Javier Sajuria

Ser católico hoy.

Qué difícil es comprender los alcances de la opción (o sello) que se imprime al ser católico en un mundo como el de hoy, en un espacio como nuestro país y en un contexto como nuestra sociedad actual. Si esperan que sea uno más de los múltiples guardianes de la moralina que rasga vestiduras ante la píldora del día después, esta columna no es para ustedes; si, por otro lado, quieren conocer una visión algo distinta, los invito a seguir leyendo.

Una de las cosas que más cuesta aceptar para cualquier observador neófito es que los católicos no pensamos todos igual, no participamos de la misma forma en la vida pública, no asistimos a las mismas misas, no tenemos los mismos carismas y, sobretodo, actuamos muchas veces de formas radicalmente opuestas. Pero ahí está la gracia de este “pueblo de Dios”, en ser un pueblo universal – significado en griego de la palabra católica – dispuesto a acoger a todos sus fieles por igual, desde donde vengan. Ser católico es muchas cosas, pero ninguna de ellas significa la pérdida del juicio o la crítica, es más, ser católico implica convertirse en un actor crítico activo de la sociedad que lo rodea. Esto es lo que parece que a muchos se le olvida.

La Iglesia – nuestra Madre Iglesia – hace ya bastantes años tomó una opción preferente. Su opción no fue por la búsqueda de una represión sexual, ni en contra de las relaciones prematrimoniales, ni en contra del divorcio, ni en contra los socialismos o doctrinas totalitarias, ni siquiera en contra del aborto (aunque a nadie le debe caber alguna duda acerca de la postura de nuestra Iglesia en este tema), sino que la opción preferente de la Iglesia son los pobres. Si, los pobres, los mismos que aparecen tan manoseados por los políticos, los mismos de los que hablamos de forma casi estadística, los mismos que no tienen rostro ni nombre y que nos referimos simplemente como “pobres”.

Comprender esto último es vital. Hoy en día contamos con quienes pretenden defender la familia a raja tabla – olvidando que el concepto de familia cambió hace ya varios años – oponiéndose a una ley de divorcio que es bastante más inocua que la falacia de la nulidad que teníamos antes. Estos mismos son los forman que “Bancadas por la Vida” y rasgan vestiduras ante la repartición de una píldora que, aunque es discutible la oportunidad de hacerlo, no representa uno de los grandes problemas de Chile (si no me creen pregúntenle a los alcaldes de comunas populares cuánta gente ha ido a pedir la famosa pastillita). Todas estas peleas que alimentan columnas, cartas al diario y minutos en la prensa se hace en defensa de un concepto bastante mal usado: los valores.

Entonces es imprescindible preguntarse acerca de qué es una cuestión de valores, cuáles son los problemas valóricos que enfrenta el país, donde estamos fallando en el ámbito valórico. ¿No es un problema de valores que hoy haya católicos dispuestos a pagarle sueldos de hambre a sus trabajadores?, ¿no es un problema de valores que haya católicos dispuestos a marchar por defender SU libertad pero no por mejorar la educación? Lo que para mi es un problema de valores es ver como todos los días hay miles de chilenos que viven con lo mínimo, que no tienen un lugar digno para vivir. Para mi un problema valórico es ver cómo hay mujeres que trabajan 10 u 11 horas diarias (sin contar los traumáticos traslados en el Transantiago) y apenas ven a sus hijos por tener que llevar algo de dinero. Eso, señores, es lo que está afectando a la familia, no la ley de divorcio ni la famosa píldora. Muchos de nosotros hemos ido a un mall o una farmacia a las 10 u 11 de la noche, ¿alguno se ha preguntado por la familia de la persona que nos atiende?, eso es un problema de valores.

Como sociedad hemos caído bajo el velo del individualismo, hemos olvidado la importancia de “lo social”, de la importancia de “lo colectivo”, de lo trascendental que es una sociedad civil robusta y madura. Pero lo peor es que muchos católicos son los que perpetúan constantemente este modelo injusto, yendo a misa diaria pero alimentando las desigualdades e injusticias del país al administrar empresas de forma déspota o al olvidarse del prójimo y sus necesidades. Es difícil ser católico hoy en día. Al menos es difícil serlo no sólo de palabra o apariencia.

Cuando veo esto me hace cada vez más sentido la imagen de una Iglesia Latinoamericana que se pierde constantemente el foco de preocupación, una Iglesia Latinoamericana que se aleja de los pobres y atiende cada vez más a las elites que pretenden monopolizar la voz de todos los creyentes. Cuando veo esto pienso en la urgencia de recuperar a ese Cristo humano, que se hace presente en nuestro tiempo para liberarnos de las distintas esclavitudes a las que nos hemos atado. Lamentablemente hemos visto como nuestros sacerdotes y pastores son obligados a callar constantemente su opinión sobre los grandes problemas sociales, mientras que sectores políticos hipócritas se arrogan la representación de toda la Iglesia.

¿Qué es ser católico hoy? Pues es tan simple como ser activos e incansables en la crítica y en la construcción de una sociedad basada en valores, sí, en valores tales como la justicia, dignidad, equidad y tantos otros que se nos olvidan cuando nos organizamos en torno a nuestra Fe. Ser católico hoy es sacar la voz y asumir la opción preferente que nuestra Iglesia nos encomienda, implica dejarlo todo y seguir a Cristo. San Alberto Hurtado – que se debe revolcar en su tumba al verse transformado en un elemento de marketing cercano al Che Guevara – en su Moral Social nos dio las bases para construir un Chile mejor, basado en cuestionarse constantemente nuestro rol como católicos, aportando al Bien Común desde nuestra realidad y desde nuestra Fe, con la mirada en aquellos donde se encuentra Cristo, en los pobres.













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Manuel
dijo :

creo que esto va más allá de ser simplemente católicos (yo no lo soy, por lo que no pienses que los defiendo), creo que es más cuestión de que hay menos creyentes en general, poco a poco nuestra sociedad se aleja de lo que representa a cristo (solidaridad, compromiso con los más pobres, etc.), y se acerca más a un mundo diseñado y gobernado por el dinero. Así lo siento, quien más tiene,bien por él, lo demás....son los demás.

saludos 


02/04/2007 a las 16:19
Amado de Mérici
dijo : Muy de acuerdo con lo que expones y con tu defensa del catolicismo. Yo siempre tiendo a defender más al catolicismo que a la iglesia, entre los que veo a veces grandes diferencias. A menudo mis opiniones me alejan de la iglesia, pero no creo que del pueblo de Dios ni de su causa, que hago la de los hombres viviendo, como dices, en "justicia, en libertad, dignidad y equidad". Agreguemos libertad y solidaridad.
Es bueno que la iglesia tenga a los pobres de la patria como pueblo de Dios. Lo son.
02/04/2007 a las 19:18
Homosonare
dijo :

lo que escribiste, me siento identificado. Yo soy católico, y es dificil serlo en la actualidad, frente a una gran estereotipación de la sociedd, que es ser opus o cartucho frente a todo. Creo que cada uno ve a Dios y a la Iglesia de la forma que quiere (o le conviene), pero tengo claro que una gran mayoría de la gente no ha perdido norte, no se ha quedado en el camino por ansias de poder y prestigio, sino que ha querido seguir a un Cristo que es vida, y que nos invita a entregarnos a los demás...

 

Saludos y paz!

03/10/2007 a las 21:51
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