, de "desaparición de la clase media"
Un cierto grado de prestigio profesional y educacional, asociado sobre todo a las profesiones liberales y a otras que requieran educación superior, en especial cuando se ejercen en relación de dependencia —los profesionales liberales sensu estricto se consideran normalmente parte de la clase alta—, así como a los escalafones superiores de las jerarquías administrativas, tanto en el sector privado como público. Son características de la concepción coloquial de la clase media la estabilidad laboral y la ausencia de esfuerzo físico o manual en la actividad. una posición política y social liberal a conservadora, pero siempre moderada, reflejada en un interés en la respetabilidad y la formalidad, y la valoración de la educación y el esfuerzo como pilar de la movilidad social. El grado de efectiva afiliación política y religiosa varía marcadamente según las estructuras sociales específicas de cada país, mostrándose un cierto sesgo hacia la izquierda política y una concepción progresista de las relaciones familiares en países con predominio de la clase media profesional, y una orientación opuesta en los países donde predominan los pequeños comerciantes e industriales.
Si el gobierno militar estrangulo a la clase media. Los 17 años de gobierno del arco iris, esta dejando a la clase media transformada en pobres y a los pobres los tiene al borde de la marginalidad, en el desecho de la sociedad actual, la cual esta clase esta buscando por todos los medios ser escuchadas, siendo esta cualquier medio de participación y protesta, lo sucedido el jueves es una vos de alerta importante para nuestras autoridades y clases políticas y el gobierno debe mostrar su verdadera preocupación de esta dos clases sociales, son quienes llegado el momento tienen el poder de elegir a sus autoridades, que representen sus problemas, angustias y interpreten su malestar antes tanta desigualdad social.
Pablo Ramírez Torrejón



















Carencia de apoyo a las ideas y al emprendimiento
Hoy en parte de nuestra clase media observo un fenómeno interesante, el deseo de emprender. Sin embargo los instrumentos no funcionan o los montos que se asignan a través de entidades son demasiado bajos.
Hay algunos de la Corfo que sobn un chiste. Un joven emprender que tiene hoy una brillante idea, después de esprar tres semanas para que le dieran audiencia, salñió cabizbajo. Le exigían el historial de su empresa, Ivas y todo. El precisamente no tenía historia. Estaba empezando.Esto a modo se intenrar entender cómo nacen la ferustraciones de la clase media chilena. Los cuellos de botellas que impiden que los recursos lleguen a dónde tienen que llegar. Buen post, Pablo.