LA QUIEBRA MUNDIAL NO TIENE CULPABLES; Cuando el crimen no paga
La crisis se profundiza y ningún salvataje alcanza. Haría falta diez veces
menos dinero para terminar con el hambre en el planeta. No hay ni habrá
ejectuvos presos. Jorge Lanata.
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Por J. Lanata
“Más grave que asaltar un banco es fundarlo.”
Bertolt Brecht, en La ópera de los tres centavos.
“Yo creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras
libertades que los ejércitos permanentes.”
Thomas Jefferson, presidente de los Estados Unidos.
“Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio
razonable, se enorgullece. Al 20% se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100%
arrasa todas las leyes humanas y al 300% no se detiene ante ningún crimen.”
Karl Marx.
“Yo tengo dos enemigos: el ejército sureño en el frente y los banqueros en la
retaguardia. De los dos, el de la retaguardia es mi gran enemigo. (…) Las
corporaciones han sido entronizadas, sobrevendrá una era de corrupción a altos
niveles. El poder del dinero en el país se esforzará por prolongar su reinado
trabajando en perjuicio del pueblo hasta que la riqueza sea concentrada en las
manos de unos pocos y la república será destruida.”
Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos.
“Amigos, vayamos al grano. El mayor robo en la historia de este país se está
llevando a cabo mientras usted lee esto.”
Michael Moore.
No es casual que los primeros banqueros de la historia, en el siglo XVII antes
de Cristo, hayan sido los sacerdotes: el dinero es una cuestión de fe. La
aparición de la moneda metálica trajo también a los cambistas, y fueron los
griegos quienes comenzaron a hacer préstamos con cobro de intereses. Los
romanos lo llamaron “mutuum”, nombre que saltó las barreras del tiempo y hoy se
mantiene: mutuo. El interés romano promedio era 6% al año, 12 para los
“préstamos marítimos” y 3% para las iglesias. El primer banco, en 1407, tiene
en su insignia a un santo en batalla contra un dragón: el Ufficio di San
Giorgio in Genoa.
Ahora Inglaterra nacionalizó la banca y Estados Unidos aplicará parcialmente
una respuesta similar. ¿Déjà vu socialista? ¿Marxismo súbito? Exactamente al
revés: apoyar a Wall Street es –como sintetizó Michael Moore en su página web–
darle las llaves del gallinero al lobo. Lo curioso del asunto es que Bush se
atragantó con 700.000 millones y “el mercado” pide más. Las bolsas siguen en
caída libre. La codicia que alimentó las hipotecas subprime e infló la burbuja
se mantiene ahora, cuando reparten los botes salvavidas: queremos un bote por
banquero. Sólo un bote, no. Lo queremos con radio y minibar.
Aquí un día los bancos robaron a las abuelitas y luego Escasany y tantos otros
se golpearon el pecho y finalmente recibieron dinero del Estado para compensar
a las abuelitas con su propia plata. Esto es: les robaron sus ahorros para
devolverles sus impuestos. Los bancos son como los tinteros involcables; a ese
punto representan una metáfora del sistema. No pueden caerse. Pueden
desmoronarse las fábricas textiles, las automotrices, las empresas
constructoras o de servicios, los comedores,
¿Qué pasaría si mañana, por ejemplo, todos los ahorristas del Banco de Galicia
acudieran a pedir su dinero? No podrían retirarlo. Es lógico –dicen los
economistas–, ningún banco tiene el total de sus depósitos, es dinero con el
que “trabajan”. Lo que depositamos en el banco es pura psicología: confianza.
Entregamos ahorro (trabajo) a cambio de un valor abstracto: confianza en el
señor Escasany a quien, afortunadamente, no conocemos. Las crisis financieras
son, entonces, como los terremotos: los gobiernos y los medios las tratan como
crisis naturales, malas jugadas del Destino, errores de
PRIMEROS MOVIMIENTOS SÍSMICOS INADVERTIDOS. A comienzos de los
ochenta
Las hipotecas se tomaban a tasa de interés variable y en junio de 2004
Finalmente, nadie tuvo la culpa de nada.
“La dinámica de las burbujas de mercado no es delito –le dijo Claudio Loser, ex
director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, a Crítica de
–“Los controles del Estado no intervinieron porque “casi” todo era legal –dice
Hernán Iglesias Illa, autor de Golden Boys, vivir en los mercados, un
retrato de jóvenes brokers argentinos que triunfaron en Wall Street–. Digo
“casi” todo porque hay casos de vendedores de hipotecas que mintieron sobre la
capacidad de pago de los que compraban. Y en los 90 el gobierno de Clinton,
queriendo fomentar los préstamos, relajó las reglas para las hipotecas de
Fannie y Freddie.”
“Las tasas eran bajísimas –recuerda Iglesias Illa–. Los bancos te prestaban el
100% del valor de la casa sin presentar ningún papel.”
–¿Cómo puede ser que los bancos tenían noticias de esta crisis desde 2007 y los
miembros del Tesoro no hayan tomado ninguna medida hasta 2008 con la caída de
Bear Sterns? –se pregunta ante este diario un ex banquero de Nueva York.
Un artículo de The Observer del 18 de marzo de 2007 da cuenta del
desinfle del boom inmobiliario: “Uno de cada ocho propietarios de los Estados
Unidos no ha podido pagar su cuota, con dolorosas consecuencias para los
bancos, entre ellos el HSBC”, dice. En agosto American Home Mortgage, que había
negociado 59.000 millones en crédito, anunció el despido del 90% de su personal
(7.400 personas) y declaró su quiebra dos días después. El 14 de septiembre el
Banco de Inglaterra salva al privado Northern Rock, porque los ahorristas
querían retirar en masa su dinero, y en octubre el UBS, el mayor banco suizo,
anunció una depreciación de activos de 2.400 millones de euros. Y luego la
debacle fue geométrica. Frente al Congreso, el plan inicial de Bush tenía tres
carillas. Finalmente la propuesta del Tesoro fue de 451 páginas, por 700.000
millones, e insuficiente.
“El fin de este plan de rescate –escribió Michael Moore– es proteger la
cantidad de riqueza obscena que se acumuló en el país en estos ocho años.”
Moore propuso que el Congreso acuse criminalmente a Wall Street, que 400
americanos ricos pongan en marcha planes de austeridad personal, que un directivo
de empresa no cobre 400 veces más que su empleado y que, si el gobierno les
presta dinero, se lo cobre con intereses.
UNA OBVIEDAD Y UNA PARADOJA. El mundo tiene 6.000 millones
de habitantes. Dos mil setecientos millones son pobres, 923 millones tienen hambre.
De esos 923 millones, 300 millones son niños y 18.000 mueren cada día.
–Lejos de descender, la cantidad de hambrientos en el mundo actualmente está
creciendo a un ritmo de cuatro millones por año –dice la presentación del
Informe Anual de
Reducir a la mitad la proporción de personas hambrientas para 2015 costaría
150.000 millones de dólares, la mitad de lo que le costó al gobierno de Bush
salvar de la quiebra a las compañías Fannie Mae y Freddie Mac y a la
aseguradora AIG.
Según la fundación española
Una nota firmada el jueves pasado por nuestro redactor Rodolfo Palacios da
cuenta de la paradoja: un pibe de 16 podría ser condenado hasta diez años de
prisión por robar golosinas en un maxikiosco de Villa Urquiza: dos cajas de
Tita, dos de Rhodesia, tres de Bon o Bon, una de alfajores Dulce Reina, tres
bolsas de caramelos Arcor, cinco paquetes de galletitas Sonrisas, cinco de
Merengadas, cinco de Mellizas y cinco de Diversión.
INVESTIGACIÓN: J L / LUCIANA GEUNA/JESICA BOSSI.







Creo que despeja algunas de mis dudas y confirma alguna de mis teorías.
Pienso que los trabajadores debieran tener AFP y bancos de dinero y de proyectos propios...
Las pérdidas que ya han tenido trabajadores en las bolsas son significativas, sobre todo en fondos de mayor riesgo.
A ellos nadie les devolverá su dinero y se les recomienda no juvilarse todavía. Si es joven aún se le dice, no te preocupes, ya recuperarás todo lo perdido porque el sistema se recupera, porque existen personas como tú que siguen pagando.
Pero, al sistema financiero se le puede rescatar con recursos inmensos que hasta antes de esta quiebra no se usaban en problemas como disminuir el hambre o mortandad por hambre.
Creo que esto sería muy diferente si los trabajadores pudieran tener sus propios bancos, ya que las empresas que se crearían tenderían a ser más de todos y el sistema, supuestamente así más eficiente.